Lunes, 12 Julio 2010

Miles de personas celebraron el Campeonato Mundial de Fútbol alrededor de la Cibeles. / Naranjo (Efe)
Nadie dijo: “Vamos a Cibeles”, pero todos salimos del bar y empezamos a caminar hacia allí por instinto. La diosa de las celebraciones deportivas nos apelaba. Y nadie quiso oponer resistencia al magnetismo del triunfo. Por primera vez en muchas de nuestras vidas, podíamos asociar la idea de España a la idea de victoria: imposible irse a la cama.
La multitud tomaba las calles. Y esta vez no habría guerra de cifras, porque no se trataba de una España que se imponía a la otra: era la victoria de todos. Había que dar salida al nerviosismo de 116 minutos, coger aire, salir del estupor, asegurarse de que no era un sueño, o mejor dicho, confirmar que el sueño se cumplía. Los cláxones de los coches sonaban atronadores, la riada humana gritaba, saltaba, bailaba. Y cuando coreaba “gracias a Iniesta nos vamos de fiesta”, sentíamos el pellizco que daba fe de que aquello era real.
Etiquetas: Cibeles, Iniesta, mundial, selección, sudafrica 2010, victoria
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