
Nací escritora pero con dificultades para parar quieta y entonces me metí a periodista. Era joven, necesitaba el trabajo y quería ver mundo. Eso lo conseguí. El diario catalán Avui me subvencionó el viaje de Barcelona a Madrid y sobre todo me dio la impagable oportunidad de conocer de cerca la política y de perderle casi totalmente el respeto. Luego salté a Nueva York, donde a día de soy corresponsal del diario ABC. En Nueva York me hice pueblerina del mundo. Descubrí que me encanta ser forastera y que el mejor periodismo –como la mejor literatura– es aquello que se escribe fuera de los márgenes convencionales del oficio. Doy por bien empleados mis veinte años de prensa escrita y de tertulias de radio y de televisión: todo ello me ha armado para ser el animal irónico que soy ahora y para sacar las garras –siempre con cariño, o casi– cuando escribo.
