Mi primera oportunidad surgió en los informativos de una radio. En las ondas, seguí a ministros, entrevisté a escritores, me puse delante de pancartas y fui testigo de atentados. Hasta que alguien puso sobre mi mesa una historia de las que merecía la pena “investigar”. Aceptar aquel envite me permitió descubrir que, además de contar, quería desnudar historias. Cambié el micrófono por el papel. Desde entonces escudriño en sumarios judiciales, olfateo en investigaciones policiales y trasteo en la vida de personas anónimas, a los que me gusta llamar héroes de la calle. Al fin y al cabo, como dijo Unamuno, ellos son quienes escriben la Historia.
