Manual de economía feminista: más allá del ‘homo economicus’

  • La “economía feminista” aboga por un nuevo paradigma de estudio de la realidad económica, crítico con el neoliberalismo y la invisibilización de los trabajos de cuidados y reproductivos
  • De media, las mujeres dedican casi el doble de horas al trabajo no remunerado que los hombres
  • La primera semana de mayo, más de 30 asociaciones madrileñas se organizaron en una de las naves de Matadero (Legazpi) para una feria de economía social y feminista: son la primera semilla de empresas de Madrid que, al calor de las reivindicaciones del movimiento feminista y el espíritu del 8 de marzo, brotan por toda España y defienden un nuevo modelo económico posible, más allá de los mercados y con la entidad de género en el foco. Una “economía feminista” que aboga por un nuevo paradigma de estudio de la realidad económica, crítico con el neoliberalismo y la invisibilización de los trabajos de cuidados y reproductivos, al tiempo que propone un modelo “radicalmente distinto” con la vida, la sostenibilidad medioambiental y la igualdad por encima de la producción y la acumulación indefinida de capital.

    En la economía actual, que parte del prisma androcéntrico y el “homo economicus” (hombre económico), sólo cuenta como parte de la esfera económica lo que pasa por los mercados y genera capital, invisibilizando y menospreciando una gran parte del proceso productivo: el que sucede en el hogar (reproducción, cuidados), que es mayoritariamente femenino y sin el cual el sistema no podría subsistir.

    “La economía feminista es una crítica a los dos grandes paradigmas económicos, tanto el liberal como el marxista, porque ambos se olvidan de cuantificar el trabajo que se dedica a mantener la vida, el trabajo reproductivo: desplazan la vida fuera del mercado y desplazan e invisibilizan los trabajos tradicionalmente realizados por mujeres”, indica a cuartopoder.es Alicia Rius Buitrago, doctora en Economía aplicada y directora de Red de Economía Feminista, una plataforma para entidades feministas de economía social y co-organizadora del evento junto a la REAS Madrid (asociación de la que forman parte) y Mercado Social Madrid, que va por su segunda edición en la capital.

    Estos trabajos realizados por mujeres, sobre los que se sostiene el sistema al tiempo que los invisibiliza e incluso menosprecia, deben también ser considerados parte del todo de la economía, apunta Astrid Agenjo Calderón, profesora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide y miembro del observatorio GEP&DO (Gender, Economy, Politics and Development Observatory).

    De media, las mujeres dedican casi el doble de horas al trabajo no remunerado que los hombres: mientras las mujeres dedican 26,5 horas a la semana a cuidar hijos y familiares o tareas domésticas, los hombres apenas llegan a las 14. Todos estos trabajos, de reproducción y mantenimiento de las condiciones de vida, son necesarios para que el sistema neoliberal sobreviva. “El capital necesita ese trabajo: que las personas estén formadas, que estén alimentadas, criadas hasta que tengan edad para trabajar… todo es trabajo que el capital necesita, haciéndolo las mujeres gratis en los hogares lo que consigue el capital es que se lo regalemos”, explica Bibiana Medialdea, doctora y profesora de Economía en la Universidad Complutense de Madrid y redactora de uno de los primeros programas económicos de Podemos.

    “La propuesta central de la economía feminista es utilizar los cuidados como punto de vista estratégico, un elemento fundamental del funcionamiento económico en su conjunto. Es como un iceberg: la parte productiva que está flotando se mantiene porque hay toda una base oculta que la está manteniendo; una base oculta que está llena de relaciones de poder, de desigualdad y muchas veces de violencia”, añade Agenjo Calderón.

    Por ejemplo, en un contexto de recortes en la Sanidad española, si el tiempo de hospitalización es recortado a mitad, no significa obviamente que el enfermo se restablezca antes, sino que el Estado da por hecho que los días restantes de postoperatorio va a tener a alguien cuidándole en el hogar.

    Así, la carga de trabajo de las mujeres se multiplica en épocas de crisis, cuando el sistema sobrepasado deja en la base del hogar y la familia parte de los servicios que antes llevaba a cabo. Aquí entran la falta de guarderías, los recortes a la dependencia, etc, que afectan especialmente a las mujeres “responsabilizadas” con los cuidados de la familia.

    Cuando llega el primer hijo

    Ante la llegada del primer hijo, la carrera de la mujer se detiene o se estanca, según un estudio de Eurostat 2017 muy publicado en los medios españoles. Es comprensible: si la mujer por lo general gana menos -el hombre está más especializado en el trabajo, mientras que la mujer ha debido ceder parte de su carrera a hacerse cargo de los cuidados del hogar-, es más que habitual que sea la mujer quien deje el empleo para hacerse cargo del hijo, ante la falta de opciones de conciliación, un elemento clave de reivindicación en la economía feminista. Por cada hombre que abandona su puesto de trabajo por cuidados del hogar, lo hacen 27 mujeres.

    Los datos son desoladores, y la pobreza y precariedad se ceban con las mujeres y los dependientes. En España, la diferencia entre el salario medio mensual entre hombres y mujeres alcanza el 24,9% según datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2016, entre el techo de cristal, la falta de paridad en altos cargos y la feminización de los trabajos peor remunerados. Apenas un 47% de mujeres, una vez superada la edad de jubilación, reciben una pensión contributiva frente al 97% de los hombres en España, según datos de las Naciones Unidas. El Ministerio de Empleo español recoge que el 73% del empleo a tiempo parcial lo ocupan mujeres.

    Aunque el concepto de economía feminista, la división sexual del trabajo en función del género, el debate sobre el trabajo doméstico y la brecha salarial entre hombres y mujeres llevan siendo estudiados desde antes de los setenta –en los noventa se afianzó el término con la creación en EE.UU. de la Asociación Internacional para la Economía Feminista (IAFFE, por sus siglas en inglés)–, en esta última década ha dado un salto cualitativo en España, con decenas de académicas y expertas en las universidades españolas. “La economía feminista no es un cuerpo único de ideas, hay pluralidad de planteamientos y debates, pero en lo que coincidimos es que es una forma de aproximarnos a la realidad económica poniendo el foco en la desigualdad de género, en el género como elemento constitutivo de la economía. Pero no se queda en el plano analítico, sino que también trata de reformar el sistema económico actual, inherentemente injusto y donde las desigualdades de género son constitutivas, elaborando propuestas que lo transformen”, afirma Agenjo Calderón.

    Tres esferas de acción: las instituciones, las empresas y lo personal

    “La economía feminista trae cambios muy profundos que rompen inercias muy arraigadas. Es un contexto estructural, unas normas de juego que deben ser cambiadas desde fuera”, sostiene Medialdea. Para la economía feminista, el Estado es clave y sus políticas con enfoque de género necesarias para superar la brecha de la división del trabajo de género. Las políticas económicas nunca son neutrales sobre las personas, y pueden tener un enfoque de género. Propuestas como las de multar a empresas con una brecha salarial de más del 25% (del PSOE) o la de auditorías obligatorias de retribuciones por géneros (Podemos), así como la ya de igualar los permisos de maternidad-paternidad o favorecer la conciliación laboral son sólo algunas de las que desde el poder político pueden ayudar a avanzar a una economía más igualitaria.

    Uno de los debates abiertos en la economía feminista es la remuneración o no de los cuidados. Aunque todas las corrientes de economía feminista coinciden en la necesidad de visibilizar esta esfera, remunerarla directamente o no es un proceso abierto.

    Se habla aquí iniciativas como ayudas a la dependencia o la Renta Básica Universal, que ayuden a las mujeres trabajadoras del hogar a vivir con dignidad. Sin embargo, otras corrientes critican estas medidas, por entender que favorecerían la perpetuación de la división de género en los trabajos, en la que siempre es, al final, la mujer quien se pregunta si abandonar o no su carrera profesional por los cuidados, y abogan en cambio por medidas que eliminen la división por género del trabajo.

    Las empresas, por su parte, tendrían que reorganizar su modelo de trabajo flexibilizando los horarios, dando opciones de trabajo en casa o ampliando las bajas sin fuera necesario, además de aplicar la paridad y la no discriminación por genero a la hora de contratar. “Si tanto abanderan la responsabilidad social corporativa, que asuman que sus trabajadores son personas, que se tienen que reproducir, que tienen que tener una vida en condiciones”, asevera Rius Buitrago.

    A nivel personal queda la batalla clave; la de la corresponsabilidad de los cuidados. “No es un problema de las mujeres. Aunque estemos socializadas en que nosotras debemos ser las cuidadoras y los hombres deban permanecer ausentes de los trabajos de cuidados”, critica Rius Buitrago. “Lo personal es lo político”, y la reivindicación de los trabajos empieza en el hogar, que no sólo es un área de consumo, sino también de producción.

    ¿Puede coexistir la economía feminista con el sistema económico actual, neoliberal?

    “En España en general la economía feminista se alinea con ideas y postulados de izquierdas y anticapitalistas, pero a nivel internacional el abanico es más amplio, aunque siempre generalmente progresista”, comenta a cuartopoder.es la veterana Lourdes Beneria, referente académico de la economía feminista y con gran experiencia internacional.

    “En el sistema capitalista es muy difícil transcender a los mercados, pues somos población asalariada. Pero hay formas de quitarle poder a los mercados, con nuestro consumo, buscando otros espacios comunitarios de intercambio, otra forma de relacionarnos con la extracción de recursos, de energía…”, afirma por su parte Agenjo, que en su opinión aunque la propuesta de economía feminista puede coexistir con el neoliberalismo y transformarlo desde dentro para una mayor igualdad de género, al final será necesaria una ruptura con el capitalismo. Una postura similar que comparte Rius Buitrago, que sostiene que ya “hay muchos sistemas económicos que están coexistiendo con el paradigma neoliberal, y es posible que la economía feminista lo haga. No sólo es posible, sino que ya está existiendo”.

    Pone como ejemplo la economía social y solidaria, que según el informe ‘Empresas relevantes de Economía Social’, publicado or CEPES (Confederación Empresarial de Economía Social) a principios de año, supone ya el 10% del PIB en España. “Pero es necesario que este sistema se adelgace, que decrezca la economía que pasa por los mercados es una de las apuestas más potentes de la economía feminista”, concluye.

    Otra arista con el sistema neoliberal y aspecto clave de la economía feminista es la ecología: frente a la fantasía de crecimiento ilimitado de la mano de los avances tecnológicos que sostienen el capitalismo, la economía feminista habla de no agotar el planeta y sus recursos.

    La huelga feminista del 8M fue una declaración de intenciones: por mucho que el trabajo en el hogar esté invisibilizado y hasta menospreciado, pues el derecho a huelga parecía un derecho único del trabajo asalariado, se demostró el mensaje de que, sin las mujeres, el sistema se para.

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    Comentarios (1)
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    • florentino del Amo Antolin

      Las mujeres la sal de la vida. Es hora de cambiar el roll y leyes para favorecer y normalizar una situación injusta, hecha por los hombres; una evolución que debe confirmarse cuanto antes, para que surta esos efectos deseados: Igualdad, conciliación, trabajo, salario y lucha social.
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