Pedro Sánchez recupera protagonismo a costa de endurecer su postura en Cataluña

Desaparecido, gris, ausente. Todos son adjetivos utilizados por propios y extraños para describir la situación del PSOE en las últimas semanas. No lograba impactar en el debate mediático con sus propuestas, las encuestas arrojan resultados mediocres y Ciudadanos capitaliza mejor su apoyo al 155 que el partido que lidera Pedro Sánchez. Ante los últimos acontecimientos, el PSOE ha dado un golpe en la mesa y ha virado su estrategia hacia una posición más dura en Cataluña. Quiere más protagonismo y ha decidido 'robar' la iniciativa al Gobierno, pero para coger ese relevo tiene que correr detrás de un aventajado Ciudadanos. El mismo partido que el pasado junio calificó de “cruento” el 155 y hablaba de “plurinacionalidad” hoy ha cogido carrerilla y pide una reforma del Código Penal para adaptar el delito de rebelión al caso catalán.

Ante el avance de los naranjas en las encuestas, Sánchez quiere salir de la zona gris y sacar perfil. Parece que esa "especie de brujería", así calificaba a los sondeos de los medios José Félix Tezanos, ha embriagado al líder socialista, que parece haber bebido el brebaje de Ciudadanos. El independentismo le ha puesto fácil este viaje hacia el unionismo más beligerante colocando en la presidencia de la Generalitat a Quim Torra, un político con una mochila de comentarios xenófobos a sus espaldas. 

El desafío catalán no ha sido un escenario fácil para un Pedro Sánchez que el pasado verano venía de desgañitarse en la batalla por las primarias socialistas. El conflicto entre Gobierno y Generalitat vino a partirle su estrategia. La política ni espera ni es clemente con los rezagados. Para un candidato que venía de defender el concepto de “plurinacionalidad”, que causó también oposición interna, no resultó sencillo apoyar en octubre la aplicación del 155 en Cataluña, que suspendió la autonomía de las instituciones para hacer efectivo el “cumplimiento forzoso” de sus obligaciones. Sin embargo, Rajoy lo requería. El Ejecutivo no quería dar ese paso sin el apoyo del primer partido de la oposición, obligando al PSOE a embarcarse en el mismo buque político.

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Durante los últimos meses ha resultado una conversación incómoda para los socialistas, pero la deriva de Puigdemont les obligó a hablar durante semanas de ello. La decisión les costó, además, la dimisión de la alcaldesa de Santa Coloma, Núria Parlón, de su Ejecutiva. En ese momento, optaron por una estrategia que no pusiera en excesivos apuros al PSC, aunque les llevara a dar bandazos, como a pedir (y después retirar) la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, tras las cargas policiales del 1 de octubre, cuya imagen puso en apuros a Ferraz, un enfado contra el Ejecutivo que no disimularon.

Mientras, Ciudadanos iba agitando el discurso españolista y ganando votos. La contrapartida que Sánchez sacó a cambio del apoyo al entonces traumático 155 se secó pronto. La comisión para examinar el modelo territorial que se abrió en el Congreso empezó desinflada sin Podemos ni los nacionalistas. Los constitucionalistas hablando consigo mismos. Rajoy también le prometió que se abriría el complicado melón de la reforma constitucional, pero el mismo PP se encargó después de pinchar el globo en los pasillos de la Cámara Baja, alegando que no existía el consenso suficiente para reformar la Carta Magna.

Cuando el PSOE quiso volver a lo social y poner en valor su trabajo por la sostenibilidad el sistema de pensiones, los pensionistas ya se habían organizado en la calle y las mujeres habían convocado para el 8 de marzo una huelga feminista en la que los socialistas se limitaron a apoyar los paros parciales de UGT. El PSOE se quedaba sin banderas que agitar. Las iniciativas sociales en las que trabajan en el Congreso se quedan en nada si no consiguen hacerse efectivas o, al menos, generar debate en los medios o en la sociedad.

PP y PSOE unidos para blindar la unidad… y el bipartidismo

Mientras Rajoy se muestra inalterable en su hoja de ruta, Sánchez le ha pedido prestada la iniciativa. Primero, iniciando una gira europea que comenzó en Alemania para hacer “pedagogía” del discurso constitucionalista, después apoyando sin fisuras la estrategia de Rajoy frente a un Rivera ansioso por extender el 155. Finalmente, desgranando propuestas de manera dosificada para que se cuelen en las portadas. El martes, foto con Rajoy. El miércoles, plantear cambiar el delito de rebelión. El jueves, sugerir que hay que obligar a cargos públicos a jurar la Constitución. El viernes, comparar a Torra con Le Pen. El sábado, Ábalos en Extremadura hablado de “beligerancia”. El domingo, Carmen Calvo reiterando el apoyo del PSOE al Gobierno en la extensión del 155 frente a un Govern de difícil encaje.

Pero la instantánea de Sánchez y Rajoy en la escalinata de la Moncloa exige una segunda lectura. Ciudadanos, que fue recibido dos días después, es una amenaza para ambos. A la luz de las encuestas, a Rajoy le ha arrebatado el discurso nacionalista español y un buen puñado de votos, pero al PSOE le ha robado la oposición. Si se cumpliesen los sondeos más catastrofistas, en 2020 la oposición a la derecha veterana podría ser la derecha liberal y no la izquierda.

Si durante el 155, el PSOE criticaba, aunque en susurros, la aplicación del Gobierno, ahora ha renunciado a hacerlo. Explícitamente. “Si tengo cosas que reprocharle a Rajoy en este asunto se las haré en privado”, apuntó Sánchez en la rueda de prensa en referencia a las críticas de Rivera. 

Hay también una clave interna. La aplicación del 155 ayudó a coser la herida del PSOE y acercó a los que criticaban la línea de acción de Ferraz. Sin embargo, estas apuestas más unionistas podrían tener una factura más abultada en el PSC. Sus miembros, por el momento, son discretos y guardan silencio. Tan solo el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, recordó en una entrevista en La Ser que la fórmula escogida por Torra en su toma de posesión “no se puede objetar", que hay "dificultad de correspondencia" entre el delito de rebelión y lo ocurrido en Cataluña y que nunca es una buena idea legislar en caliente. Palabras en tono prudente y pausado que no constituyen una desautorización.

Por el momento, la construcción de la república catalana es puramente simbólica. Si transgrede la línea de la materialidad, habrá un nuevo 155. Queda por ver en su diseño qué queda de los socialistas que pedían al Ejecutivo una intervención “quirúrgica” y batallaron con PP y Ciudadanos para que TV3 no fuera intervenida.