De la “aznarización” a la moción de censura o cómo el PSOE quiere desenmascarar a Ciudadanos

  • Los socialistas registraron la moción antes de anunciarla, dejando al presidente sin margen para convocar elecciones y obligando a Ciudadanos a votar a favor o en contra
  • Durante las últimas semanas, el PSOE ha comparado a Rivera con Aznar en un intento de enmarcarle en la derecha más beligerante

Por mucho que algún miembro del PSOE haya calificado las encuestas de algunos medios de “parasociología”, el empuje de Ciudadanos en los sondeos ha producido cierta inquietud en sus filas durante las últimas semanas, conscientes de que los naranjas pueden arañarles votos por el centro, un espacio esencial para todos los partidos que deseen gobernar. Ferraz ha puesto en marcha la máquina para intentar encajar a los naranjas en el marco de la derecha y quitarle su capacidad de ‘robar’ votos a los dos lados del espectro político. La misma derecha de siempre con distinto collar. La moción de censura contra el presidente Mariano Rajoy ha sido el último instrumento con el que el PSOE ha intentado retratar a los de Albert Rivera.

Muy lejos ha quedado esa época en la que Sánchez quería cerrar con Podemos y con Ciudadanos un mismo acuerdo. El contexto era muy distinto: aún no había sido derrocado el Comité Federal de su partido y aún volaba el fantasma del ‘sorpasso’ de los morados. Ahora, la principal amenaza es un Ciudadanos que se ha hecho fuerte en los sondeos tras el desafío catalán. Aunque Rivera quisiera asemejarse a Adolfo Suárez, el PSOE le encuentra más parecido en los últimos meses a José María Aznar. Incluso, la vicesecretaria Adriana Lastra llegó a compararle en noviembre con Primo de Rivera, un paralelismo del que se retractó después. De hecho, Sánchez insiste en que en la guerra PP-Ciudadanos, los votantes de izquierdas no se sienten interpelados.

Publicidad

El pasado noviembre, hizo una auditoría sobre el acuerdo de investidura de PP y Ciudadanos, cuyas conclusiones expusieron en un documento llamado “el pacto de las derechas”, donde además concluían que no se habían cumplido el 86% de lo acordado. El objetivo es arrinconar a Ciudadanos en la derecha a ojos de los votantes. Presentarle como un partido carente de propuestas profundas (especialmente en temas muy relevantes como puede ser las pensiones), capaz de criticar el cupo vasco y después apoyar los presupuestos con el PNV, con una voracidad electoralista que fagocita el necesario sentido de Estado y, sobre todo, reaccionario.

En la última semana, han redoblado la apuesta y han rescatado viejos fantasmas políticos con los que comparar a Rivera y su vocación recentralizadora. Sánchez cree que los naranjas utilizan el debate territorial en Cataluña “como herramienta de confrontación” como hizo el expresidente José María Aznar cuando estaba en la oposición, con esa y otras cuestiones. Incluso, llegó a decir el pasado lunes que hay una “hay una derecha que parece que ha aprendido la lección porque la sufre [en referencia a Rajoy] y hay otra que niega su propia historia”, en referencia a Aznar. La imagen del polémico líder popular cotiza a la baja después de que pilares importantes de su Gobierno estén salpicados por la corrupción. Hace tan solo unos días detuvieron a Eduardo Zaplana

Publicidad

Una moción para evidenciar la postura de Ciudadanos

El PSOE registró el viernes la moción de censura en el Congreso antes de presentarla en su propia Ejecutiva y anunciarla oficialmente ante la prensa. Lo que empujó a los socialistas a usar este instrumento constitucional fue la gravedad de la situación y el respaldo interno que encontró en la ronda de consultas el jueves. Sin embargo, hay un efecto colateral. Al adelantar el registro a la mañana del jueves, Sánchez estrechaba el margen de actuación de Rajoy, pero también el de Rivera. Una vez comenzado el trámite, el presidente del Gobierno no puede disolver el parlamento y convocar elecciones.

Por tanto, Ciudadanos se quedaba sin esa herramienta de presión, que habría hecho que pudiera obligar a que Rajoy se marchase sin tener que votar por el PSOE en el mismo barco que Podemos. Ya no podía amenazar con apoyar la moción si Rajoy no convocaba elecciones porque ya no le pertenecía esa facultad. El PSOE, por tanto, fuerza a Rivera a retratarse: o apoya a Sánchez o apoya a un Rajoy manchado por la corrupción. Los socialistas intentan quebrar así el discurso de la regeneración democrática de Rivera, que rechazando la moción o absteniéndose mantendría en el Ejecutivo a un partido condenado en los tribunales.

Sánchez ha sido claro en su propuesta. Convocará elecciones, pero primero habría un gobierno estable del PSOE. Con Ciudadanos inflado en las encuestas y los socialistas estancados, Ferraz no tiene prisa por convocar unos comicios a los que no ha puesto fecha. Aunque no prospere, la moción ya habrá servido para poner en evidencia que Rivera no es la oposición de Rajoy, sino su cómplice necesario.