Pedro Sánchez cambia el marco: del debate identitario al social

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En sus primeras semanas del Gobierno, Pedro Sánchez ha tomado decisiones importantes: restituir la universalidad a la sanidad pública, acabar con las concertinas o acabar con los peajes algunas autopistas. Sin embargo, ha logrado otro cambio trascendental: formatear el marco de los debates políticos.

Si en los últimos meses el recrudecimiento del choque entre Gobierno central y Generalitat, la corrupción o el ascenso de Ciudadanos en las encuestas monopolizaban las discusiones, ahora las conversaciones han variado para dar paso a otras cuestiones: qué artículos derogar de la reforma laboral, cómo garantizar el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, qué negociar con el Govern o qué artículos de la Ley de Seguridad Ciudadana son más lesivos.

Durante los últimos meses, el recrucecimiento del escenario catalán había trazado una línea entre los partidos autodenominados constitucionalistas, en realidad los que apoyaban el 155, y el resto. Ahora el tablero nacional vuelve a reordenarse bajo criterios de izquierda-derecha, que parecían desdibujados. El reto para los socialistas es hacer entrar a los partidos independentistas en esta misma lógica, en especial, a Esquerra Republicana, con la que Podemos y PSOE pueden compartir muchas propuestas en la cámara baja.

Además del cambio de Gobierno, ha sido clave la descongestión del poder legislativo. Con un PP sin mayoría absoluta, la Mesa del Congreso bloqueó hasta 60 propuestas de la oposición. No ha sido una legislatura de grandes consensos, a excepción del Pacto de Estado contra la violencia de género. Solo las masivas movilizaciones de los pensionistas o las manifestaciones feministas lograron abrir una grieta y desviar el debate, de nuevo, a lo social.

Hay otro cambio sustancial. Si hace dos años, los titulares de los medios se centraban en la guerra interna del PSOE, esta vez será la batalla desatada en el PP por la sucesión de Mariano Rajoy la que acaparará los focos en los próximos días. Aunque la andaluza Susana Díaz sigue dando alguna que otra declaración polémica, el poder funciona en los partidos como un Super Glue orgánico.

La aritmética sigue siendo complicada, pero la iniciativa legislativa del Gobierno ha pasado a manos del PSOE. Por tanto, serán los socialistas los que marquen agenda y obliguen a la oposición a criticar o argumentar sus propuestas que hasta el momento habían quedado en un segundo plano mediático. Al menos, de momento y siempre que la relación con la Generalitat de frutos y no se produzca otro choque.

En el horizonte se avecina otro marco que a Ciudadanos, y veremos si a Podemos, les interesará recuperar de cara a las citas electorales: el de la nueva política y el bipartidismo, que parece haber tomado oxígeno.

1 Comment
  1. ninja45 says

    Pedro Sanchez, parece que es el único socialista que no se ha vendido a los corruptos del Partido Podrido. En 1985, el PSOE mandaba en España con mayoría absoluta. Fue cuando el entonces vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, pronunció la famosa frase «Montesquieu ha muerto». Estaba anunciando la defunción de la independencia de los tres poderes del Estado español: El legislativo, el ejecutivo y el judicial. Parece que fue ayer. Esa frase pronunciada hace 32 años está hoy totalmente
    vigente, con la diferencia que el partido que entonces mandaba, estuvo hasta la Moción de Censura, totalmente desaparecido, dejando a los fascistas y corruptos, hacer y deshacer a su antojo. Sin casi ninguna oposición el Gobierno se cargó la esencia de lo que tendría que ser la auténtica separación de poderes, lo que garantiza una Justicia justa. Los últimos veredictos, sobre Gurtel, Noos, el Castor o la Manada, han indignado a la gente normal que trabaja y paga sus impuestos. La malversación de dinero público o las violaciones flagrantes, por una cuestión de
    ejemplaridad, nunca deberían quedar impunes, mientras se ensañan con los independentistas catalanes o los chicos de Altsasua. El pueblo se siente impotente y humillado ante algunas sentencias judiciales que, muchas veces, son injustas e inexplicables. Dijo Montesquieu: «No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el manto de la Justicia». Una frase escrita hace más de dos siglos, tiene plena vigencia en el embrollo político-judicial que sufre la España del siglo XXI.
    Si me pegan, me divorcio. Som República !!*!!

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