Casado 2020: una nueva mayoría moral

  • Estamos ante el retorno del alma neoconservadora del PP, inspirada en Reagan y en Thatcher.
  • Casado quiere apoyarse en esa mayoría moral de españoles que defienden ideas que no son ni derechas, ni de izquierdas, como la familia, los valores o la unidad de la patria

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En 1992, Ronald Reagan dio un célebre discurso en apoyo a Bush padre, el que fue anteriormente su vicepresidente del Gobierno, en el que sostuvo que no existía ni la izquierda, ni la derecha. Éstas eran antiguallas del pasado, que ya no servían para orientarse en el mundo que les había tocado vivir a los hombres del final del siglo XX. Otra metáfora espacial acompañaba a la caída del Muro de Berlín: arriba y abajo eran las nuevas coordenadas, que orientaban al hombre en busca de la máxima libertad individual, manteniendo el orden, frente a la amenaza permanente del totalitarismo. Además, ese mundo, a pesar de haberse vuelto muy complejo, seguía necesitando de respuestas sencillas, citando a Churchill, Reagan recordaba que las grandes fuerzas que mueven el mundo son las fuerzas morales de los hombres, las fuerzas del espíritu.

Pablo Casado parece haber leído o, al menos, haber recordado el eco de este y otros discursos en sus desplazamientos por toda España durante las últimas semanas. En momentos de tensión e incertidumbre uno vuelve a las esencias y las suyas, más allá de la tradición del conservadurismo hispánico, se encuentran ahí. Sus apelaciones a la vuelta del Partido Popular han sido constantes. El resto de los españoles no sabíamos que se habían marchado tan lejos después de dos largas legislaturas de gobierno, así que se entiende que el vacío fue más prolongado, coincidió con éstas y generó una fuerte sensación de orfandad dentro de la formación conservadora. Sin duda, estamos ante el retorno del alma neoconservadora del partido – inspirada en Reagan y en Thatcher –, la vuelta a los principios y los valores de España y la superación de la inercial etapa gubernamental del Marianato.

El candidato de Aznar se impuso de una manera clara – algo más de 15 puntos – a Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta de Rajoy, ofreciendo respuestas sencillas a una coalición desencantada con la gestión reciente de su Gobierno y la fractura en el ámbito de la derecha (Ciudadanos, Vox) y en shock por la pérdida precipitada del poder. Ahora, el flamante presidente procederá a la integración de sus adversarios internos, acelerará la discusión programática y de ideas con el nuevo Comité Ejecutivo anunciado en Barcelona y designará a los candidatos para las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Frente a quienes entrevén un corte radical entre el proyecto esgrimido hasta ahora ante los militantes y el que se desarrollará ante el electorado, mi apuesta es que las ideas fundamentales, sus alianzas y su perspectiva de construcción de hegemonía en la derecha para asaltar el Gobierno se mantendrán.

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La España de los balcones y las banderas: una agenda conservadora para 2020

Señalar el giro a la derecha en el PP se ha convertido ya en un lugar común. Incluso mostrar la influencia de los neoconservadores anglosajones en esta nueva hornada de dirigentes populares no sería decir mucho sin tener en cuenta el contexto español poscrisis en 2018, ni el particular análisis que hacen del momento político mundial y español.

Las turbulencias de la economía global y el resquebrajamiento de las reglas de juego mundiales procedentes de la revolución conservadora de los 70 están sacudiendo los sistemas políticos a uno y a otro lado del Atlántico. Fuerzas emergentes, que impugnan radicalmente el statu quo, alimentándose de las ansias antiestablishment de una parte importante de las poblaciones de los diferentes países, surgen por doquier a izquierda y derecha. Casado explicaba en una entrevista reciente con Federico Jiménez Losantos que si los partidos tradicionales de corte conservador no se renuevan, entonces aparecían nuevos liderazgos o movimientos exógenos capaces de representar a sus sectores sociales olvidados. Citaba elocuentemente dos casos tan dispares como el norteamericano con Trump alzándose con el triunfo en las primarias republicanas o el movimiento popular de Macron En Marche.

Tras la crisis financiera global y la crisis económica española, la nefasta gestión del bipartidismo y la clase política fueron los principales objetivos del malestar de una importante mayoría de la ciudadanía española, representada por el movimiento 15-M. Éste, según Casado, se trató en el fondo de “una revolución capitalista”, impulsada por una nueva generación de jóvenes que querían vivir mejor, al menos, como lo habían hecho sus padres. Algunos han señalado la identidad de este planteamiento con las palabras que le dedicó Susana Díaz a los jóvenes indignados acerca del pisito de la playa, pero realizan una aproximación al fenómeno diametralmente opuesta. Mientras que la líder andaluza trataba de movilizar un cierto sentimiento de revancha de los más humildes contra una juvenil clase media frívola y ensimismada, Casado le da un barniz neoconservador a la protesta, tratando de apropiársela con las facilidades que otorga el tiempo y, en el fondo, de neutralizarla para llegar a la conclusión mil veces repetida de que “no hay alternativa” al sistema político y económico actual.

Pero su verdadera España aún estaba por manifestarse. Su oportunidad emergió con los puntos más críticos del Procés y de la crisis catalana: la España de los balcones y las banderas. Una suerte de 15-M de signo reaccionario desplegado en banderas constitucionales por todas las ciudades y rincones de España desde la privacidad del hogar. Toda esa gente, unida por los símbolos nacionales del país, estaba reaccionando contra un enemigo común (el independentismo catalán), pero por motivaciones y representaciones muy diferentes. El planteamiento de Casado consiste en construir en positivo: transformar esa mayoría social, dispersa y fragmentada, salvo en un momento de crisis nacional, en una nueva mayoría moral. Como Reagan, Casado quiere apoyarse en esa mayoría moral de españoles que defienden ideas que no son ni derechas, ni de izquierdas como la familia, los valores o la unidad de la patria, pero sabe que tiene que construirla con los sectores más conservadores de la sociedad.

Para lograrlo plantea una agenda conservadora contra las conquistas y los planteamientos más progresistas de la sociedad española. En primer lugar, ha lanzado una enmienda a la totalidad al movimiento feminista, al que denomina “ideología de género” y califica de “colectivismo social”, por tratar mediante la ingeniería social de “compartimentar a la sociedad en función del género” y olvidar a las personas. Desde su perspectiva neoconservadora, el feminismo es el movimiento vanguardista de la izquierda contemporánea, que quiere transformar la vida y las prácticas cotidianas, una vez que el comunismo ha sido derrotado históricamente y no es capaz ya de plantear una alternativa política, económica y social al capitalismo existente. Todos sus avances legislativos han de ser cortados de raíz para dar voz a esa mayoría moral, que cumple las leyes y no se manifiesta, y, por lo tanto, permanece oculta.

En segundo lugar, ha atacado la legislación vigente en materia de aborto y la perspectiva de reforma de la ley de la eutanasia en base a un doble movimiento: de un lado, se ha sumado al discurso en favor de la vida promovido por la Iglesia católica y, en particular, de sus sectores más reaccionarios y, de otro, ha apelado a la necesidad de recuperar los consensos anteriores (en realidad, inexistentes, ya que todo avance en estas materias costó enormes luchas y esfuerzos, y tuvo siempre en frente a la Iglesia y las fuerzas conservadoras) en defensa de la unidad. En tercer lugar, ha tratado de neutralizar el movimiento de la memoria histórica, haciendo apelaciones de corte tradicional al consenso y la concordia, pero sobre todo insistiendo en la necesidad de resolver los problemas del presente y de mirar al futuro. Su cuarto punto fundamental de la agenda es un clásico de la reaganomics “una revolución fiscal”, que consiste en bajar el tipo máximo de IRPF, el impuesto de sociedades y suprimir los impuestos de Patrimonio y de Sucesiones y Donaciones. En palabras de su autor intelectual, Daniel Lacalle, estos impuestos deben ser bajados o suprimidos porque “son inmorales”.

El centro no existe: un gobierno débil y la derechización de la sociedad

Los tres grandes partidos españoles han reaccionado aparentemente a la victoria de Casado con alivio. Según esta suerte de planteamiento común, la victoria de Soraya Sáenz de Santamaría, una rival experimentada y menos marcada ideológicamente, habría sido peor para sus intereses al pelear de forma más competitiva por el centro del tablero. Sin embargo, esta perspectiva es cortoplacista y trata de racionalizar un mero juego de espejismos que hace de la necesidad virtud.

La apuesta de Casado y de la facción populista del Partido Popular por tratar de construir una nueva mayoría moral que vaya más allá de la izquierda y de la derecha puede parecer en un primer momento perjudicial para sus intereses electorales en la imaginación de sociólogos electorales que vayan en busca del ansiado centro, pero lo cierto es que un rearme ideológico de la derecha conservadora y una movilización de sus sectores más duros que fomente una polarización con el débil Gobierno Sánchez puede estrechar el espacio político a Podemos, cuyas banderas agitan los socialistas con pasión, y fracturar a Ciudadanos entre su electorado más liberal y su votante desencantado procedente del Partido Popular. Además, aquello imposible hoy como plantear una impugnación frontal y exitosa a los avances y conquistas del pujante movimiento feminista, puede revelarse rápidamente alcanzable ante un Gobierno inmerso en una campaña electoral permanente que pronto puede aparecer desorientado y con poca claridad y capacidad para articular un programa que dé vida, fuerza y energía a su base social.

1 Comment
  1. florentino del Amo Antolin says

    Que moral puede tener alguien que por la patilla le convalidan el master de Aravaca por Harvar. Y querer apagar el fuego social poniendo banderas de los auto titulados nazionales… ¡ Por la gracia de Dios !. Aquellos que fomentan el odio, creando leyes que entran de lleno en los pensamientos de la gente… se llaman constitucionalistas y persiguen las lenguas, banderas, ideas que esa misma constitución reconoce, aprobandose con ruido de sables incluídos…
    1.701 votos de hollingas, y 1.250 de la Menina del CNI y sus cloacas. Estos sirven para cerrar la puerta de una banda para delinquir. Una ley de partidos justa… Les dejaria fuera de control por dopaje y latrocinio prevaricador con alevosia… y cancer de una privatizada salud social…
    Amigo Rodrigo, creo que teorizar sobre estos personajes y el PP; no merece la pena habiendo campo de lucha, abierto en varios frentes que si nos importan a la mayoria del Estado y sus Nacionalidades Históricas…

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