Xenofobia

“Muchos de los que vienen ahora se convertirán en nuevos ciudadanos de nuestro país. Tenemos que aprender de nuestros errores de los años sesenta y hacer de la integración nuestra prioridad absoluta desde el principio”. La que decía estas palabras era la canciller alemana, Angela Merkel, era septiembre de 2015, hace tres años, y el tenso debate sobre la inmigración ya estaba asentado en buena parte de la sociedad europea y las fuerzas de extrema derecha, al alza, modificaban el panorama político europeo. Merkel, que todavía gozaba de un incuestionable apoyo político interno en su país, contrarrestaba las críticas a su política migratoria que le vertían sus socios políticos de la bávara CSU.

Tres años después, estas opciones políticas amenazan con ser la segunda fuerza política con más presencia en el Parlamento Europeo que surja de las elecciones del año que viene. El pasado 2 de julio, Merkel daba por finalizada una nueva crisis con la CSU que amenazaba con romper el acuerdo de Gobierno con la CDU de la canciller por sus “blandas” políticas migratorias, cedía a las presiones que le llegaban desde su derecha y aceptaba mayor control de la migración en la frontera germano-austriaca y el establecimiento de centros de tránsito. En Alemania, como en la tónica general europea, las cesiones en materias migratorias a la extrema derecha no han servido, en ningún caso, para parar su ascendente tendencia electoral.

En todos los países europeos, así como en Estados Unidos, en los que se ha impuesto el marco de la inmigración como fundamental en el debate político, se ha producido una derechización política y social. Así lo explicaba el secretario de la Secretaría de Internacional de Podemos, Pablo Bustinduy, en esta entrevista de hace unas semanas con cuartopoder.es. “En todos los países, cuando se ha impuesto este campo de la inmigración en la agenda, el resultado ha sido una derechización y radicalización de las agendas. Todos los partidos socialdemócratas que han decidido asumir ese marco de confrontación y de debate para neutralizar el avance de la extrema derecha han bajado mucho en los apoyos. Desde Manuel Valls, socialista de Francia que se puso a expulsar romaníes de Francia como un loco, hasta los gobiernos de Ángela Merkel, pasando por el M5E, todos han salido perdiendo”. “No se va a detener el avance de la extrema derecha haciendo concesiones al monstruo de la xenofobia que está creciendo, frente a ese marco sólo se puede ganar imponiendo el eje de la justicia social”, advertía Bustinduy.

Parece que ha llegado el momento en España. Este fin de semana dirigentes políticos de distintas fuerzas reaccionarias y de derechas han aprovechado el salto masivo de inmigrantes a la valla de Ceuta de la semana pasada para cargar contra la immigración; Vox, PP y Ciudadanos se han agarrado, por niveles, a un discurso que señala explícitamente a la inmigración como un peligro para la sociedad española. Varios guardias civiles y muchos más inmigrantes resultaron heridos en el salto de la valla del pasado jueves. Un discurso que ya se conoce en otros países europeos, un discurso que, con los datos en la mano, no se sostiene. Las televisiones y las principales emisoras de radio hoy hablan, principalmente, de inmigración. Las imágenes de saltos a las vallas de Ceuta y Melilla y de pateras llegando a través del estrecho son una constante. Como en otras ocasiones, la derecha política señala el camino, algunos medios de comunicación lo recorren primero, allanándolo.

En las primarias del PP, hablábamos de cómo Casado asumía un discurso que le sitúa al nivel de la extrema derecha europea, predecíamos que en agosto sería el turno de la inmigración, así ha sido, aunque se ha adelantado un par de días. Sin embargo, Vox ha sido el primero en visitar Ceuta estos últimos días para capitalizar el descontento por el último salto de inmigrantes. La formación ultra envío el pasado viernes a su secretario general, Ortega Smith, a la ciudad autónoma. Discursos incendiarios, tweets y vídeos que intentan relacionar la inmigración a través de la Frontera Sur con la inseguridad ciudadana, datos inexactos.

La visita del dirigente de Vox hizo reaccionar con rapidez al flamante presidente del PP. Casado, el sábado, anunciaba que visitará Ceuta este miércoles. Albert Rivera, que no se quería quedar atrás en la carrera por capitalizar la inmigración, se le adelantará a Casado y viajará hoy mismo. “No es posible que haya papeles para todos, ni es sostenible un estado de bienestar que pueda absorber a los millones de africanos que quieren venir a Europa y tenemos que decirlo, aunque sea políticamente incorrecto. Seamos sinceros y responsables con esta cuestión”, alegaba el líder del PP. Millones de africanos, cuando la cifra de los llegados este año a España no supera los 25.000.

Unir a todo el espacio del centroderecha, desde Vox hasta Ciudadanos, recuperar los votantes perdidos. Este era el mensaje de Casado durante las primarias del PP y, para ello, parece que no duda en abrir una batalla cultural que, si bien hasta ahora estaba centrada en materias como la igualdad entre hombre de mujeres, el modelo de familia, la memoria histórica y, sobre todo, Catalunya, se expande también a la inmigración, al más puro estilo de la extrema derecha europea. Si Casado no ha dudado en los últimos tiempos en abanderar un discurso incendiario con respecto a Catalunya y en situarse del lado del boicot al diálogo entre administraciones que desarrollan el Gobierno y la Generalitat, nos espera un agosto en el que la inmigración toma papeletas para copar telediarios y programas veraniegos. En Italia, tras un espectacular tratamiento de la información por parte de la mayoría de los medios de comunicación al asunto migratorio, hoy gobierna una coalición xenófoba, un gobierno de los más belicosos de Europa con este tema.

Rivera no tardaba en anunciar en redes sociales su visita de hoy a Ceuta. Decía ayer: “Mañana estaré en Ceuta escuchando y apoyando a los agentes de Policía y Guardia Civil, que hacen cumplir la ley en nuestra frontera, y a los ceutíes ante esta crisis migratoria. Si queremos una Europa sin fronteras internas, hay que proteger las externas”. Cumplir la ley. Desde hace años Amnistía Internacional y otras organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos denuncian la vulneración de estos en la Frontera Sur de España. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenaba en octubre a España por la devolución en caliente a Marruecos de inmigrantes en la valla de Melilla sin ser identificados, lo que “supone una expulsión de carácter colectivo”, contraria al Convenio Europeo de Derechos Humanos. La justicia europea estudia, hoy, el recurso interpuesto por España.

Si la sentencia vuelve a ser desfavorable para las fuerzas de seguridad española, si Estrasburgo mantiene su posición, ¿qué postura defenderá la derecha? ¿Harán una defensa a ultranza de la justicia europea? Una derecha que no ha dudado, durante este tiempo, hay que recordarlo, en criticar a tribunales europeos cuando falla en contra de la doctrina Llarena con respecto a la macrocausa contra los líderes independentistas catalanes. Pablo Casado llegó a apostar por cerrar el espacio Schengen cuando el tribunal alemán se negó a extraditar a Puigdemont por rebelión. Tinte de discurso antieuropeo y nacionalista español. Como Le Pen, con el francés, como Salvini, con el italiano.

Los expertos lo explican una y otra vez. El crecimiento de llegadas de este año está en la línea del aumento de llegadas que se viene dando en los últimos años auspiciado por el cierre de otras rutas más orientales en el Mediterráneo, sobre todo Italia y Grecia. No existe efecto llamada, sí que ha existido improvisación y falta de previsión del anterior gobierno, una vez se sabía que en verano aumentarían las llegadas. Ahora las imágenes de los centros de recepción e internamiento son trágicas. Las costas andaluzas sufren una fuerte presión migratoria. Muchos expertos aseguran que la migración es beneficiosa para la economía europea y española.

Las embajadas han dejado, desde hace años, de emitir visados en los territorios de origen, lo que lleva a que la personas que migran lo hagan sin control previo y a recorrer un peligroso trayecto hacia el norte de África para lo que, en muchas ocasiones, se ven obligadas a ponerse en manos de mafias peligrosas. Seguirán llegando. La derecha ya ha marcado su línea de disputa y discurso. Los medios tenemos, hoy, una gran responsabilidad en cómo contamos esta situación. Los inmigrantes llegados este año a España sólo llenarían un cuarto del Estadio Santiago Bernabeu.

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