Un nuevo relato político para cambiarlo todo

Recordar la importancia de los discursos en la política se ha convertido en un lugar común en los últimos años. La fiebre discursiva se ha extendido desde Podemos, concebido durante sus primeros años como una máquina de narrativas ‘ganadoras’, hasta líderes de partidos tradicionales como Pedro Sánchez, que ha nombrado jefe de gabinete a un spin doctor sin ideología conocida. Sin embargo, el ‘giro discursivo’ de la política española a menudo se ha limitado a buscar el truco retórico que permita a un dirigente político brillar en un programa de televisión o conseguir miles de retuits, triunfos efímeros que no cambian casi nada de los discursos políticos dominantes. El escritor y columnista británico George Monbiot va un paso más allá en su libro Out of the Wreckage: A New Politics for an Age of Crisis (‘Salir del naufragio: una nueva política para una época de crisis’) (Verso, 2017), en el que plantea la necesidad de construir un relato político radicalmente nuevo que supere las tradiciones neoliberal y socialdemócrata.

Todos los relatos políticos comparten la misma estructura, según Monbiot: “El desorden castiga al país, causado por fuerzas poderosas y malvadas que actúan contra los intereses de la humanidad. El héroe –que puede ser una persona o un grupo– se revuelve contra el desorden, lucha contra las fuerzas malvadas, las vence pese a las dificultades y restaura el orden” (p. 3). Esta es la estructura de El señor de los anillos y Narnia… pero también de los dos relatos políticos más importantes de nuestra época: la socialdemocracia y el neoliberalismo. Para los socialdemócratas –explica Monbiot–, la crisis del 29 causó un gran desorden mundial que fue resuelto por el Estado social, mientras que la historia neoliberal señala el colectivismo como el gran mal que condujo al nazismo y el estalinismo. La desregulación de la economía restauró el orden, protegiendo la libertad de los individuos, según el exitoso relato neoliberal.

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Aunque muestra simpatía por ciertas propuestas económicas keynesianas, Monbiot advierte contra la tentación de intentar revivir el relato socialdemócrata, que no considera adecuado para nuestra época por dos razones: primero, el crecimiento económico ilimitado es inviable en la actual situación de crisis ecológica; segundo, no es un relato capaz de provocar el despertar político que necesita la izquierda. Por lo tanto, crear un nuevo relato progresista y tan poderoso como sus predecesores es una tarea imprescindible.

Monbiot propone la siguiente historia: los seres humanos son seres esencialmente cooperativos, pero una ideología del individualismo extremo y la competición (el neoliberalismo) nos lo ha ocultado, llevándonos a una situación de creciente soledad y aislamiento. La salida es construir una “política de la pertenencia”, basada en la idea de comunidad. La comunidad debe ser la base para reconstruir un sistema político democrático participativo y una economía que respete los límites ambientales y garantice el bienestar social. En esta sociedad, el altruismo natural del ser humano volvería a ver la luz. Si bien se centra en la importancia de las comunidades de pequeño tamaño, Monbiot reconoce también la necesidad de un Estado fuerte que garantice la igualdad.

A lo largo de Salir del naufragio, Monbiot concreta su propuesta discursiva con una amplísima revisión de iniciativas políticas progresistas de varios lugares del mundo, en ámbitos tan diversos como el sistema electoral, los impuestos, la lucha contra los problemas ambientales o el empleo. Si bien la dimensión de género no está excluida del análisis, se echa de menos la adopción de una perspectiva feminista más explícita. La larga lista de propuestas desgranada por Monbiot muestra que las sociedades no están tan paralizadas como les gustaría a las élites que las gobiernan, pero en algunos puntos la explicación es tan detallada que se desvía de la tesis principal del libro: la necesidad de construir un nuevo relato político.

Más allá del grado de acierto de cada propuesta de política pública con las que Monbiot ‘rellena’ su macrorrelato, Salir del naufragio tiene la enorme virtud de proponer una utopía valiente, que si bien en algunos puntos parece algo ingenua, nunca deja de ser estimulante. El libro resulta especialmente valioso en un periodo en el que temas de corto alcance monopolizan la política institucional, que parece impermeable a las cuestiones fundamentales a las que se enfrentan las sociedades modernas: ¿Qué tipo de economía queremos? ¿Cómo garantizar un nivel de vida digno para todo el mundo? ¿Cómo detener el cambio climático?

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Además, al margen de que la historia concreta que propone Monbiot resulte más o menos convincente, Salir del naufragio señala hacia dónde debe ir una política discursiva bien entendida. Tener los mejores análisis y las mejores propuestas no es suficiente; para conseguir un cambio político radical, es necesario construir macrorrelatos alternativos a los dominantes y atreverse a presentarlos a la sociedad. Para ello, Monbiot considera imprescindible confiar en el carácter cooperativo de la mayoría de las personas, una certeza en la que se han basado las grandes iniciativas políticas emancipadoras pero que parece tambalearse en las filas de una izquierda asustada por el ascenso de fuerzas neofascistas en Europa, que hacen negocio electoral con la explotación del egoísmo. Finalmente, Salir del naufragio es una efectiva vacuna contra la tentación del ‘revival’ socialdemócrata: Mobiot deja claro que los mal llamados Treinta Gloriosos no van a volver. Como cantó Gabriel Celaya, “Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo. Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos”.