Lecciones del aniversario de los atentados para el próximo curso político

  • La monarquía y la cuestión catalana se perfilan como debates relevantes para el próximo curso político
  • La izquierda tiene problemas para introducir el eje social en el debate público

Los actos de homenaje a las víctimas por el aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils anticipan algunos elementos que estarán presentes en el debate político de los próximos meses. La confrontación política se ha evidenciado en los días previos al 17-A y durante el mismo día y el posterior, con los homenajes en Cambrils. A pesar de que casi todas las fuerzas políticas mostraron sus intenciones de que eran momentos en los que la unidad debía prevalecer frente a las discrepancias, la realidad no ha sido así. Desde el bando independentista, pero también desde PP y Ciudadanos, han aprovechado la efeméride para marcar sus posiciones políticas y llevarse el debate a su terreno. Basta echar un vistazo a los timelines de Twitter de los principales líderes o al encontronazo entre García Albiol y Torra en Cabrils, por las palabras del primero en el homenaje del viernes en la prisión de Lledoners en las que invitaba a "atacar a este Estado injusto".

La primera conclusión que podemos sacar de lo sucedido en Catalunya esta semana es que la monarquía tiene un problema. En Catalunya es obvio, donde el rechazo a esta institución es muy alto. El discurso que Felipe VI pronunció el pasado 3-O, duro con el independentismo y nada conciliador, le está jugando una mala pasada. Además, tal y como informábamos en cuartopoder.es, los escándalos vinculados a la corrupción que han saltado en el entorno familiar de Felipe VI en los últimos meses, así como problemas de carácter íntimo ante las cámaras, han hecho que se haya hablado demasiado de esta institución en el debate público del último año. En el homenaje de Barcelona, de nuevo, más que hablar de las víctimas, se habló del rey.

El independentismo rechaza de pleno la figura del monarca, el independentismo abarca en torno a una mitad de la población catalana. Pero, más allá de Catalunya, un movimiento republicano y crítico con la figura de Felipe VI adquiere cada vez más protagonismo. Desde el entorno de Podemos, y por supuesto de IU, cada vez se habla más abiertamente de la relación entre monarquía y corrupción como algo consustancial. Por el lado contrario, esto genera una reacción que se evidencia en el reforzamiento del discurso monárquico de PP y Ciudadanos. Ante síntomas de flaqueza de la institución, la derecha cierra filas con el monarca. Blindaje ante las críticas. Polarización social entorno a la figura del jefe del Estado.

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Posición más delicada juega el PSOE de Pedro Sánchez en este tema. Por un lado, tal y como se ha podido comprobar en todo lo relacionado con la preparación del homenaje a las víctimas, desde que llegó a Moncloa ha apostado por la defensa a ultranza de la monarquía, por intentar renovar su imagen y amainar el desgaste, sin embargo Sánchez llegó al Gobierno gracias a una variedad de apoyos en la moción de censura a Mariano Rajoy que tienen en común unos valores republicanos, tal y como advertió Alberto Garzón desde la tribuna del Congreso de los Diputados, solicitando una comisión de investigación por las grabaciones de Corinna. Entre la España centralista, uniformadora y derechista de PP y Ciudadanos y la pluralidad que le llevó al Gobierno, el PSOE surfea entre estas dos Españas. Pero sin admitir, hasta el momento, la más mínima discusión sobre la Jefatura del Estado.

Todavía se mantienen en la retina las banderas republicanas que acompañaban a Sánchez en la campaña de reconquista de su trono de Ferraz del que fue expulsado. ¿Qué papel juegan hoy las bases y la militancia socialistas una vez su partido ha llegado al Gobierno? El debate sobre la monarquía parece asegurado en los próximos meses. Sectores de la izquierda temen que la tan nombrada crisis de régimen que se evidenció con el 15-M se cierre desde las élites y la figura del monarca quede blindada por una buena temporada más. Por otro lado, mientras continúen abiertas las heridas catalanas, Felipe VI seguirá apareciendo en el debate político. La monarquía puede convertirse un elemento relevante de disputa entre los actores políticos de la próxima temporada.

El segundo elemento que queda evidenciado que tendrá una gran presencia en el próximo curso político es la cuestión catalana. El eje nacional adquirirá un mayor protagonismo conforme se vaya acercando el macrojuicio contra líderes independentistas previsto para el otoño. Además, el fracaso del juez Llarena y la acción de Carles Puigdemont y demás dirigentes independentistas desde el exterior adquirirá cada vez mayor protagonismo. El calendario que viene es frenético: Diada del 11-S, aniversario del 1-O y del 27-O, cuando se produjo en el Parlament la declaración de independencia y Rajoy aplicó el 155 y convocó elecciones. A partir de esa fecha, Quim Torra podrá volver a convocar unas catalanas. Las disputas internas en el independentismo están aseguradas.

Del homenaje a los atentados, en relación con la cuestión catalana, concluimos que el ambiente sigue muy caldeado y que, más allá del retorno a las relaciones institucionales y bilaterales entre Moncloa y Generalitat, las posturas parecen irreconciliables en el corto plazo. No hubo manera de que los actos del aniversario de los atentados se mantuvieran ajenos al conflicto nacional. También esa polarización se evidencia en la propia sociedad catalana: discrepancias en el acto de Plaça Catalunya, programación paralela de homenajes a víctimas y dirigentes independentistas encarcelados... La derecha mediática, PP y Ciudadanos no han aflojado a la hora de tensar estos días la situación. Calientan motores. La disputa Casado-Rivera será una constante y mantendrá la cuestión catalana en buena parte de las portadas de otoño. El nacionalismo español, como el catalán, llenan los depósitos para lo que está por llegar.

Una tercera cuestión que hemos podido comprobar es que, cuando hay más temas sobre los que informar y se interrumpe la sequía informativa de agosto, el problema migratorio pasa a un segundo plano. Aunque sea por pocos días, las cámaras se han situado en Catalunya y no en el Estrecho, Ceuta o Melilla. Será un debate que saldrá a la luz y dará que hablar siempre y cuando la derecha tenga otros entretenimientos, otras disputas en la constante competición Casado-Rivera.

Con los ojos puestos en la pancarta de Plaça Catalunya que negaba la bienvenida a Barcelona al rey, los manteros pudieron ganarse el jornal durante unas horas, hasta que comenzó a llover torrencialmente, en la Barceloneta sin ser protagonistas. Los flujos migratorios siguen, las concertinas se mantienen, continúan las devoluciones en caliente condenadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y los CIE permanecen abiertos a pesar de las denuncias de organizaciones defensoras de los derechos humanos. Con la apertura del nuevo curso político, probablemente veremos cómo la inmigración deja de ser el objetivo número uno de los ataques de la derecha y de las coberturas de algunos medios de comunicación.

Por último, como cuarta conclusión, volvemos a comprobar cómo la izquierda tiene serios problemas para situarse en el centro del debate político. Después del ciclo de grandes movilizaciones y reivindicaciones sociales al calor de la crisis y del 15-M y de la vertebración del debate político que consiguió Podemos, creando ejes de disputa como los de abajo y los de arriba y señalar a las élites directamente como causante de los principales problemas sociales, el debate social está en un segundo plano. Salvo las huelgas y conflictos laborales que en los últimos meses han vuelto con intensidad, así como las reivindicaciones del movimiento feminista y de pensionistas, las reclamaciones sociales no consiguen situarse por encima del conflicto nacional, identitario y de la situación migratoria.

El acto organizado por el Ayuntamiento de Ada Colau destacó por dar más importancia a las víctimas y la celebración de la diversidad y pluralidad de Barcelona y la convivencia en paz, pero quedó deslucido por el conflicto nacional y por la presencia del monarca. Un elemento preocupante para las izquierdas, y más cuando en pocos meses se abrirá un nuevo ciclo electoral. Con la duda contenida de si se convocarán elecciones catalanas anticipadas, así como generales, de momento podemos aproximar en el calendario las andaluzas de otoño y las municipales, autonómicas y europeas de primavera. Con el PSOE subiendo en las encuestas descaradamente, la izquierda tiene un problema en los próximos meses. No consigue canalizar las inquietudes de la ciudadanía y el debate de la opinión pública hacia su terreno, la difícil situación social y económica de buena parte de la población.