Marx imprescindible (3)

  • Nos explican que hay “que trabajar más y ganar menos”, dando la razón a Marx cuando explicaba que el desarrollo capitalista tendía a incrementar la explotación del proletariado
  • Marx y Engels fueron capaces de pronosticar el desarrollo futuro del sistema capitalista y en eso podemos distinguir el carácter científico de su análisis comparado con el de todos los hechiceros que defienden el sistema

Alberto Arregui y Jordi Escuer*

Desde el campo de la burguesía se afirma que, gracias al capitalismo, nunca había habido tanta gente saliendo de la pobreza, porque la mayoría inmensa de la población de los países desarrollados y emergentes gana más de 1,9 dólares al día, que es la línea de la pobreza. Es algo así como, “¿de qué os quejáis, si vivís mejor que vuestros tatarabuelos?”. Faltaría más, gracias al desarrollo económico y a la lucha de la clase trabajadora se han conquistado derechos que hubieran parecido un sueño: sanidad y educación públicas, sistema público de pensiones, seguro de desempleo, derecho a huelga…

Publicidad

Pero basta con ver lo que lleva sucediendo los últimos cuarenta años para ver que Marx tenía razón cuando afirmaba: “el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero”. Todas estas conquistas están siendo desmanteladas o amenazadas, sin excepción en el mundo desarrollado. Y son un sueño para los trabajadores en los países emergentes como China o la India.

Publicidad

También consideran inadecuadas las cifras que establecen el umbral de la pobreza2. Es curioso que quienes suelen defender esa postura, es poco probable que estuviesen dispuestos a vivir con semejante cuantía, aunque les parece razonable que eso sea así para los demás. Los consejeros ejecutivos de las empresas que cotizan en Bolsa se subieron el sueldo un 43% desde 2013, y no ganaban el SMI precisamente. Cobraron de media 1,56 millones de euros en 2017, una cifra que duplican los que trabajan para las 35 grandes compañías del ÍBEX, con 3,11 millones3. El hecho es que cada vez la desigualdad es mayor dando, de nuevo, la razón al marxismo.

Qué lejos quedan hoy las afirmaciones de que nos dirigíamos a una “sociedad del ocio y el bienestar”, un fenómeno que se suponía que iba a llevarnos cada vez a una sociedad con mejores condiciones de vida y más tiempo libre. Lejos de esa Icaria a la que nos iba a llevar el capitalismo, nos explican que hay “que trabajar más y ganar menos”, dando la razón a Marx cuando explicaba que el desarrollo capitalista tendía a incrementar la explotación del proletariado4. China y la India, proporcionan el proletariado más numeroso de la historia del capitalismo. Entre 1980 y el año 2000, el proletariado mundial se dobló. Más de mil millones de seres humanos se han incorporado al mecanismo de explotación capitalista.

Los partidarios del capitalismo ven en ese fenómeno una prueba del buen funcionamiento del capitalismo, y un argumento incontestable contra las tesis marxistas, pero lo cierto es que el salario habitual de los trabajadores y trabajadoras chinos o indios, es incapaz de garantizar unas condiciones de existencia dignas, y sufren una explotación atroz. El reflejo de ello es una movilización creciente en China durante más de una década, que ha conseguido ir arrancando algunos derechos y mejoras salariales5. En la India hemos vivido recientemente una huelga general con la participación de 180 millones de trabajadores6. Y, a propósito, con este panorama el hablar de la “desaparición de la clase obrera” es simplemente desconocer la realidad. Nunca había existido un proletariado tan numeroso a escala planetaria.

Las crisis cíclicas de sobreproducción del capitalismo

Cada vez que se produce un ciclo de auge de la economía capitalista aparecen voceros de la clase dominante que dan por acabadas las tesis de Marx acerca de las crisis cíclicas del sistema como parte sustancial del mismo. Y, cada vez que esto sucede, la Historia vuelve a reivindicar a Marx con una nueva crisis de sobreproducción. La descripción de las crisis que hacen Marx y Engels conserva una vigencia sorprendente:

Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas7.

Marx tiene el mérito de haber desentrañado el misterio de tal de las crisis de sobreproducción:

No se producen demasiados medios de subsistencia en proporción a la población existente; por el contrario. Se producen demasiado pocos como para satisfacer decente y humanamente al grueso de la población. No se producen demasiados medios de producción para ocupar a la parte de la población capaz de trabajar; por el contrario. (…) Pero periódicamente se producen demasiados medios de trabajo y de subsistencia como para hacerlos actuar en calidad de medios de explotación de los obreros a determinada tasa de ganancia. (…) No se produce demasiada riqueza. Pero periódicamente se produce demasiada riqueza en sus formas capitalistas antagónicas.”8.

La producción se detiene no allí donde esa detención se impone en virtud de la satisfacción de las necesidades, sino donde lo ordena la producción y realización de ganancias”9

El ciclo alza-recesión siguen existiendo, pero con una gran diferencia, cada vez más el capitalismo se convierte en un sistema incapaz de un crecimiento sano, ni siquiera en la parte alcista del ciclo: la explotación tanto de la clase trabajadora como el expolio de la naturaleza, se intensifican en ambos momentos con consecuencias sociales y ecológicas cada vez más insoportables.

Marx y Engels fueron capaces de pronosticar el desarrollo futuro del sistema capitalista y en eso podemos distinguir el carácter científico de su análisis comparado con el de todos los hechiceros que defienden el sistema. La tendencia imparable a la concentración de capital y la creación del mercado mundial, que hoy llamamos globalización, con la superación de las fronteras nacionales por este mercado son dos de las previsiones brillantes de Marx que se han ratificado.

Los monopolios son la forma del capitalismo actual y eso no tiene marcha atrás; la pequeña empresa no volverá, los recursos se concentran cada vez en menos manos. Un puñado de empresas controlan la economía de los países más poderosos del mundo. El “libre mercado”, el “laissez faire”, la no intervención estatal y todas esas monsergas liberales no son más que sombras del pasado. El capitalismo ha llegado a un callejón sin salida y está destruyendo las dos fuentes de la riqueza: el trabajo humano y la naturaleza.

También fueron capaces de prever el peso creciente del sector financiero y sus nefastas consecuencias. Para ellos, el dominio del capital financiero era la consecuencia natural del desarrollo del capital: “El sistema bancario, en lo que respecta a su organización formal y su centralización, es el producto más artificial y desarrollado a que haya llegado el sistema de producción capitalista en general… El carácter social del capital sólo puede aparecer y realizarse por entero gracias al pleno desarrollo del sistema de crédito y del bancario…”10. Veían en ese hecho una doble faceta: “Ello anula el carácter privado del capital, y contiene en potencia, pero sólo en potencia, la eliminación del capital mismo… Hace que la banca y el crédito sean el medio más poderoso para que la producción capitalista supere sus propios límites, y la convierte en uno de los vehículos más eficaces de las crisis y la especulación…”. Esta “supresión del modo de producción capitalista en su propio seno» hacía “renacer una nueva aristocracia financiera, una nueva especie de parásitos, en forma de promotores, especuladores y directores simplemente nominales» que propiciaba “todo un sistema de estafas y fraudes por medio de la promoción de corporaciones, de la emisión y el tráfico de acciones. Es la propiedad privada sin el control de la propiedad privada11.

La tarea sigue siendo transformar el mundo

Por supuesto, se han producido algunos desarrollos que Marx no consideró, o que tocó sólo de refilón, o que pensó que no llegarían al grado de desarrollo producido ya que la revolución socialista lo impediría, o que simplemente no tuvo tiempo, ni tampoco Engels, de desarrollar.

Y desde luego, aunque valoró la posibilidad de una revolución socialista en Rusia, la veía sólo como un eslabón de una revolución europea y, desde luego, lo que no podía prever era la degeneración estalinista de esa revolución, al igual que los primeros cristianos no podían prever ni evitar la Inquisición o que el Vaticano se convirtiera en un lupanar de simonía, degeneración y prevaricación. Culpar al marxismo de los regímenes monstruosos que conocemos con el nombre de “socialismo real”, es como culpar al filósofo atomista Demócrito de Abdera del asesinato en masa de la población de Hiroshima y Nagasaki.

Marx analizó el mundo capitalista y propuso una alternativa. Ese mundo, en lo esencial, sigue mostrando las mismas tendencias que puso al descubierto Marx y, por tanto, las alternativas, también en lo esencial, siguen siendo las mismas que propuso el viejo revolucionario, pues el problema de la explotación subsiste, la pobreza, la concentración de capital, la ley del valor, el plusvalor… o las crisis de sobreproducción. Que sus ideas hoy nos permitan comprender el mundo en el que vivimos, no sólo demuestran la genialidad del pensamiento marxista, sino también indican el callejón sin salida al que está abocada la izquierda intentando buscar en las ideas anteriores a Marx y Engels la alternativa. La tarea es, en última instancia, no enterrar sus ideas sino encontrar la manera de llevarlas a cabo, a la luz de las experiencias vividas. Los propios economistas burgueses están recurriendo a Marx para intentar entender y salvar su propio sistema. Nosotros debemos volver a estudiar el marxismo, pero para enviar este sistema, con todas sus secuelas destructivas, al basurero de la historia.

Lo que no pueden entender los economistas de cátedra, posmodernos y reformistas, es que Marx no era “un economista”, sino un revolucionario, no desarrolla una teoría económica de cátedra o de ministerio, para “resolver los problemas de gestionar el sistema” o elaborar un programa electoral reformista, sino que analiza la realidad para transformarla radicalmente y, por tanto, considera las fuerzas internas de la sociedad capitalista, sus contradicciones, y cuenta al elaborar su perspectiva con la capacidad de la clase obrera para transformar la sociedad y, sin duda, una de las cosas que demostró es que la acción consciente de la clase obrera es un factor económico, algo que sigue escapando a toda esa legión de economistas de cátedra. La médula de su filosofía se concentra en la tesis 11 sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Es más, puso sus ideas al servicio de su clase social, en la que tenía una confianza no mesiánica sino fundada en la racionalidad. En contra de la imagen deformada de autoritarismo que la derecha ha construido, al calor de la degeneración de la antigua Unión soviética, la concepción de Marx era profundamente democrática. Basta ver para ello el ejemplo de cómo se construyó la Asociación Internacional de los Trabajadores, que agrupó a todos los colectivos políticos que representaban a la clase obrera de la época, y cuyo estatutos, redactados por Marx, empezaban afirmando: “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase12. [El subrayado es nuestro]

En definitiva, el marxismo no es una doctrina cerrada, es un camino abierto, una concepción de la filosofía, de la economía política, de la historia, de la psicología, de la sociedad humana, de la cultura, que nos proporciona un método de análisis para desentrañar las relaciones humanas y el conocimiento de la naturaleza… y destacadamente para concretarse en un programa de transformación social que debe contrastarse con la realidad cotidiana. Un programa para alterar el eje de rotación de la sociedad humana poniendo la riqueza de la sociedad y el cuidado del planeta en manos comunes, eliminando la depredación privada, liberando toda la energía latente, pues en definitiva el socialismo es la propiedad común de la riqueza y su administración democrática, para ponernos en el camino de alcanzar ese ideal que resume el anhelo expresado por Marx y Engels: de cada cual, según sus posibilidades, a cada cual, según sus necesidades.

1 Alberto Arregui es miembro de la Coordinadora Federal de IU, y Jordi Escuer de la Coordinadora de IU Madrid. Ambos son promotores del Manifiesto por el socialismo, www.porelsocialismo.net

2 En 2016 el umbral de riesgo de pobreza para los hogares de una persona se ha establecido en 8.209 euros anuales y afectaba al 22,3% de la población que tenía unos ingresos inferiores a esa cuantía. El porcentaje que vive en riesgo de pobreza se eleva al 27,9 % (0,7 puntos menos que un año antes) si se utiliza el indicador Arope (siglas de At Risk Of Poverty or social Exclusión) que es el que figura en la estrategia Europa 2020 de la UE.

3https://www.infolibre.es/noticias/economia/2018/10/18/los_consejeros_ejecutivos_las_empresas_que_cotizan_bolsa_subieron_sueldo_desde_2013_87856_1011.html

4 En 2018 terminará con 192 millones de parados en el planeta, que equivale al 5,5% de la clase trabajadora mundial. Una cantidad casi idéntica a la de 2017 y que la OIT prevé que aumente en 2019. La OIT calcula que el 42% de los trabajadores y trabajadoras del planeta estaba en situación de vulnerabilidad (se considera así a quienes trabajan por cuenta propia o tienen un empleo familiar auxiliar). En los países llamados “en desarrollo” este alcanza al 76% del total y en los “emergentes” al 46%. Y la previsión es que esas cifras aumenten en los próximos años. Perspectivas Sociales y del Empleo en el mundo, 2018. Organización Internacional del Trabajo (OIT)

5 En los últimos 10 años, los conflictos laborales han aumentado un 25% anual, lo que ha supuesto que el salario medio haya crecido un 17% al año entre 2009 y la actualidad. En 2016 ese salario medio era 5 veces más alto que en 2001. Aun así, los salarios en las ciudades del litoral rondan los 200 euros mensuales, cayendo a la mitad en el interior. Esos aumentos, sobre todo entre los niveles salariales más bajos, se han visto erosionados por el aumento del coste de la vida.

En la espiral de la energía, volumen I, página 56.

6 http://www.sinpermiso.info/textos/india-la-mayor-huelga-general-del-mundo

7 Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Frederich Engels, 1848.

8 El Capital, Carlos Marx. Libro Tercero, Volumen 6. Página 331 Siglo XXI

9 El Capital, Carlos Marx. Libro Tercero, Volumen 6. Página 332 Siglo XXI

10 El Capital, tercer libro, Capítulo XXXVI, Carlos Marx.

11 El Capital, tercer libro, Capítulo XXVII, Carlos Marx.

12 Estatutos Generales de la Asociación Internacional de Trabajadores, 1864.