Un mes de Bolsonaro

  • Para el Partido de los Trabajadores el futuro nombramiento de Moro corrobora la hipótesis de que el PT estaría sufriendo una persecución y Lula sería un preso político
  • No se podrán discutir temas de género y sexualidad en las escuelas a fin de evitar la “sexualización precoz” de los alumnos

El 28 de octubre de 2018 Brasil eligió a Bolsonaro como su nuevo presidente. Hace un mes de esta decisión histórica y, como no podía ser de otra forma, este mes ha estado cargado de polémicas. El 1 de enero de 2019 será la toma de posesión del nuevo presidente pero los periódicos brasileños cada día nos despiertan con nuevos titulares a cada cual más impactante. La política en este gigante tropical no es apta para los que tienen problemas cardiacos.

Que sí, que no, que todo lo contrario

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La estrategia de Bolsonaro hasta ahora ha sido ir lanzando una serie de informaciones sobre su futuro gobierno para medir la reacción de la prensa y la opinión pública y así, tanteado a la sociedad, ir dando pasos adelante. Método de prueba y error. Primero dijo que extinguiría el Ministerio de Trabajo, para ahorrar gastos con la máquina burocrática. La reacción fue negativa y volvió atrás. Después, que juntaría los Ministerios de Medio Ambiente y Agricultura.

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La reacción fue peor todavía. El campo brasileño todavía no ha pasado por una reforma agraria y se encuentra altamente concentrado en manos de latifundistas que tienen su propio grupo parlamentario, la “bancada del agronegócio”. Juntar este poderosísimo lobby con la pasta de Medio Ambiente significaría que los ecosistemas brasileños estarían cada vez más desprotegidos de las embestidas de madereras, ganaderos, explotación de minas, etc. Y cuando hablamos de naturaleza en Brasil, hablamos de los pulmones del planeta, no es poca cosa. Bolsonaro volvió atrás, pero no mucho. Habrá dos ministerios separados, pero al frente del de Medio Ambiente se manejan nombres insignificantes, a la par que para el de Agricultura ya ha sido indicada la diputada Tereza Cristina, la actual presidente del Frente Parlamentario de la Agropecuaria, o sea, la agricultura familiar, los asentamientos del Movimento Sem Terra (MST) o las tierras indígenas, estarán muy amenazadas por esta configuración.

Sergio Moro, de juez estrella de la operación Lava Jato, a nuevo Ministro de Justicia

La formalización de la indicación de Moro ha levantados reacciones de todos los lados. Muchos juristas, como por ejemplo el exministro de Justicia del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, José Carlos Dias, o el ex presidente del Tribunal Supremo, Ayres Britto, critican el malabarismo político del juez responsable por la Lava Jato, argumentando que compromete la credibilidad de la operación, su continuidad y su supuesta neutralidad partidaria. Desde el impeachment de la expresidenta Dilma Rousseff la máquina comunicativa del PT apuesta en el discurso del golpe, apuntando a la partidarización de la Lava Jato y la politización del proceso.

La presidenta del PT, la senadora Gleisi Hoffman, declaró, después de la indicación, que “Moro ayudó a elegir a Bolsonaro, ahora lo ayuda a gobernar”. Para el Partido de los Trabajadores el futuro nombramiento de Moro corrobora la hipótesis de que el PT estaría sufriendo una persecución y Lula sería un preso político. Incluso el aparato jurídico petista ha entrado con una petición de Habeas Corpus para el expresidente con este argumento. El periódico británico The Times resumió bien esta lógica: “Jair Bolsonaro promete alto cargo al juez que metió en la cárcel a su rival”. Sin embargo, la mayoría de la población asume muy positivamente el nuevo papel de Moro por lo que el nuevo Ministro contará con una base de apoyo social amplia. Una de las cuestiones que más impacto tuvieron en la victoria de Bolsonaro fue el populismo anti-corrupción y la exaltación de la Lava Jato como agenda que debería transformarse en política de Estado. En incontables ocasiones el juez Moro era presentado para la opinión pública como el superhombre que combatía incansablemente la corrupción y por tanto un símbolo de ética y honestidad. Lula en la cárcel y Moro como ministro de Justicia es la victoria más contundente hasta ahora para la nueva gestión.

Escuela sin Partido

Durante toda la campaña de Bolsonaro hubo una obsesión por centrar la agenda en temas morales recuperando un cierto fundamentalismo cristiano y una política enfocada en la familia, la patria y los valores tradicionales. Una de las cuestiones más trilladas fue la idea de que la enseñanza pública sería fuertemente ideológica, los profesores de escuelas y universidades públicas serían doctrinadores de izquierda. Una supuesta politización excesiva de las clases que intenta ser combatida con el proyecto de ley Escola sem Partido, que está tramitando en el Congreso. La redacción del proyecto incluye la necesidad de una enseñanza técnica, ideológicamente neutra y no politizada. Por otra parte, no se podrán discutir temas de género y sexualidad en las escuelas a fin de evitar la “sexualización precoz” de los alumnos.

Así mismo, el proyecto incluye que se establecerán canales anónimos de denuncia para que los alumnos puedan denunciar a los profesores que utilicen las clases para “doctrinar”. Un proyecto retrógrado, absurdo y fundamentalista que ya ha encontrado obstáculos firmes en toda la prensa, los intelectuales, los rectores de las mayores universidades del país y el propio Tribunal Supremo que decidió, por unanimidad, que la libertad de cátedra era un derecho inviolable. Un proyecto de ley que con gran probabilidad será declarado inconstitucional, pero la polémica social ya está sobre la mesa porque el futuro Ministro de Educación del gobierno Bolsonaro, Ricardo Vélez Rodríguez, colocado en el puesto con la bendición de los grupos evangélicos del Congreso, es adepto de esta locura. Según él, muchas escuelas públicas son antros de “doctrina marxista”

Los delirios del futuro Ministro de las Relaciones Exteriores

El diplomático Ernesto Henrique Fraga Araujo, ha sido ha sido el centro de la última polémica. Indicado como futuro ministro de Relaciones Exteriores, Araujo es un diplomático irrelevante, con una visión nacionalista y anti-globalista permeada de fundamentalismo cristiano. Para él, Trump es el ejemplo mundial a seguir y la globalización tiene que ser fuertemente combatida. En su propio blog, se presenta de esta forma: “quiero ayudar Brasil y el mundo a liberarse de esta ideología globalista. Globalismo es la globalización económica que pasó a ser conducida por el marxismo cultural. Es un sistema antihumano y anticristiano” Así mismo en varios artículos escritos por él dice que la política y las relaciones internacionales deben recuperar el papel de Dios en la Historia en lo que denomina una Teopolítica que coloque de nuevo Occidente como el motor de la Historia. Los miembros de Itamaraty, el nombre dado en Brasil para el Ministerio de Relaciones Exteriores, están escandalizados y ya protestan por este nombramiento que consideran peligroso para el desarrollo de las relaciones internacionales brasileñas, un país que siempre se ha caracterizado por el alto nivel de sus diplomáticos.

Todo esto en un mes. Bolsonaro ha adoptado la controversia como su gran estrategia. Últimamente sólo se comunica al estilo Trump, twitteando sus decisiones y confrontándose con la prensa a la que descalifica e ignora siempre que puede. Llegó a decir que la prensa hace activismo, miente y que no tendrá más fondos del Gobierno. La Folha de São Paulo, el mayor periódico brasileño, ya ha sido víctima de varias declaraciones vejatorias del futuro presidente como que “estaría acabado”. Algunos analistas ya están diciendo que el estilo de crear polémicas es una táctica planificada para que las medidas económicas impopulares que están por llegar no sean el centro de las atenciones. Si es así, la jugada es muy arriesgada. Veremos cómo la aguanta.