Pedro Sánchez ya no quiere ser antiespaña

  • Sánchez establece un cordón sanitario con el independentismo en las negociaciones para formar Gobierno

“Masona, judía, cristiana, pagana y moruna. Máter España, más guapa que ninguna”.

Año 2005, Joaquín Sabina sacaba el álbum Alivio de Luto, con esta canción: Máter España. Sabina homenajeaba a una España inclusiva y progresista, un tema ácido que contrastaba la constante tensión entre la mirada al futuro y al pasado: “Fibra óptica y ladillas”. En el 2004, un año antes, el PSOE había vuelto al Gobierno de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero: matrimonio homosexual, retirada de las tropas de Irak… Medidas progresistas, optimismo en buena parte de la sociedad tras los ocho años aznarianos.

Año 2005: referéndum sobre la Constitución Europea. Poca oposición social al ‘sí’. Optimismo y europeísmo mainstream. Medios madrileños de derechas alentaban, mientras, a una oposición desde las calles que marcara el paso al PP: manifestaciones masivas organizadas por la ultraderecha y el ultracatolicismo contra el diálogo con ETA, Estatut de Catalunya, matrimonio homosexual… El cantautor de Úbeda recitaba una España progresista, que habla distintos idiomas, plurinacional, osaba robar la palabra ‘España’ a la derecha, tradicional dueña de este concepto con regusto conservador.

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España y la antiespaña. Finales del Siglo XIX, frente a los intentos progresistas, basados en el conocimiento, la cultura y la razón de modernizar España y su sociedad por parte de intelectuales como Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, embrión de la II República, la reacción católica e identitaria de Marcelino Menéndez Pelayo. Espíritu de la Contrarreforma transmitido en el ADN de la historia, por los siglos de los siglos, amén.

Espíritu recogido con soflama popular de la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas francesas (1808-1814), teorizado y moldeado por las diatribas intelectuales durante el XIX a la sombra del romanticismo y su exaltación del nacionalismo. Y la crisis del 1898, pérdida del brillo español en el mundo, crisis de identidad, auge de nacionalismos periféricos. Lo recoge José Álvarez Junco en su Máter Dolorosa: la idea de España en el Siglo XIX (Taurus, 2001). Máter España, dolorosa.

Miguel de Unamuno y el general Millán Astray, 12 de octubre de 1936, protagonizan una airosa y conocida discusión en la Universidad de Salamanca. Era el Día de la Hispanidad, ¿o el Día de la Raza? La Guerra Civil había comenzado. El golpe de estado franquista se había producido en julio de ese año, ¿o el Alzamiento Nacional? Las tropas golpistas ganaban posiciones, ¿o el bando nacional? La dictadura franquista se impondría tras la derrota republicana tres años después y se mantendría en el poder durante décadas sobre ideas nacional-católicas. Frente a esto, la oposición democrática en el exilio interior o exterior, ¿o era un contubernio judeomasónico? La antiespaña.

Hace poco más de un año, Pedro Sánchez llegaba a la Moncloa tras una fructífera moción de censura que jubilaba a Mariano Rajoy de la política. Los votos de Unidos Podemos, de nacionalistas e independentistas vascos y catalanes fueron necesarios para ello. En las votaciones, a favor o en contra, de la moción, se vislumbraban “dos Españas”. Las derechas y ultraderechas de PP, Ciudadanos y Vox (entonces extraparlametaria) iniciaban una cruzada contra Sánchez y el PSOE situándole como aliado de independentistas, comunistas y populistas.

Sánchez había apostado por el diálogo con Catalunya, la derecha se lo reprochaba en cada intervención parlamentaria. Llegó diciembre, Andalucía, Vox irrumpía en el Parlamento andaluz con 12 diputados. El PSOE, que parecía apostar por el entendimiento entre esas “dos Españas”, pactaba un acuerdo presupuestario de marcado carácter social con Unidos Podemos. Disimulaba con llevar el diálogo territorial hasta las últimas consecuencias: el relator. Entonces llegó Colón, el personaje histórico artífice de la mayor expansión de la hispanidad por el mundo, ¿o de la raza?; la plaza madrileña que acogería una manifestación conjunta de las tres derechas y ultraderechas el 10 de febrero, una manifestación masiva, pero no tanto como se esperaba.

Sánchez había anunciado que convocaría elecciones anticipadas. Unas elecciones que serían el 28 de abril, y que estuvieron marcadas por la altísima participación. El PSOE obtendría un 28,7% de los votos, 7,5 millones, y 123 diputados. Lejos de la mayoría absoluta, 176, el PSOE tiene una posición privilegiada al sacarle de diferencia 57 diputados a la segunda fuerza, el PP.

Ronda de consultas con el rey en Zarzuela de esta semana. Tras escuchar a la mayoría de portavoces de las distintas fuerzas políticas (ERC y Bildu no asisten al no reconocer a Felipe VI como interlocutor válido dadas sus aspiraciones republicanas), el jefe del Estado encarga a Sánchez la formación de Gobierno. En enero de 2016, Rajoy renunciaba a presentarse a la investidura y sometía a la Casa Real a un momento de máxima tensión constitucional. El país estaba bloqueado por una crisis de gobernabilidad y, si no había un debate de investidura, no comenzaba el cronómetro a contar dos meses para que hubiera una repetición electoral, como finalmente hubo ese mes de junio. Sánchez aceptaría el encargo del rey, evitándole un problema en un momento en el que la monarquía estaba en horas bajas por diferentes crisis sucesivas.

Hoy, Sánchez ya ha aceptado el encargo de presentarse la investidura, a pesar de no contar con una mayoría acreditada, y salva a Felipe VI de una situación tensa como la de 2016. Sánchez no tiene mayoría y no ha mantenido contactos con los líderes de las otras formaciones políticas, los tendrá la próxima semana: Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado. Sánchez, reacio a pactar con Unidas Podemos un gobierno de coalición, sometiendo a Iglesias a un estrés añadido: tiraría por la borda su estrategia de ser fuerza necesaria para conseguir un gobierno de izquierdas. El momento de Podemos y de su líder es delicado, cada vez más voces críticas ponen en duda su liderazgo y piden una reflexión de partido, un Vistalegre III.

Sánchez ha creado un cordón sanitario a la hora de establecer contactos con los independentismos y con la ultraderecha de Vox. Así se muestra en Barcelona, donde Ada Colau ha aceptado someterse a la investidura como alcaldesa contando con los votos del PSC y de Manuel Valls. El PSC se ha negado a sentarse con Ernest Maragall, candidato de ERC, el más votado, para explorar una opción de gobierno de las tres izquierdas, un tripartit (ERC, Barcelona En Comú y PSC) que rompiera con la política de bloques en Catalunya. ERC paga las consecuencias la decisión de impedir que Miquel Iceta pudiera ser presidente del Senado. El establishment mediático madrileño, que tanto ha criticado a Colau durante la pasada legislatura, le pone alfombra roja para evitar que el independentismo toque el bastón de mando en la capital catalana.

La otra cara de la moneda: con esta operación, Unidas Podemos se separa también de la visión, en el resto del Estado, que le acercaba al independentismo por su constante apuesta por el diálogo.  Colau apuesta por alejar el ayuntamiento del procesismo y por proseguir con una agenda política de marcado carácter social, pero puede quedar enfrascada en el bloque autodenominado constitucionalista junto a PSC y Valls.

Navarra es el otro punto caliente. Ferraz aprieta para que el PSN, segunda fuerza política tras las autonómicas del 26 de mayo, facilite con una abstención un gobierno de la coalición de las derechas y ultraderechas de PP, UPN y Ciudadanos bajo el nombre Navarra Suma. El PSN podría gobernar, sin embargo, con los votos de Geroa Bai, Unidas Podemos, Izquierda-Ezkerra y la abstención de Bildu. El PSOE no quiere oír hablar de gobernar con la abstención de Bildu. Estaría dispuesto a no gobernar la Comunidad Foral y entregársela a la coalición derechista enfrentándose a la federación navarra socialista. A cambio, UPN podría abstenerse con sus dos diputados en el Congreso en favor de facilitar una investidura de Sánchez.

Sánchez huye del bloque de la antiespaña, dibujado así por las derechas y ultraderechas durante tanto tiempo. Ese bloque creado en el imaginario mental durante el último año por parte de la prensa derechista madrileña. Sánchez huye de la mayoría plural y plurinacional de la moción de censura. El rey respira aliviado, Sánchez le vuelve a sacar del laberinto de la ingobernabilidad y se presentará a la investidura. Cordón sanitario del PSOE hacia el independentismo, además de una aparente bofetada a Unidas Podemos, al alejar, de momento, la posibilidad de gobierno conjunto.

Emiliano García-Page, socialista reelegido presidente de la Junta de Castilla-La Mancha con mayoría absoluta, mueve la bandera de un posible entendimiento entre el PSOE y Ciudadanos. El espíritu de Susana Díaz regresa al PSOE, sin Díaz, que deshoja la margarita en Andalucía. La “E” de las siglas del partido brilla con reflejos rojigualdos. El PSOE quiere volver a ser el partido-España, mima al rey y a la derecha mediática y política para que no se le relacione con la antiespaña. Antiespaña, durante el franquismo: asimilación por parte del régimen dictatorial de un “enemigo interior” compuesto por el anticlericalismo, los nacionalismos separatistas y el movimiento obrero. Un contubernio.

El rey. Felipe VI frunce el ceño cuando la bandera española queda torcida tras la izada durante el desfile militar del Día de las Fuerzas Armadas en Sevilla. Poco después, la Fiscalía se reafirma en su argumentación provisional anterior al desarrollo de las sesiones en el Tribunal Supremo del juicio a los independentistas. Rebelión, y en la exposición hace referencia al discurso pronunciado por el jefe del Estado el 3 de octubre de 2017, dos días después del 1-O. La Fiscalía pronuncia: «Golpe de estado». La bandera española no quedará torcida en la próxima izada ante el monarca. Sánchez ya no quiere ser tachado de antiespaña. Brilla España por Ferraz.

«Huérfana España. Raíces y cimientos, epidemias, cicatrices, blasfemias y sacramentos. ¿Por quién doblan las campanas? San Fermín en vena. La de Triana contra la Macarena».