Ultras tras el espejismo liberal de Ciudadanos

  • Después de las elecciones, el partido de Albert Rivera está mostrando pocos escrúpulos para pactar con Vox en las distintas instituciones
  • Análisis sobre cómo desde sus orígenes en Catalunya la formación naranja no ha tenido problemas para compartir espacios con la extrema derecha

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Xavier Puig

La campaña de márketing que rodeaba a Ciudadanos desde sus inicios en Catalunya situaba al partido de Albert Rivera como un centro derecha moderado. Una apuesta social liberal que venía a renovar los partidos del establishment. Una tercera pata entre PP y PSOE. Era un buen principio pero la formación naranja entendió que el nicho de donde recogería mayores cuotas de voto era el anticatalanismo.

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En la práctica, un contexto como el catalán –donde el ultraespañolismo ha sido propiedad casi exclusiva de la derecha-, ha llevado a Ciudadanos a situarse, en muchas ocasiones, en un espacio político donde las fronteras con la extrema derecha no están nada claras. Sin ser parte de este espectro, no les ha molestado compartir espacios con ellos cuando lo han necesitado. Una situación que ahora empieza a hacerse plausible en el Estado español y que hasta la fecha no parece haber generado grandes incomodidades a Rivera.

Dinero pro-vida

Quizá, la primera y más destacada vez en que estas relaciones se hicieron evidentes fue durante las elecciones europeas del año 2009. Por aquel entonces, un Ciudadanos con solo tres años de vida y otros tres diputados en el Parlament de Catalunya firmó un pacto con la formación ultraderechista Libertas. Más allá del fracaso electoral (22 mil votos y solo un 0,14% del total de papeletas en el Estado), cabe destacar que la candidatura entraba dentro de los planes europeos del millonario irlandés Declan Ganley para crear un lobby pro-vida europeo. Ultracatólico y euroescéptico, financió abundantemente la candidatura de Rivera a cambio de que se convirtieran en su sucursal, la de Libertas, en el Estado español. Todo, claro, con el beneplácito del presidente del Grupo Intereconomía Julio Ariza que urdió la trama para unir a Rivera, Ganley y Miguel Duran, presidente de ONCE, que fue el candidato.

En declaraciones a El Plural, un fundador de Intereconomía, Enrique de Diego, explicaba que  “dinero hubo. Y no poco (…) La clave es que iba a haber dinero, mucho dinero, que Declan Ganley, el irlandés, como se le denominaba, con alborozo esperanzado, en los pasillos del Grupo Intereconomía, era inmensamente rico. Eso iba a catapultar a Intereconomía”. El suplemento de El Mundo, Crónica, detallaba que el magnate había “prometido poner entre dos y tres millones para la campaña” y recogía unas declaraciones de Rivera según el cual “cuando se pone sobre la mesa esa cantidad de dinero te lo planteas”.

La operación salió mal, no solo por los números, sino también porque comportó las críticas de algunos de los impulsores de la formación y la dimisión de dos de los tres diputados que el partido tenía en el Parlament de Catalunya. No fueron las únicas bajas del partido esos días. Una página negra que los de Rivera han intentado dejar atrás en su historia.

Candidatos municipales

Más allá de las relaciones de partido, el hecho de abrazar sin complejos el españolismo más radical en Catalunya, atacando consensos como la inmersión lingüística –a principios de siglo no discutida ni tan solo por el PP-, ha llevado a Ciudadanos a recoger militancia procedente de la extrema derecha.

Según recoge el periodista Jordi Borràs en Crític, una de las primeras relaciones del partido de Rivera con la ultraderecha se remonta ya a los orígenes del partido. Se trata de Jaume Farrerons, exmilitante de la Falange Auténtica y, poco antes de incorporar-se a C’s, secretario general de la xenófoba Plataforma per Catalunya (PxC) y responsable de su Declaración Programática en el Congreso Fundacional del Partido. Farrerons duró poco en el partido y en 2013 volvió a incorporarse a PxC.

La fuente de entrada de estos perfiles han sido, especialmente, las listas electorales para los comicios municipales. El caso más destacado es el del ultra Juan Carlos Ferrando que en 2011 fue cabeza de lista de Ciudadanos en Mataró, la octava ciudad más poblada de Catalunya. No era la primera vez que Ferrando encabezaba una lista electoral. En 1979 fue número uno en la lista de la Falange Auténtica y de las JONS. Conocedor de este extremo, Ciudadanos no solo decidió no expulsarlo del partido sino que en 2015 repitió en la candidatura mataronense de la formación, esta vez como número dos.

La mayoría de casos destacados se concentraron en 2015, con el partido en auge. En la segunda ciudad más poblada de Catalunya, el Hospitalet de Llobregat, la formación naranja ubicó en los puestos seis y diez de la lista a dos antiguos militantes de la xenófoba Plataforma per Catalunya, Montserrat Martínez y Javier González Borreguero. Después que la información trascendiese a los medios de comunicación, el partido de Rivera se vio obligado a echarlos de la lista. Una operación que tuvo que repetir en más de cincuenta ocasiones en todo el Estado español. En Cataluña, sobre todo, por lo que hace referencia a personas procedentes de PxC. Es un ejemplo destacado el número 13 de Vilassar de Mar (Barcelona) en 2015, Juan Carlos Serrano Gil. Antes de engrosar y ser expulsado de la lista de Ciudadanos, fue número 1 de la lista de PxC en Pineda de Mar (Barcelona) en 2011 y coordinador del partido en la comarca del Maresme. A pesar de caer de la lista, Serrano estuvo en el Hotel Catalonia durante el acto inicial de la campaña de las elecciones al Parlament de Catalunya del 27 de septiembre de 2015.

También en las elecciones municipales de 2019 se dio un caso similar en Roquetes (Tarragona) según una información de El Món la número cuatro de la lista naranja tiene un pasado como candidata de PxC. Cabe recordar que recientemente PxC se disolvió para integrarse en Vox. Según eldiario.es uno de cada cuatro candidatos del partido de Abascal en Cataluña proviene de la formación xenófoba.

Otros partidos de la derecha también vieron como algunos de sus ex pasaron a engrosar las listas de Vox. Ciudadanos no quedó eximido de eso. Los dos primeros puestos de la lista de Vox en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) eran los antiguos candidatos de Ciudadanos. En Salou, los dos primeros fueron candidatos del partido de Rivera para el Parlament en 2017 y el Senado en 2016, respectivamente. También tenían pasado naranja el número 2 y 3 por Sabadell (Barcelona) el 2 y el 5 por Reus (Tarragona) o el 3 por Mataró (Barcelona), entre otros.

Fuera de los casos electorales, es destacable también el hecho que el encargado de valorar las elecciones del 21D en la radio local por parte de la sección local del partido naranja en Calella (Barcelona) fuera el candidato de PxC en la misma ciudad el año 2015.

Amistades peligrosas

No se trata solo de personas de perfil ultra que se suman a las listas municipales o que aparecen en carpas del partido. La relación de Ciudadanos con la ultraderecha va más allá. Sin significar eso que sean sus líderes o la formación de extrema derecha, hay casos concretos que demuestran cómo no les molesta coincidir, colaborar y hasta elogiar personas de este espectro político. Es el caso del exdirigente de Fuerza Joven y miembro de Fuerza Nueva, el abogado Josep Maria Fuster Fabra. A pesar de no ser militante ha participado en múltiples actos del partido y es una de las voces de la formación en los medios de comunicación.

Esto, en Catalunya, se ha hecho plausible, sobre todo en las manifestaciones del 12 de octubre –día de la Hispanidad- o aquellas organizadas contra el independentismo durante el auge del “Procés”. En Colón toda España vio como Rivera y Abascal coincidían en primera fila de una protesta. En Barcelona la imagen de los naranjas compartiendo manifestación y incluso cabecera con formaciones de ultraderecha –desde la mencionada PxC a Vox o Hogar Social Madrid- no solo no es novedad, sino que casi se puede decir que se trata de un hecho rutinario.

Un fenómeno que ha ido a más con la polémica de los lazos amarillos. El control de los comandos quita-lazos se lo han disputado PxC, la neonazi Democracia Nacional, Vox y Ciudadanos. O en el movimiento Tabarnia, dónde los de C’s han ido a remolque de la ultraderecha en muchas manifestaciones como la del 2 de junio de 2018 en Mataró. Y las manifestaciones del sindicato policial Jusapol reivindicando la intervención policial del 1 de octubre. En la del 29 de octubre de 2018 en Barcelona, los diputados de Ciudadanos Jean Castel y Matías Alonso coincidieron con el Secretario General de Vox Ortega Smith y otros miembros de PxC ahora en el partido de Abascal.

La porosidad entre la derecha convencional y la extrema derecha no es nada nuevo en Catalunya. Tampoco en el Estado español. Que esto se haya hecho más visible o haya ido en aumento se explica, sobre todo, por la actuación de dos entidades que han devenido el magma unificador de todo el españolismo catalán. Se trata de Societat Civil Catalana (SCC) y la entidad historicista ultraderechista Somatemps, situada en la génesis de la anterior. El primer presidente de las dos entidades fue Josep Ramon Bosch que en 2015 fue denunciado por mantener una cuenta de Youtube con vídeos filofascistas y ha colaborado en La Contra Deportivo, un portal digital de información deportiva sobre el RCD Espanyol dirigido por el exsecretario general de PxC Roberto Hernando. Bosch, que recientemente fue de nuevo presidente de SCC hasta el mes de junio de 2019, está también tras la operación que pretendía llevar a Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona de la mano de Ciudadanos.

En los orígenes de las dos entidades está también el historiador ultraderechista Javier Barraycoa, exdirigente y militante de Comunión Carlista Tradicionalista de Cataluña y actual presidente de Somatemps. Barraycoa, conocido por participar en actos filofranquistas, fue uno de los invitados a participar en el V Campus Joven de Ciudadanos celebrado el año 2013. En su presentación, el entonces dirigente del partido naranja Jordi Cañas elogió ampliamente al historiador del que dijo “es una persona que en una sociedad normalizada debería ser una de aquellas personas de referencia que participan del debate público”.

Frente a todo eso, pocos son los que en Catalunya se sorprenden que Ciudadanos rompa el cordón sanitario contra la extrema derecha y pacte con Vox en distintas instituciones del Estado español como en la Junta de Andalucía o los ayuntamientos de Badajoz o de Palencia. Poco a poco, el espejismo liberal de los de Albert Rivera se desvanece, dejando al descubierto que el españolismo como único fundamento ideológico inamovible.

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