Escenario de campaña electoral (o farol) para reiniciar las negociaciones

  • PSOE y Unidas Podemos se reunirán el jueves para buscar puntos de encuentro
  • Ciudadanos retoma el discurso de la regeneración contra la corrupción tras el viraje ultraderechista

“Promesas, promesas, promesas, palabras bonitas en campaña que después no se cumplen”. La jornada política de ayer la iniciaba el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en una entrevista en TVE. Un par de horas después, en la significativa estación de Chamartín de Madrid, epicentro de una de las mayores operaciones urbanísticas que definirán el futuro de la capital, Pedro Sánchez presentaba un documento con 370 medidas “para un gobierno progresista”.

Los ministros sentados en primera fila y la plana mayor de Ferraz aplaudían al líder socialista en un acto con escenografía propia de pistoletazo de salida de una campaña electoral que nunca acaba. Iglesias se había anticipado, “palabras bonitas en campaña que después no se cumplen”. El ambiente huele a campaña electoral, a elecciones en noviembre. Precisamente por eso, porque a principios de verano se corroboró la hipótesis de que en la política española las cosas no tienen por qué ser como parecen, no se puede descartar que finalmente haya acuerdo. Unidas Podemos cierra filas en torno a Iglesias. Las diferencias que se pudieron observar en julio entre las distintas formaciones del grupo confederal se limaron, al menos por el momento, en agosto.

Pero el ambiente es de campaña electoral, real o ficticia. Ayer, baño de masas, de las propias, de Sánchez, que no inicia hasta el último momento las negociaciones con su “socio preferente”, Unidas Podemos, para conseguir los apoyos necesarios antes del 23 de septiembre y formar gobierno. En esa fecha, automáticamente se disuelven las Cortes Generales y se convocarán comicios para el domingo 10 de noviembre. Serían las cuartas generales en cuatro años, señal de una inestabilidad política que preocupa a los poderes presentes más allá de los partidos.

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Iglesias madrugaba y marcaba el terreno, sabedor de que la oferta que el PSOE pondría encima de la mesa será costosa para Unidas Podemos. El PSOE quiere acorralarles: un programa de medidas programáticas de marcado carácter progresista y social; la posibilidad de entrar a Unidas Podemos en altas instituciones del gobierno, pero ni hablar del Consejo de Ministros; acuerdos de control del pacto programático…

El PSOE prepara el terreno, "una oferta que Unidas Podemos no puede rechazar", dirán… ¿O es al contrario? ¿Un recule para acercar posturas a que Unidas Podemos pueda estar en el Gobierno, tal y como el propio Sánchez estuvo dispuesto a aceptar en julio, tras las palabras gruesas de agosto? ¿Escenografía de campaña electoral que acaba de comenzar o escenografía de farol para decirle a Unidas Podemos que van en serio con una posible repetición electoral? ¿O presión para los de Iglesias en la próxima negociación? "Con una propuesta de marcado carácter social, ¿el grupo confederal no facilita la investidura por los “sillones”?", dirán desde Ferraz. Iglesias marcaba, desde buena mañana, la respuesta: “Palabras bonitas en campaña que después no se cumplen”.

La campaña electoral, si se llegara a ejecutar, no será amable, como sucedió en abril, entre las dos formaciones. El Iglesias que servía de apoyo a Sánchez durante los debates electorales ante las furibundas derechas y ultraderechas no estará. Iglesias será más crítico que nunca con los socialistas. Ayer, Iglesias subía el tono: "se me puede humillar a mí, pero no a los votantes". "Humillación", a la ofensiva. Y las encuestas de los últimos días no son tan halagüeñas con el PSOE como lo fue el CIS. Tras un agosto sin CIS, Sigma Dos y NC Report señalan, con variantes, un panorama similar al actual, en caso de repetición electoral: PSOE y Unidas Podemos tendrían que entenderse para conformar gobierno.

Carmen Calvo ya destapaba, un día antes, también en TVE, el fantasma de la pinza. “De pinzas de la izquierda minoritaria y la derecha sé mucho, porque soy andaluza”, aseguró la vicepresidenta en funciones durante la entrevista. Es el mensaje que prepara el PSOE para la campaña: hay elecciones porque Iglesias, junto a la derecha, ha vuelto a impedir que haya un gobierno socialista.

Al mismo tiempo, repite públicamente declaraciones cada vez más duras contra el independentismo, cortándole el camino a las derechas y ultraderechas que durante los últimos meses se han hartado de poner a los socialistas en el mismo saco de “separatistas y bilduetarras”. “La banda de Sánchez”, motivos para que Albert Rivera no repita esta expresión.

Mientras tanto, en la derecha, el PP ensaya el abrazo del oso con Ciudadanos y Vox. España Suma, las derechas y ultraderechas unidas para evitar la victoria de Sánchez. Rivera, empecinado en ser el líder del flanco diestro del panorama político español, no quiere ser el segundo de Pablo Casado, aunque se abre la posibilidad de un acuerdo de coalición para el Senado. Quizás en algunas provincias… Pero no en las provincias más pobladas, donde Ciudadanos quiere disputarle el partido al PP.

En Madrid, Ignacio Aguado se desmarca de Isabel Díaz Ayuso y dice que facilitará una comisión de investigación en la Asamblea por el caso de Avalmadrid. Por otro lado, Francisco Lobo, secretario general técnico de la Consejería de Sanidad, que aparece en el listado de los investigados en el caso, junto a Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, fue cesado ayer por Díaz Ayuso. Ciudadanos intenta marcarse este tanto.

La formación naranja, tras comprobar que el viraje ultraderechista no le ha funcionado en las encuestas, vuelve a disimular un discurso regenerador tras el desgaste sufrido por mantener en gobiernos autonómicos al PP tras sonados casos de corrupción: Madrid, Murcia, Castilla y León… “España suma, la corrupción resta”, argumentaba esta semana el propio Rivera. Llega septiembre, fuego cruzado entre partidos políticos. Huele a campaña, o a farol de campaña.