ORIENTE MEDIO

Qasem Suleimani: un misil a la línea de flotación del régimen iraní

  • El asesinato por EEUU de Suleimani se da cuando el régimen iraní vive sus momentos de mayor debilidad

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La República Islámica de Irán no atraviesa por uno de sus mejores momentos. En plena expansión por Oriente Medio, está viviendo las mayores revueltas populares contra esa política expansiva, precisamente entre las poblaciones chiíes que debieran ser la base social de ese régimen integrista.

En primer lugar, nos encontramos con la oleada de disturbios sin precedentes dentro de Irán durante el pasado mes de noviembre que han afectado a toda la geografía y sectores sociales del país. Por otro lado, en la mitad sur de Irak, habitada mayoritariamente por chiíes, se suceden desde comienzos de octubre unas manifestaciones multitudinarias que ya han provocado medio millar de muertes y una grave crisis institucional que ha dejado a Irak sin Presidencia y sin primer ministro.

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En este país, pieza clave para la política exterior de Irán, los manifestantes han llegado a asaltar e incendiar el consulado iraní de Najaf, ciudad santa y principal destino de las peregrinaciones para la segunda de las ramas del islam, además de atacar las sedes de las milicias y partidos pro-iraníes en protesta por la creciente influencia iraní en los asuntos de Irak.

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No es, por lo tanto, aleatorio el momento elegido por Estados Unidos para asesinar al general Qasem Suleimani y a su mano derecha, Abu Mahdi al Muhandis, jefe de las Brigadas Hezbolah (Partido de Dios), grupo “hermano” del Hezbolah libanés y que está integrado por unos 10.000 combatientes.

Qasem Suleimani era el responsable de la organización Al Qods (Jerusalén), división exterior de los Pasdaranes (Guardianes de la Revolución), ejército religioso y verdaderas fuerzas armadas de Irán, diseñador de la estrategia expansiva por Oriente Medio. Bajo su dirección se ha desarrollado una importante red de milicias pro-iraníes, tanto en Irak como en Siria, que han servido de “caballo de Troya” para llevar a cabo esa ascendente penetración iraní por la antigua Mesopotamia con la pretensión de extender la influencia hasta el mar Mediterráneo.

Por su parte, Yamal Jafer Ibrahim, verdadero nombre de Al Muhandis, más conocido como “El Ingeniero” y que solía autodefinirse como “soldado” de Suleimani, es un antiguo asesor de la División Al Qods que ha conseguido desarrollar el llamado Hezbolah iraquí, sobre todo en los últimos años y al abrigo de la lucha contra el Estado Islámico.

Debido a su participación en la guerra contra el Califato de Al Bagdadi, tanto estos dos máximos mandos iraníes como sus milicias se han movido como “pez en el agua” dentro de Irak, convirtiéndose en una fuerza militar tan importante como el propio Ejército iraquí y con una gran influencia sobre el Gobierno de Bagdad.

Desde su nacimiento en el año 2003, el Hezbolah iraquí tiene entre sus principales objetivos llevar a cabo “la yihad contra la ocupación hasta que el último norteamericano sea expulsado de Irak”. De hecho, a este grupo se le responsabiliza de varios ataques a instalaciones norteamericanas y, de forma especial, de los proyectiles que cayeron el 27 de diciembre en la base K1 de Kirkuk, provocando importantes destrozos, numerosos heridos, entre iraquíes y estadounidenses, y al menos la muerte de un ciudadano de EEUU.

Igualmente se considera que estas milicias, organizadas, armadas y financiadas al amparo de la División Al Qods, están detrás de atentados contra dirigentes de la oposición iraní refugiados en Irak y del lanzamiento de los misiles que impactaron en la sede del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI) en septiembre de 2018, sospechándose, igualmente, que intervinieron en los ataques a las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí que ya colocaron a Irán y EEUU al borde de un enfrentamiento directo.

Se sabe, así mismo, que han intervenido como fuerzas de represión interna, destacando la ofensiva contra el Kurdistán tras el referéndum de autodeterminación en octubre de 2017 y, en estos momentos, actuando contra los manifestantes que en las principales ciudades chiíes protestan por la incapacidad de los gobernantes para sacar adelante un país que cada vez se parece más a una colonia iraní.

Teniendo en cuenta estos hechos, se podría llegar a la conclusión de que la expansión de la República Islámica por Oriente Medio no tiene freno y de que, para Qasem Suleimani, habría llegado el momento de expulsar a EEUU de Irak. El ataque a la base K1 de Kirkuk y después el asalto a la Embajada norteamericana en Bagdad, como respuesta a las represalias estadounidenses, así lo indicarían.

En este sentido, los misiles lanzados contra Qasem Suleimani y su mano derecha, Al Muhandis, hay que interpretarlos no como una represalia más de los norteamericanos sino como un mensaje dirigido expresamente a la cúpula del poder iraní. No se debe olvidar que Suleimani, además de principal jefe y estratega de la División Al Qods, es uno de los principales mandos de los Pasdaranes, es decir, de las fuerzas armadas de Irán. También, que es una persona muy próxima al Guía de la Revolución, Alí Jamenei, hasta el punto de ser considerado la segunda persona con más poder real, incluso por encima del presidente Ruhani, y el verdadero ministro de Exteriores.

Se trata, en definitiva, de unos misiles dirigidos a la mismísima línea de flotación de la República Islámica, advirtiendo que, en cualquier momento, el blanco podría ser el propio Guía de la Revolución cuando este régimen integrista vive sus momentos de mayor debilidad y rechazo respecto a la base social que ha hecho posible su existencia: las poblaciones chiíes de Irán e Irak.

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