LAS DERECHAS Y ULTRADERECHAS

PP y Vox, la historia intermitente

  • "Se trata de una relación sin confianza y lealtad alguna, que evidencia que Casado tiene mucha facilidad para caer en las provocaciones de la extrema derecha"

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Es complicado definir la relación que mantienen el PP y Vox. Se trata de un vínculo que se estrecha o se aleja dependiendo la época, de la intensidad y dureza de las declaraciones de Vox, o de cómo de amenazado se sienta un partido respecto al otro.

Estas últimas semanas, parece que el PP ha apostado por ignorar a la ultraderecha, quizás a raíz de un consejo que el ex presidente popular José María Aznar le ofreció al presidente del grupo, Pablo Casado, hace un par de semanas en un foro organizado por la Universidad Francisco de Vitoria. "En esta situación de cambio de régimen, Pablo tiene que confrontar al Gobierno como si Vox no existiera y tiene que confrontar a Vox como si el Gobierno no existiera", comentó públicamente el ex dirigente del PP, con su pupilo presente.

Bastó esa observación para que Casado se pusiese manos a la obra para dar un nuevo volantazo a la estrategia de su partido con respecto aVox. Por un lado, la primera maniobra fue dar por supuesta su nula intención de integrar al partido de Abascal en una coalición de las derechas en Cataluña, de cara a las próximas elecciones anticipadas anunciadas por el president de la Generalitat, Quim Torra.

El Partido Popular propuso a Ciudadanos, su socio de confianza (o de conveniencia) una coalición en Cataluña bajo las siglas 'Cataluña Suma', una oferta que Ciudadanos ve con buenos ojos, e incluso sube la apuesta con Galicia y Euskadi. La fórmula 'España Suma' para las generales o '(escriba aquí el nombre de una comunidad autónoma) Suma' para las regionales, contaba con Vox el año pasado, pero no ahora. En cualquier caso, la ultraderecha ya se autodescarta, pese a no estar invitada a la fiesta del "constitucionalismo de centroderecha”, como así la han definido sus anfitriones.

El siguiente paso que ha dado Casado ha sido aceptar que la formación ultra no presida ninguna de las comisiones ordinarias y mixtas del Congreso de los Diputados. Vox, tercera fuerza en la Cámara Baja, pide su presencia en las mesas de las 33 comisiones parlamentarias, de las cuales 21 son permanentes, en proporcionalidad al 15% de los votos que obtuvo en las últimas elecciones. Ciudadanos, con un porcentaje similar en la anterior legislatura y 57 escaños, obtuvo cinco presidencias, diez vicepresidencias y dieciséis secretarias, un total de 28 puestos.

Se trata de una composición que se decide entre los diferentes grupos, normalmente en función de su número de escaños. Se vota a los cinco miembros de cada mesa, primero al presidente, después a los dos vicepresidentes y por último a los dos secretarios. Pues bien, el trato ha sido que de las 21 comisiones legislativas permanentes del Congreso, cinco no permanentes y siete mixtas del trabajo con el Senado, el PSOE presida diecisiete, siete el PP, seis Unidas Podemos, una ERC y otra el PNV.

El tira y afloja del PP y Vox

No es una novedad que los populares y la ultraderecha pasen del amor al odio de un día para otro. Lleva ocurriendo desde que Vox irrumpió a finales de 2018, con Casado ya al frente del PP desde julio. Tras la llegada de Vox con 12 diputados autonómicos en Andalucía, los populares lo vieron todo claro, seguro y despejado, negociarían con la ultraderecha para conformar el Gobierno andaluz, aunque quizás sin otorgar demasiada importancia al hecho de que esos 37 puntos que pactarían con los de Abascal en la Junta andaluza despertarían el germen que avanzaría hasta los 52 escaños en el Congreso de los Diputados.

Que los 'populares' se sentasen en una misma mesa con Vox fue, en sí misma, una declaración de intenciones, y guardaba también relación con el radical giro a la derecha que había tomado la formación azul cuando dejó de gobernar el país unos meses atrás, en junio de aquel año. Un viraje con nombre propio: Pablo Casado.

A partir de aquel momento, daría comienzo el vaivén de las derechas. Cuando el PP necesita a Vox o cuando Casado se siente amenazado por la ultraderecha, asume sin pensarlo su discurso (con mayor o menor literalidad), y solo deja de hacerlo cuando las bases, barones, o voces de peso de los 'populares' se cansan, y “aconsejan” (o más bien reprenden) al líder 'populares', quien vuelve a dar un volantazo para descarrilar a Vox.

Por su parte, la ultraderecha también tiene sus etapas, ya que cuando les conviene sacar rédito de la victimización, no dudan en atacar al PP y gritar a los cuatro vientos que los 'populares' son unos desleales y unos cobardes; pero cuando llega una situación a la que poder sacar tajada, como unas elecciones, negociaciones de presupuestos o medidas que llevan su sello, entonces se permiten llamarles socios.

Después de la luna de miel andaluza, en enero, Casado se mostró menos amigable con la ultraderecha, asegurando que al PP “nadie le marca la agenda”, y que su partido seguía “en el centro moderado, reformista, liberal y conservador”, capaz de pactar “con la izquierda y la derecha”. El dirigente remarcó en aquel mes de 2019 la “centralidad” del Partido Popular.

Voces del partido, más en forma de deseo que de premonición, subrayaron entonces que el “innegable momento Vox” se difuminaría en cuanto los populares se acomodasen en el Gobierno andaluz, momento en el que marcarían distancias. Vox, que antes de negociar con el PP en Andalucía ya les había apodado por primera vez como la “derechita cobarde”, volvería a hacerlo a partir de enero, lo que conseguiría el comentado enfado de José María Aznar: “A mí nadie me llama derecha cobarde”, espetó el ex presidente.

Y esa fue la primera pequeña pelea de pareja, pero no la última. La reconciliación se produjo en febrero con la mítica 'foto de Colón', donde el PP forzaría y lograría que Ciudadanos se sumase por primera vez en una imagen con su partido y Vox, en un claro gesto de beneplácito de los 'populares' hacia la extrema derecha.

Pero ya con la mirada puesta en unas cercanas elecciones del 28 de abril, Casado, que llevaba una temporada lanzando fugaces acusaciones a Abascal por estar “desaparecido” y por comunicarse solo por Twitter “como Donald Trump”, pediría pública y amablemente a Vox que no concurriese en las provincias pequeñas. Una petición que Vox rechazaría rápidamente. Y, tras ello, llegarían de nuevo las peleas para demostrar quién es más de derechas.

Las urnas hablaron y dijeron que esa radicalización en la que había caído Casado por bajar al barro y enfrentarse a Vox no gustaba a los electores del PP, que despojaron al partido de 71 escaños, dejándoles en 66 escaños. Y fue cuando el dirigente popular se dejó barba, lo que simbolizó el nuevo viraje moderado que empezaría a tomar el partido y, con ello, por un breve lapso de tiempo, Casado llamaría a Vox por su verdadero nombre, “la ultraderecha”.

Los meses de primavera y verano fueron bastante dulces para la relación entre el PP y Vox gracias a la formación de gobiernos municipales y autonómicos, en los que los acuerdos incluían medidas con sabor a extrema derecha para lograr su apoyo en las investiduras. Excepto por la bronca que tuvieron en Madrid a raíz de esos acuerdos, lo que sí llegó a marcar un antes y un después en la relación de ambos partidos tanto en la región como en el Ayuntamiento.

Pero cuando llega septiembre, el PP propone la coalición 'España Suma' tanto a Ciudadanos como a Vox, y aunque la extrema derecha, en un principio, no descartó la posibilidad de aplicar esta fórmula en circunscripciones pequeñas de cara a los siguientes comicios del 10 de noviembre, finalmente los de Abascal rechazaron por completo alinearse con el PP. Incluso llegaron a tachar la propuesta de coalición de “trampa de acción de propaganda” para “matar a Vox”.

A partir de ese momento, sus caminos se separan hasta noviembre cuando, ya en las urnas, el PP se recupera hasta los 88 escaños y Vox arrasa con 52, dejando a Ciudadanos con 10 escasos asientos en el hemiciclo. El siguiente pulso llegaría con el sonado minuto de silencio contra la violencia machista del Ayuntamiento de Madrid, que el líder de Vox en el Consistorio, Javier Ortega-Smith boicotearía hasta lograr el enfrentamiento con el alcalde 'popular', José Luis Martínez-Almeida.

Posteriormente, se produjo la zancadilla del PP a Vox en la constitución de la Mesa del Congreso de los Diputados, muy parecida a la del actual reparto de las presidencias de las comisiones, en la que Casado ofreció a Vox entrar en la Mesa si facilitaba un puesto a Ciudadanos. Oferta que la extrema derecha rechazó, y finalmente logró acceder al órgano obteniendo una vicepresidencia.

Pero no hay que olvidar que si Vox hubiera aceptado la oferta, Unidas Podemos hubiera tenido una secretaría menos de la que tiene, que hubiera caído en manos de la formación naranja, la cual quedó fuera de la Mesa. Esto fue objeto de uno de los enfrentamientos más tensos entre ambas formaciones, que ahora se repite. Estas hostilidades, a la larga, a quien más pueden afectar es al PP, ya que la gobernabilidad de ciertas regiones y municipios depende de Vox.

De hecho, la ultraderecha ya ha puesto en marcha su venganza en Madrid, situando la censura parental como moneda de cambio para aprobar los presupuestos regionales. Una petición que no deja de ser un pulso de Vox a la formación de Casado, y que probablemente se repita con la mismo fondo pero distinta forma en otros lugares y ocasiones.

En definitiva, la relación del PP y Vox es difícil de definir porque es intermitente. Pero de la misma sí se pueden sacar varias conclusiones: por un lado, que se trata de una relación sin confianza y lealtad alguna; además, evidencia que Casado tiene mucha facilidad para caer en las provocaciones de la extrema derecha, lo que podría marcar la continuidad de su liderazgo en el Partido Popular; y, finalmente, que Vox realmente saca rédito electoral de estos enfrentamientos y chantajes, pero que también le acaban pasando factura a la hora contar con apoyos para introducirse en las instituciones.

1 Comment
  1. Florentino says

    … El cuartel FAES tiene estas cosas Marta, lo mismo están a las órdenes de la «rana» Aguirre con sueldo vitalicio de un PP como banda para delinquir; o en formación en plaza Colón uniformados pasando revista ¡ sin hacer la mili !… Siguen siendo un número, sin poder objetar, decidir…simplemente obedecer; que para eso nos pagan un sueldo sin realizar trabajo alguno.
    Marta, son personas distintas, pero obedecen a la voz de: ¡ Ar !. Son la punta de lanza del somatén de una nueva sublevación nacional, volviendo a matar quienes no piensen como ellos, imponiendo el terror, la muerte, el exilio, el adoctrinamiento, cultural y religioso… Volviendo con aquellas banderas victoriosas, al paso alegre de «su paz…¡ hincando sus flechas de su haz en el padre, madre, amigo, hermano/a, hijo !.
    Un PP en hibernación por prevaricación, se ha visto obligado hasta pagar los masters de un Casado camuflado en su barba, escondiendo la jeta dura como el cemento armado y jugando con los tiempos de la justicia imperial colocada para lo que haga falta.
    Son los mismos perros con los mismos collares, ya se escondan entre etiquetas de España, «sumas». Que restan democracia a la convivencia, igualdades, inmigraciones, y libertades sociales… ¡ Sumando más del pasado dictatorial sin limpieza !.

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