Sucesos – Cuartopoder https://www.cuartopoder.es cuartopoder.es. Periodismo para el 99%, con información, análisis y opinión Wed, 22 May 2019 22:24:22 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.1.1 https://www.cuartopoder.es/wp-content/uploads/2018/05/cropped-logo_cuarto_poder_google-22-32x32.jpg Sucesos – Cuartopoder https://www.cuartopoder.es 32 32 Los Mossos investigarán el ataque en Cornellà como un atentado terrorista https://www.cuartopoder.es/espana/2018/08/20/abatido-un-hombre-que-ha-intentado-atacar-en-una-comisaria-de-cornella/ https://www.cuartopoder.es/espana/2018/08/20/abatido-un-hombre-que-ha-intentado-atacar-en-una-comisaria-de-cornella/#comments Mon, 20 Aug 2018 06:13:03 +0000 https://www.cuartopoder.es/?p=95961

En torno a las seis de la mañana, un hombre armado con un cuchillo, ha accedido a la comisaría de Cornellà de Llobregat (Barcelona) y ha intentado atacar a algunos de los presentes

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En torno a las seis de la mañana, un hombre armado con un cuchillo, ha accedido a la comisaría de Cornellà de Llobregat (Barcelona) y ha intentado atacar a algunos de los presentes. El atacante ha sido abatido por agentes de los Mossos d’Esquadra, según han confirmado desde el mismo cuerpo policial.

En una rueda de prensa del cuerpo policial catalán han anunciado que investigarán los hechos como un hecho terrorista. «Desde nuestro punto de vista estos hechos son tratados como un atentado terrorista», han afirmado.

En el encuentro con la prensa han indicado que los indicios en que se basan para determinar el carácter de atentado son que el hombre ha atentado contra un policía con un arma blanca, aludiendo a Alá y «con voluntad homicida y determinada» lanzándose contra un agente, quien le ha abatido. En rueda de prensa también han confirmado que la nacionalidad del atacante es argelina, algo que se había adelantado por algunos medios de comunicación pero no era definitivo.

Además, el juez Ismael Moreno, magistrado de la Audiencia Nacional, abrirá diligencias por el ataque. En un principio ha sido el Juzgado Central de Instrucción número 2 quien ha comenzado las investigaciones, que ahora pasarán a manos de la Audiencia Nacional.

Al parecer, el hombre ha entrado en la comisaría de la localidad catalana y ha gritado ‘Alá es grande’ antes de intentar atacar a varios de los presentes en el local. El ataque ocurre tan solo tres días después de la conmemoración del primer aniversario de los atentados en Barcelona y Cambrils.

Los Mossos han anunciado que han encontrado la casa del atacante abatido y procederán a su registro con el fin de recabar pruebas que sean concluyentes. Han desvelado que el atacante llevaba viviendo años en España y carecía de antecedentes.

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Crimen y castigo: lo que Gabriel no nos pide https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/03/21/santiago-alba-rico-crimen-y-castigo-lo-que-gabriel-no-nos-pide/ https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/03/21/santiago-alba-rico-crimen-y-castigo-lo-que-gabriel-no-nos-pide/#respond Wed, 21 Mar 2018 07:33:19 +0000 https://www.cuartopoder.es/?p=86107 Crimen y castigo - Los padres del 'Pescaíto' han sido capaces de distinguir, en medio de las penas del infierno, entre el mundo donde mataron a Gabrielillo y el mundo donde jugaba Gabrielillo - Citando de nuevo a Iván Karamazov insistamos en que “no se puede castigar lo que no se puede perdonar y no se puede perdonar lo que no se puede castigar” - Hay dos peligros: confundir el Derecho con los intereses de una clase o una casta. El otro, frente a esta reiterada transgresión, querer sustituir el Derecho por la justicia.

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Patricia y Ángel, padres de Gabriel Cruz, acompañan el féretro de su hijo hacia la catedral de Almería
En la imagen, del 13 de marzo, Patricia y Ángel, padres de Gabriel Cruz, acompañan el féretro de su hijo hacia la catedral de Almería, donde se ofició el funeral por el alma del pequeño. / Ricardo García (Efe)

La desaparición y asesinato de Gabrielillo en Las Hortichuelas ha suscitado una reacción general misteriosa y digna de reflexión: me refiero al hecho de que todos sintamos que su muerte es algo que nos ha pasado a cada uno de nosotros, con independencia de la distancia que nos separara del lugar de los hechos y del círculo de sus allegados y familiares. Decía Aristoteles que la compasión es un sentimiento que pertenece a las medias distancias. Lo que ocurre demasiado lejos –al otro lado de la montaña, donde no alcanza nuestra vista– no nos incumbe; lo que está demasiado cerca produce horror. Nada ocurre más cerca que la muerte de un hijo. A todos la muerte de Gabrielillo nos ha ocurrido inicialmente demasiado cerca; todos hemos sentido el más vivo horror y sólo en un segundo momento hemos alejado lo bastante de nuestro propio cuerpo el dolor del niño y el de sus padres como para sentir además compasión. Esta cercanía –que tiene que ver, como contaba en un reciente texto, con la infancia y su poderosa incubación de imágenes físicas– explica que los españoles hayamos vivido la atrocidad de Almería sin defensa ni ideología, como una universalidad en el cuerpo; como un universal encarnado. Por una vez “todos somos Gabriel” (o sus padres) ha sido algo más que una fórmula retórica.

«Las derechas populistas
y las izquierdas sumarias deberían recordar dos principios: no se puede conjurar todo peligro y,
allí donde parece
no haber salida, siempre existe la opción
de no matar a un niño»

Esta cercanía física y, al mismo tiempo, mágica se presta fácilmente, sin embargo, a la manipulación política. Todos hemos sentido, sí, el acontecimiento como propio, salvo los que han sabido defenderse de su propio cuerpo y han sido tan disciplinados como para “recordar” los intereses electoralistas o las ventajas pseudoperiodísticas o las miserias ideológicas. Así, la derecha está explotando la corta y media distancia de este dolor para introducir las largas distancias de las reformas legales y los réditos electorales a través de un populismo penal tan nauseabundo como peligroso. Por su parte, un sector de la izquierda está relativizando un hecho radicalmente moral para emitir juicios sumarísimos de orden ideológico, sin información ni conocimiento (y a veces sin corazón), con el único propósito de probar alguna tesis presuntamente feminista o presuntamente marxista. Unos y otros –derechas populistas e izquierdas sumarias– se alejan del horror inmediato de la muerte de Gabrielillo no para introducir un poco de razón o de sensatez, sino para imponer un esquema, un programa y un plan. Unos y otros deberían aprender de Patricia y de Ángel, los padres del Pescaíto, los cuales, no obstante la inmediatez entre su cuerpo y el de su hijo, han sido capaces de distinguir, en medio de las penas del infierno, entre el mundo donde mataron a Gabrielillo y el mundo donde jugaba Gabrielillo; y han encontrado fuerzas, mientras lloraban, para llamar a defender este segundo mundo, y a defenderlo no sólo de los asesinos de niños sino también de los que, sin escrúpulos, tratan de pescar votos, exclusivas o consignas en el mundo donde los asesinos matan y los niños mueren.

Ahora bien: algo hay que decir acerca de este mundo. Tanto las derechas populistas que pescan en río revuelto como las izquierdas sumarias que regresan a la soledad de sus alvéolos ideológicos, deberían recordar dos principios.

El primero, es que no se puede conjurar todo peligro. En efecto, ninguna reforma penal o social puede cubrir todas las grietas ni enjugar todos los riesgos. No solo en este mundo realmente existente; en cualquier otro mundo posible, con las mejores leyes y la más alta justicia social, habrá siempre una mano inasible, imprevisible y oscura que matará a un niño. Esto tiene que ver con las “malas noticias” que siempre nos recuerda, agorero y realista, el psicoanálisis. Entre la dictadura política, que empieza tapando fisuras y acaba persiguiendo a todos los ciudadanos, y la utopía revolucionaria, que cree en el “hombre nuevo” (o en la “mujer nueva”) y acaba por eso mismo en la dictadura, hay que resignarse a intervenir en un mundo en el que todas las soluciones serán siempre incompletas, precarias y chapuceras. La dictadura es sin duda la peor de la utopías: porque suele hacerse realidad, y no como “seguridad plena” sino –precisamente– como dictadura.

El segundo principio es el de que, incluso allí donde el determinismo social parece dejar poca o ninguna salida, siempre existe la opción de no matar a un niño. Al menos nos queda eso. Frente a la derecha populista, que pone entre paréntesis las presiones sociales y psicológicas para encarcelar sobre todo pobres, negros o inmigrantes, y frente a cierta izquierda proclive a considerar juguetes del destino, o de la banca, a todos los criminales (salvo que sean banqueros) hay un término medio –o una mesopotamia humana– donde conviene buscar un criterio. Quiero decir que el ser humano es esta cosa rara: la criatura que, en las condiciones más adversas, contra viento y marea, cuando no parece tener ninguna alternativa, conserva siempre la libertad –mínima y máxima– de no matar a un niño.

El primer principio es un hecho. El segundo una ficción. La combinación de ese hecho y esa ficción es lo que fundamenta el Derecho como algo diferente de la justicia y, en su precariedad chapucera, como algo superior a la Justicia. El primer principio implica el reconocimiento de la fragilidad: el segundo el reconocimiento de la responsabilidad. La fragilidad debe exigir al Estado hospitales, viviendas, colegios, una policía democrática y un tribunal garantista, pero no la promesa de inmortalidad o invulneralibilidad; y todo gobernante que prometa semejante cosa está ya a punto de convertirse en un dictador. En cuanto a la responsabilidad, el cometido de un Estado de Derecho será el de distinguir grados –en relación también con la mayor o menor fragilidad de los sujetos– pero siempre a partir del presupuesto de que, con atenuantes o agravantes, todos somos dueños de nuestros propios actos. Que no me diga el “filósofo materialista” habitual que eso es una ficción. Una sociedad es sólo un conjunto de ficciones. Pero la ficción de la responsabilidad es inseparable de la ficción de la dignidad personal y de la ficción de la dignidad política: ni los pueblos ni los individuos quieren ser tratados como piedras rodantes o niños lactantes y, como recordaba hace años Sánchez Ferlosio, entre la cárcel y el manicomio cualquier ser humano que se contemple a sí mismo como algo distinto de un autobús cuesta abajo y sin frenos elegirá sin duda la cárcel.

«El talión, la venganza regulada, deja enteramente insatisfechas a las víctimas. El mercado, a través de la idea de la reemplazabilidad y del fetichismo del dinero, genera la ilusión de que ninguna pérdida es insustituible»

Ahora bien, la combinación de estos dos principios (el de fragilidad y el de responsabilidad) acarrea algunas consecuencias. La primera es la aceptación de que en el tiempo, donde todos vivimos, no se puede restaurar ninguna armonía; y ello porque en el tiempo no ha habido jamás armonía. En términos mitológicos Caín, fundador de la historia humana, hizo imposible la vuelta atrás. En términos teológicos, ni siquiera tras el Juicio Final el cristianismo se atreve a poner el contador a cero: de hecho la hermosa “apocatástasis” (o “restauración de todas las cosas”) de Orígenes costó a su autor la exclusión del santoral católico. Podemos olvidar el mal (el bien lo olvidamos siempre), pero hay gestos que no admiten reparación posible en el mundo sublunar. A lo largo de la historia los seres humanos, obsesionados con la idea de la “reparación”, han inventado dos sistemas de equivalentes, y los dos han fracasado. Me refiero al talión y al mercado. Durante siglos, antes de la reciente –muy reciente y muy precaria– invención del Derecho, las sociedades intentaron establecer equivalencias entre daños: ojo por ojo y diente por diente. La venganza, en realidad, tiene su rigurosas tablas mercantiles: un niño vale otro niño o quizás veinte ovejas o dos casas. Pero la venganza regulada no sólo es irregulable, no sólo multiplica los daños ad infinitum sino que, por eso mismo y más allá de sus efectos socialmente destructivos, deja enteramente insatisfechas a las víctimas. La muerte de un niño no puede ser compensada por la muerte de otro niño (no digamos por la entrega de veinte ovejas). Tampoco puede ser sustituida en el mercado. Pues el mercado, en efecto, a través de la fabricación en serie, la reemplazabilidad de las mercancías y el fetichismo del dinero, genera la ilusión de que ninguna pérdida es insustituible. Si se me rompen los zapatos, me compro otros iguales; si sufro un accidente, me compro un nuevo coche. Pero si dentro del coche iba mi hijo y muere como consecuencia del golpe, descubro del modo más trágico que mi hijo ni había sido producido por el mercado ni puede ser recuperado en él. En el tiempo humano, tras la expulsión del Paraíso, no hay equivalencias: lo que se pierde, se pierde para siempre y, si lo que se pierde es un niño y, además, lo han asesinado a sangre fría, su pérdida reclama un castigo sin equivalente posible. Reclama, si se quiere, una justicia que no es ni de este mundo ni de ningún otro (securitario, socialista o escatológico). Citando de nuevo a Iván Karamazov (que demostraba la inexistencia de Dios a partir de la imposibilidad de hacer justicia a un niño muerto) insistamos en que “no se puede castigar lo que no se puede perdonar y no se puede perdonar lo que no se puede castigar”. Así que habrá que buscar una solución, inevitablemente chapucera, al margen del castigo y del perdón; al margen, pues, de todo sistema de equivalencias. Es decir, al margen tanto del talión como del mercado, que son, además de fuentes inagotables de hambre insatisfecha, o por eso mismo, las máximas amenazas imaginables para el Estado de Derecho.

Si en el tiempo los daños son irreparables (y sus bellezas insustituibles), no hay justicia posible. Hay que abandonar, sí, toda esperanza de justicia (pero no de belleza). La sed de justicia siempre queda incolmada. Y sus pretensiones acaban una y otra vez en el linchamiento o en la dictadura. Es preferible esperar menos, porque “menos” es lo más que podemos humanamente esperar. Es preferible aceptar la insatisfacción, como destino metafísico, y pedir un poco de Derecho concreto y balbuciente. Paradójicamente es esa la mayor satisfacción a la que podemos aspirar, como bien lo han entendido Patricia y Ángel, los padres de Gabrielillo, con su belleza moral y su fragilidad ética: confiar en que se haga pública la distancia entre el verdugo y la víctima, que esa distancia se reduzca a los límites de una acción concreta, que se nos garantice a todos, a través de la presunción de inocencia –ficción performativa– que nosotros, inocentes, nunca seremos tratados, de forma arbitraria, como culpables. Eso es lo que llamamos un “juicio justo”, ceremonia fría y casuística que poco tiene que ver con la justicia plena y la reparación colmada, pero que evita, sobre todo, la dictadura política y la venganza tribal, las dos hidras sin fin a las que se expone la humanidad desde el principio de los tiempos.

«A los padres de Diana Quer podemos entenderlos y nadie debe juzgarlos. Pero no podemos admirarlos. Admiramos a Patricia y a Ángel, capaces de no agotar todo razonamiento en su dolor sin límites»

Que no venga el “filósofo materialista” habitual a decirme que el Derecho es una mierda, que está al servicio de los poderosos, que condena a los manteros y a los raperos y deja intocables a los ricos y los fascistas. Es verdad. En el mercado es así; también era así antes de él, cuando en el ancien régime las leyes las hacían directamente las clases poderosas. Pero cualquier ama de casa normal sabe muy bien lo que pasa, y lo expresa con precisión, cuando se condena a un bloguero chistoso y se protege, en cambio, al cuñado del rey: no hay derecho. Hay dos peligros: uno confundir el Derecho con los intereses de una clase o una casta. El otro, frente a esta reiterada transgresión, el no menor de querer sustituir el Derecho por la justicia. Necesitamos más Derecho, no menos; necesitamos que haya derecho de una vez. Y para esto hay que evitar la tentación de todo pretendido sistema de equivalencias, ya se llame talión, mercado o “maoísmo”.

Eso es lo que está en juego cuando se acortan todas las distancias y el horror alcanza nuestro cuerpo. A los padres de Diana Quer podemos entenderlos y nadie debe juzgarlos. Pero no podemos admirarlos. Admiramos a Patricia y a Ángel, capaces de no agotar todo razonamiento en su dolor sin límites. Y podemos juzgar y condenar, desde luego, a los políticos que utilizan este dolor –el de padres que han perdido a sus hijos sin reparación posible– para introducir las largas distancias del populismo penal y el electoralismo bellaco (o el de la ideología barata). Decía Voltaire que “razonable es lo que piensan todos los humanos por igual cuando están tranquilos”. Esa “tranquilidad” también es una ficción; los humanos siempre estamos y estaremos intranquilos. Pero es esa ficción de la tranquilidad –que llamamos “razón”– la que debe hacer las leyes, como es la ficción de la responsabilidad la que debe juzgar los crímenes. Debemos exigir “tranquilidad” a nuestros dirigentes y legisladores. En un mundo muy feo y muy real mataron a Gabrielillo; no es ese mundo el que debe regular nuestras vidas. En un mundo más tranquilo y verdadero Gabrielillo jugaba; es ése el mundo que debemos restaurar. En un mundo muy irracional y muy real mataron a Gabrielillo; la única manera de contenerlo –sin jamás pretender abolirlo– es no convertirlo en una regla social ni en un destino penal. En un mundo más tranquilo y verdadero jugaba Gabrielillo; la única manera de conservarlo es hacer como si todos cupieran en él. No hay más alternativa: o chapuza o destino; o derecho o justicia; o fragilidad y responsabilidad o equivalencia imposible y dictadura.

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Waco: El fin del sueño americano https://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/03/11/david-torres-waco-el-fin-del-sueno-americano/ https://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/03/11/david-torres-waco-el-fin-del-sueno-americano/#comments Sun, 11 Mar 2018 07:14:40 +0000 https://www.cuartopoder.es/?p=85563 La historia de Waco (el encarnizado asedio de 51 días en un rancho en Monte Carmelo por parte de un despliegue de fuerzas del FBI y del ejército que culminó en una matanza apocalíptica) fue objeto de un polémico documental, Waco, the Rules of Engagament, que en 1997 intentó analizar las diferentes perspectivas involucradas. Era, quizá, […]

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Waco
Aspecto del rancho Monte Carmelo después del asedio de fuerzas combinadas del FBI y el ejercito en la localidad texana de Waco. / Wikipedia

La historia de Waco (el encarnizado asedio de 51 días en un rancho en Monte Carmelo por parte de un despliegue de fuerzas del FBI y del ejército que culminó en una matanza apocalíptica) fue objeto de un polémico documental, Waco, the Rules of Engagament, que en 1997 intentó analizar las diferentes perspectivas involucradas. Era, quizá, demasiado pronto para hacerlo, sólo habían transcurrido cuatro años desde los hechos, las autoridades negaban muchas de las barbaridades cometidas -desde el uso de gases lacrimógenos al empleo de tácticas de guerra psicológica- y no había manera de comprobar las diversas teorías surgidas en torno a la tragedia. Se dijo que David Koresh, el líder de la secta de los Davidianos, estaba loco, que abusaba de menores, que se proclamaba Jesucristo y que indujo a sus seguidores a un suicidio en masa. Ninguna de esas acusaciones era verdad, como tampoco lo era, por ejemplo, el testimonio de unos agentes del FBI que dijeron que el incendio final fue provocado por dos hombres de la secta. En realidad fueron los gases lacrimógenos con los que las fuerzas del FBI pretendían hacer salir a los hombres y mujeres atrincherados en el rancho los que se inflamaron y achicharraron a los pocos supervivientes que no habían encontrado la muerte asfixiados o tiroteados. Murieron más de ochenta personas, 27 de ellos niños.

Casi un cuarto de siglo después, Paramount Network ha producido Waco, una miniserie de 6 capítulos narrada a partir de dos testigos principales: Gary Noesner, negociador del FBI, y David Thibodeau, uno de los supervivientes de la secta. Lo que sale en pantalla no deja muy bien parado al FBI, al presidente Clinton y a la justicia estadounidense en general. Para empezar, la rama de los Davidianos no era exactamente una secta sino una congregación de los Adventistas del Séptimo Día escindida del grupo original que se había ido al rancho de Monte Carmelo para estudiar la Biblia bajo la guía de David Koresh, su líder carismático. Los acusaron de pederastia, violencia y tenencia ilícita de armas. Únicamente el último cargo era cierto, aunque no según la ley de Texas, la más permisiva de los EE UU, que incluso permite la posesión de armas automáticas. Se rumoreó la posibilidad de que podían estar fabricando ametralladoras, pero, una vez concluido el asalto, no se encontró la menor evidencia. El sheriff del condado de McLennan, Jack Harwell, declaró tras los hechos que los Davidianos no eran más que un puñado de personas amables y solícitas: ancianos, hombres, mujeres y niños, que no causaban ningún problema a la comunidad a pesar de sus creencias religiosas. «Me gustaban» dijo. «Eran buena gente».

Waco
El líder de la secta de los Davidianos, David Koresh. / Wikipedia

Lo más sospechoso en la conducta de Koresh era la peculiar forma de poligamia que había montado alrededor: todos sus seguidores debían renunciar a sus esposas y entregárselas a él, una petición que unos y otras hacían alegre y libremente. Por lo demás, la libertad religiosa está garantizada por la Constitución estadounidense y la poligamia es común en otros cultos ampliamente difundidos en otros estados, como, por ejemplo, los mormones en Utah. La ATF (Oficina de Tabaco, Alcohol y Armas de Fuego) cursó una orden de detención contra él -no había absolutamente nada en contra del centenar largo de personas que habitaban el rancho-, pero nadie pudo explica por qué sencillamente no lo detuvieron cuando salía como todas las mañanas a correr por el campo. En lugar de eso -seguramente porque pretendían lavar la imagen del departamento después de varios escándalos y tiroteos fallidos- montaron un operativo de más de cien agentes y docenas de vehículos, acompañados por diversos periodistas y reporteros. La sucesión de despropósitos concluyó en un formidable baño de sangre entre fuego de helicópteros y muros derribados por tanques.

Ningún medio de comunicación criticó al gobierno en su momento por lo que parecía, como mínimo, una chapuza terrorífica. No fue, desde luego, la única masacre perpetrada bajo el amparo de la ley, ni tampoco sería la última en una sociedad que se estremece cada tanto por el cañoneo de las armas. Waco sólo ha sido una más, quizá la más flagrante, en el largo rosario de brutalidades estatales cometidas impunemente contra ciudadanos estadounidenses.

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Morir en Zaragoza por unos tirantes con los colores de la bandera española https://www.cuartopoder.es/sociedad/sucesos/2017/12/14/rodrigo-lanza-morir-en-zaragoza-por-unos-tirantes-con-los-colores-de-la-bandera-espanola/ https://www.cuartopoder.es/sociedad/sucesos/2017/12/14/rodrigo-lanza-morir-en-zaragoza-por-unos-tirantes-con-los-colores-de-la-bandera-espanola/#comments Thu, 14 Dec 2017 07:19:43 +0000 https://www.cuartopoder.es/?p=81495 Un hombre ha muerto en Zaragoza a consecuencia de una fuerte contusión seguida de una paliza. Al parecer, los colores de sus tirantes, que coinciden con los de la bandera de España, provocaron la ira de su letal atacante: un hombre joven identificado con el movimiento okupa, que no pudo soportar semejante atrevimiento de la […]

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Rodrigo Lanza
Rodrigo Lanza. / Izquierdadiario.es (Youtube)

Un hombre ha muerto en Zaragoza a consecuencia de una fuerte contusión seguida de una paliza. Al parecer, los colores de sus tirantes, que coinciden con los de la bandera de España, provocaron la ira de su letal atacante: un hombre joven identificado con el movimiento okupa, que no pudo soportar semejante atrevimiento de la víctima sin verse obligado a romperle el cráneo con una barra de hierro o algo similar. El agresor se llama Rodrigo Lanza. Un pacifista cargado de ira, digamos.

Hace casi dos años escribí un articulo sobre unos sucesos recogidos en un documental, Ciutat Morta, que pretendía aclarar una injusticia cometida sobre unos okupas en Barcelona. En los altercados con la guardia urbana, uno de esos okupas dejó tetrapléjico de una certera pedrada a un guardia. Y otra okupa se suicidó en la cárcel. El agresor se llamaba Rodrigo Lanza.

Entonces, el halo romántico del suicidio de la joven, poeta, por más señas, más mi prejuicio personal de considerar que la guardia urbana tiende a ser borde y brutal, unido a la buena factura del documental, me colocaron del lado de los supuestos buenos. No detecté en aquella ocasión que hubiera infiltrado un pacifista violento entre ellos.

Escribo esto para resarcir al probable lector del efecto que hubiera podido causarle mis osadas presuposiciones de inocencia e injusticia

Escribo esto para resarcir al probable lector del efecto que hubiera podido causarle mis osadas presuposiciones de inocencia e injusticia vertidas en el artículo en cuestión. Y también para compartir con esa lectora mía el desasosiego que me producen noticias de la violencia causada por ideologías. No resulta disparatado pensar que más que ideologías parecen creencias religiosas de las que sabemos histórica y actualmente de lo que son capaces.

Un hombre que porta un aspecto peculiar, con pendientes afilados en la nariz,  cabeza medio rapada combinada con melena de rastas y pulsera de pinchos en la muñeca no tolera que otro hombre lleve a su vez el peculiar aspecto de sujetar sus pantalones con unos tirantes que remedan la bandera española.

Y en muchas ocasiones, viceversa. Los que frecuentan twitter están hartos de leer las barbaridades, propias de gente sin alma, que sueltan los presuntos pacifistas independentistas contra los candidadatos constitucionalistas, sean éstos Iceta, Arrimadas o García Albiol. Se sabe de pocas réplicas del estilo en sentido contrario. Las elecciones catalanas muestran, como pocas, el guerracivilismo de la sociedad española, incluida, por supuesto, la catalana. Aquí no hay  “hecho diferencial” que valga.

El delito de odio, de reciente tipificación, es una vieja constante de la sociedad española. Al proverbial problema de escuela que descansa en el fondo de los problemas de España, se añade, en mi opinión, la ausencia de un verdadero debate sobre la guerra civil española, sobre las causas que la provocaron, sobre la situación de la República, sobre los pistoleros en las calles; un debate erudito y argumentado sin pasión, con el deseo de saber qué pasó exactamente, por qué se produjo aquella desgracia y lo que vino después. Un debate con alma, también; con capacidad de contemplar los hechos y sus protagonistas con compasión, no tanto por ellos cuanto por los que estamos aquí ahora y los que nos seguirán a nosotros.

Muchas veces en la historia nuestro país ha querido levantar cabeza y siempre se la ha hundido en el fango «una de las dos Españas». Más nos vale prestar atención a los que se afanan, con argumentos y con preparación, en agrandar «la España del cincel y de la maza» para combatir con éxito y por siempre jamás, como en los cuentos de final feliz, a las Españas que hielan corazones. El nada fascista Antonio Machado dixit.

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Galicia: incendios fuera de control matan a cuatro personas y ‘cercan’ Vigo y Redondela https://www.cuartopoder.es/espana/2017/10/16/galicia-incendios-fuera-de-control-matan-a-tres-personas-y-cercan-vigo-y-redondela/ https://www.cuartopoder.es/espana/2017/10/16/galicia-incendios-fuera-de-control-matan-a-tres-personas-y-cercan-vigo-y-redondela/#respond Mon, 16 Oct 2017 04:44:03 +0000 https://www.cuartopoder.es/?p=77978 Galicia: incendios. Un total de 57 frentes activos en las cuatro provincias gallegas matan a tres personas y ponen cerco a Vigo y Redondela.

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La localidad pontevedresa de Redondela rodeada por las llamas.
Vista de la localidad costera pontevedresa de Redondela tomada anoche. La población está cercada por las llamas, que casi formaban un frente continuo hasta Vigo. / Lavandeira jr. (Efe)

Cuatro personas han perdido la vida en los 57 incendios, 14 de los cuales estaban forzando a evacuar núcleos urbanos, que sólo en el día de ayer quemaron 4.000 hectáreas en las cuatro provincias gallegas. La situación más grave se daba en la provincia de Pontevedra, donde un frente casi ininterrumpido de incendios amenazaba a las localidades de Redondela y Vigo. La ciudad pontevedresa, la más poblada de Galicia, llegó a quedar aislada por carretera y al filo de la medianoche comenzaron a producirse incendios espontáneos en las zonas arboladas de la ciudad, fuegos que en su mayoría fueron extinguidos por los propios vecinos armados con palos, cacerolas y otros medios de fortuna.

También se registraban importantes fuegos en la vecina Asturias, donde se tuvo que proceder a evacuar dos localidades, y en el norte de Portugal, donde los más de 400 incendios registrados durante el día de ayer se han cobrado la vida de 31 personas. António Costa, jefe del Gobierno luso advirtió de que el balance podría agravarse, ya que hay varios desaparecidos y varios heridos en estado muy grave. Varias de ellas murieron en las inmediaciones de Coimbra, donde entre el 17 y 24 del pasado mes de junio un pavoroso incendio mató a 64 personas, que quedaron atrapadas en sus coches cuando intentaban huir del infierno en que se estaba convirtiendo la zona.

Dos de las víctimas mortales de ayer murieron en una pista forestal que une las localidades pontevedresas de Nigrán y Chandebrito, y que apenas dista 10 kilómetros del mismo centro de Vigo, cuando la furgoneta en la que viajaban tuvo que detenerse porque le cayó encima un pino. Maximina Iglesias, de 86 años, y Angelina Otero (78), no lograron salir del vehículo y murieron calcinadas. El tercer fallecido es Marcelino Martínez Fernández, de 78 años, vecino de Carballeda de Avia (Ourense). El hombre se encontraba en la cuadra, poniendo a salvo a sus animales, cuando se vio rodeado por el fuego. La cuarta víctima es Alberto Casromil Sánchez, de 70 años, vecino de San Andrés de Comesaña (Vigo), que sufrió una mala caída desde un muro al que se había encaramado para tratar de atacar un fuego con una manguera.

Un incendio se en la confluencia de las calles de Baleares y de Barcelona, en pleno centro urbano de Vigo.
Un incendio en la confluencia de las calles de Baleares y de Barcelona, en pleno centro urbano de Vigo. / @Gorje_Pereira (Twitter)

La proximidad de los fuegos hizo que densas nubes de humo y numerosas pavesas llegasen a Vigo impulsadas por los fuertes vientos, de hasta 90 km/h. Estas ascuas hicieron arder arbustos y maleza en diversos puntos de la ciudad, incluso en la céntrica Plaza de España y, sobre todo, en la Avenida de Europa. La rápida intervención de los vecinos, que formaron cadenas humanas, logró que los fuegos quedasen rápidamente controlados, antes de ser finalmente sofocados. Santiago Villanueva, delegado del Gobierno en Galicia, indicó en declaraciones a La Sexta que dichos fuegos urbanos eran intencionados.

También se vieron surgir cadenas humanas en otras localidades de Galicia. De esta manera los vecinos trataban de frenar el avance del frente activo a la espera de que llegasen los servicios especializados, cuando esto era previsible, o simplemente de salvar sus viviendas del avance de las llamas.

Los incendios, según indican los expertos de los bomberos y Protección Civil, se vieron gravemente avivados por los fuertes vientos racheados que llegaron en la cola de la tormenta tropical Ophelia. Los restos del huracán pasaron a unos 200 kilómetros de la costa, rumbo a las islas británicas y la Bretaña francesa, pero arrastraron en su estela los fuegos que arrasaban el norte de Portugal. Impulsados por el viento, las llamas salvaron con facilidad el gran cortafuegos natural que forma el río Miño y contribuyeron al cerco de Vigo.

La situación se vio agravada por lo que los expertos llaman Efecto 30-30-30, es decir más de 30 grados, vientos de más de 30 km/h y humedad ambiente del 30% o menos. En concreto, en Vigo se alcanzaron ayer los 32 grados, nuevo récord histórico para el mes de octubre; la humedad relativa era del 30% y los vientos llegaron a alcanzar los 100 km/h en los puntos más elevados y entre 70 y 90 km/ en el llano. A esto se añaden otros dos factores 30, que agravan la situación: más de 30 días sin llover, que convierte la vegetación en yesca, y hace avanzar el fuego a velocidad vertiginosa, y pendientes de más del 30%, que dificultan enormemente las tareas de extinción y convierten cada quebrada en un potencial matadero para los equipos de extinción.

Alberto Núñez Feijóo, en declaraciones a La Sexta, manifestó que en tales condiciones era imposible combatir los incendios y que habría que esperar a la llegada de los restos del huracán tropical, que traían condiciones ambientales más clementes: humedad, lluvia y vientos de menos intensidad. De hecho, pasadas las 2h00 se comenzó a registrar una bajada de las temperaturas, que pocos minutos antes era de 23 grados en Vigo. El viento había amainado y la humedad había subido al 80%, lo que anunciaba la ansiada llegada de la lluvia atlántica, que finalmente entró por A Coruña al filo de las 3h30.

Pasadas las 12h00 el presidente de la Xunta Galicia compareció en rueda de prensa, en la que calificó de «terrorismo incendiario» lo que se está viviendo en las últimas horas en esta comunidad autónoma. Agregó que a pesar de la mejoría de las condiciones climatológicas, especialmente en Pontevedra y A Coruña debido a la lluvia procedente del Atlántico, en Ourense y Lugo la situación seguía siendo «crítica».

Los vecinos forman una cadena humana para acarrear cubos de agua con la que combatir las llamas.
Los vecinos forman una cadena humana para acarrear cubos de agua con la que combatir las llamas. / @lau_duart (Twitter)

Los expertos prevenían anoche de que se espera la llegada de precipitaciones intensas en Galicia, una mala noticia, ya que el agua arrastrará las cenizas de los incendios convirtiendo los ríos en lodazales, matando a la fauna fluvial, que se verá privada de oxígeno, y haciendo el agua inadecuada para el consumo humano.

Mientras esto sucedía, se elevaban voces recordando que la Xunta de Galicia, a pesar de las desfavorables condiciones ambientales –un semestre de sequía, temperaturas anormalmente elevadas para esta época del año y la llegada de fuertes vientos–, el pasado 30 de septiembre licenció a 436 miembros de las brigadas anti-incendios. Núñez Feijóo aseguró que se dispone de medios suficientes contando a los efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME), Bomberos, Protección Civil y que, además, se habían renovado los contratos de una parte de los brigadistas.

En vista de estas circunstancias, esta pasada noche se estaba convocado un acto de protesta por la inadecuación de los medios disponibles para luchar contra el fuego y en para exigir la prohibición de la plantación de eucaliptos, un tipo de árbol muy provechoso para la industria papelera por su rápido crecimiento, pero que agosta el suelo y contribuye a propagar los incendios.

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Bomberos, agentes de policía y Protección Civil, y personal forense hacen un alto en el trabajo junto a dos de los vehículos quie ardieron cuando las llamas envolvieron de golpe la carretera.
Bomberos, agentes de policía y Protección Civil, y personal forense hacen un alto en el trabajo junto a dos de los vehículos que ardieron cuando las llamas envolvieron de golpe la carretera. / Miguel A. Lopes / Efe

Un total 62 personas han fallecido en el pavoroso incendio que desde el sábado asola la localidad portuguesa de Pedrógão Grande, en el distrito de Leiria, situado a unos 200 kilómetros al norte de Lisboa. Al menos 30 de los fallecidos murieron carbonizados cuando los vehículos en los que intentaban huir de las llamas se vieron rodeados por el fuego y sus ocupantes, en ocasiones familias enteras, quedaron sin escapatoria posible. Otras 60 personas ha resultado heridas de diversa consideración.

«La dimensión de este incendio es tal que no tenemos recuerdo de una tragedia humana similar«, dijo el primer ministro Antonio Costa tras su llegada a Pedrogao Grande, un área montañosa situada unos 200 kilómetros al noreste de Lisboa. El Gobierno declaró tres días de luto y envió dos batallones del Ejército a ayudar a los servicios de emergencias. Francia ha ofrecido tres aviones, mientras que España despachó dos naves, dijeron las autoridades locales.

Aunque más de ochocientos bomberos luchan por contener el incendio, los responsables de las tareas de extinción se muestran pesimistas, ya que a la sequía que conoce la zona hay que añadir la intensa ola de calor y los fuertes vientos cruzados propios de esta región montañosa y muy boscosa. Esto hace que el fuego se propague con alarmante velocidad y sea muy difícil combatirlo, ha indicado Jaime Marta Soares, presidente de la Liga dos Bombeiros. Por el momento, unos 800 bomberos, apoyados por vehículos terrestres y varias aeronaves –entre ellos cuatro Canadair españoles y dos aviones franceses– intentan proteger a la población civil.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha anunciado que la Unión Europea acudirá en socorro de los equipos de extinción que en el distrito de Leiria luchan contra este fuego catastrófico. Un total de 1.537 bomberos portugueses tratan en estos momentos de controlar y apagar 10 incendios de importantes proporciones. «Mis pensamientos están con las víctimas en Portugal. Felicito a los bomberos por su valentía. La UE ha activado un mecanismo de protección civil y ayudará», apuntó Juncker en su microblog de Twitter.

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