Gran hermano, drogas y alcohol

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En la búsqueda desesperada de contenidos que llevan a cabo todas las cadenas para situarse en un puesto digno del share (audiencia de un programa sobre el total de la audiencia real de la televisión en un momento determinado) que pueda interesar a los anunciantes, hace tiempo que ha surgido en las parrillas un tipo de programas denominado coach (ayuda) -ya sabemos que la tele es anglófona y todas las palabras se copian directamente del inglés- a los que Cuatro es muy aficionada.

Son programas en los que unas personas acceden a ser ayudadas en alguna carencia, disfunción o problema ante las cámaras, suponemos que también por dinero y por el minuto de gloria del que hablaba Warhol. El primero que nos viene a la cabeza por el acierto del nombre es Supernanny, en el que una niñera de manual ayudaba a padres desesperados en la educación de sus hijos. Luego llegaron Hermano mayor, para ayudar a adolescentes conflictivos, y Ajuste de cuentas, como ayuda y asesoramiento financiero a las familias con problemas económicos. Ahora se riza el rizo con Soy Adicto, un híbrido entre Gran Hermano y Hermano mayor para drogadictos que la cadena de Prisa estrenó el viernes.

Diez adictos a todo tipo de sustancias (alcohol, cocaína, heroína, marihuana…) se encierran durante un mes en una casa de la sierra de Cádiz repleta de cámaras para desintoxicarse, acompañados por el presentador del programa, Quico Taronjí –ex reportero de la primera edición de España Directo-, y un médico, un psicólogo y dos asistentes sociales de la Fundación Girasol, que es la responsable terapéutica del experimento importado de Europa y producido por Magnolia TV.

En tiempos de crisis este tipo de programas en los que la mierda más gorda se la comen otros crecen como setas en otoño, porque, como en el viejo chiste de “virgencita que me quede como estoy”, no tendríamos vergüenza si después de ver a estos hombres derrotados por la vida consumirse ante nosotros nos quejásemos por no llegar a fin de mes, no poder pagar la hipoteca o haber perdido el trabajo. Ahora cada viernes por la noche tendremos una hora de terapia televisiva y podremos sentirnos un poco mejor, aunque tengamos que cenar pizza congelada otra vez y el lunes por la mañana no sepamos qué hacer después de sellar el paro.

La cosa promete altas dosis de sadismo y vergüenza ajena para los 1.205.000 seguidores que tuvo el programa el día de su estreno, el 7,7% del share, quienes van a poder ver desde el sofá de su casa sin mover una ceja la desesperación de diez incautos que no tienen nada que perder porque ya lo han perdido todo, empezando por la dignidad.

A nosotros nos parece que no tiene ninguna justificación moral aprovecharse de la desesperación de unos infelices para crear un programa en el que van a exhibir su desesperanza, sus traumas y los infiernos en los que viven y han vivido a cambio de la zanahoria exquisita y casi inalcanzable de desengancharse de las drogas.

Y para colmo el programa tiene trampa porque no es en directo. O sea, que los responsables han podido editar y eliminar lo más desagradable -seguramente quitarán lo menos- y a estas alturas ya sabrán lo que ha pasado al final. Probablemente que alguno de los diez haya conseguido pasar treinta días sin meterse un tirito, beberse un güisqui, fumarse un peta o un chino o pincharse un jaco, para justificar de esta manera su emisión. Aunque lo que les pase a los cinco minutos o a los tres meses de salir de la casa les importe una mierda y a la audiencia otra. Eso, en todo caso, puede ser materia para otro programa, Todavía soy adicto, Sigo siendo adicto o alguna gilipollez por el estilo.

Música suave y sensiblera alternada con raps y cosas más hard, planos cortos y un montaje acelerado son la parte formal destacable de este engendro, cuya exagerada puesta en escena acompaña a la sangría de decencia y decoro: no pueden tener relaciones sexuales -en eso estarán pensando con el mono- y sólo fumar 20 cigarrillos diarios, se les registró en la entrada como a un palestino en el aeropuerto de Tel Aviv para que no pasaran drogas, perros adiestrados paseaban por la casa para encontrar unos tranquilizantes que le robaron a alguien y los familiares, desesperados, juraban a cámara que era la última oportunidad que les daban momentos después de haber mostrado fotos de infancia de los adictos con todo el porvenir que nunca llegó.

Por si esto fuera poco la cadena adelantó carnaza de programas posteriores con violentas discusiones, gritos a cámara, abandonos, lloros, terapias de grupo desgarradoras y frases antológicas como “como me sigas con la cámara te meto una hostia”. Ahí es nada. Droga dura.

11 Comments
  1. Alcatufo says

    Un nuevo escalón más hacia la cima de la porquería. Lo penoso es que no haya nadie que pida que les retiren las licencias de emisión a T5, A3, 4 y la 6ª, a la vista del uso que hacen de ellas emitiendo GH, DEC, Soy Adicto, Ni-ni… y otras delicatessen, porque, desde luego, si hay que esperar que la audiencia dé la espalda a esta bazofia, mejor hacerlo sentados.

  2. MULTIVAC says

    Bien dicho!! lucidez en todo lo apuntado amigo Perplejo… hemos pasado de mezclar sutilmente programas instructivos con cierta telereality (Supernanny) a meternos de lleno en una montaña rusa de emociones ruinosas (Generación NINI)… imagino a las «mentes creativas» de las productoras, buscando el siguiente programa (como en la pelicula «Cortina de Humo»), con los colmillos afilados, y sin que exista ningun principio en sus cabezas, montando un programa de telerealidad, en la cual, pondrán a un cojo, un tuerto, un mudo y un sordo (al menos parecerá un chiste castizo español de los de antes)

  3. Eulalio says

    La fama de la televisión en España nos precede:
    http://www.publico.es/televisionygente/305627/1/visto/dicho/oido#

  4. Anónima says

    Mi opinión es favorable hacia todo este tipo de programas cuando el objetivo es la búsqueda de una solución y ayudar a gente enferma y por supuesto a sus familias. Me pareció bastante real y un ejemplo para la sociedad. Tenemos que abrir los ojos para ver que es un gran problema social y que con conocimiento puede ser preventivo para nuestros adolescentes. Y lo digo con conocimiento de causa…

  5. MULTIVAC says

    Estimada Anonima, no entiendas mal la critica. No se duda de que sea una realidad existente, no se duda de la necesidad de concienciar… de lo que se duda es de la fórmula, de si realmente se busca lo que dices, o, a traves de una tragedia social, montar un show televisivo, con un formato igual al de Gran Hermano, alejándose del mensaje que tu buscas, buscando el mero show televisivo, que es el caso creo. Da la impresión que lo que menos importa son los sujetos, objeto de desnudez social ante unas cámaras, y lo que se desea es el morbo…. aparte de que existen personas con el mismo tratamiento, y ayuda, pero que, menos mal, no quedan estigmatizadas de por vida, por no salir en un medio de comunicación…. dudo de la eficacia, postprograma, de dicho método en unas personas que han desnudado TANTO su problema ante las cámaras.

  6. marylou says

    ¿Pero este programa existe de verdad? Me he quedado perpleja. Tampoco es que me escandalice, es simplemente que a veces tengo curiosidad por saber a dónde se puede llegar, porque me parece que en ocasiones se rebasan los límites. Supongo que todo es, como se dice en el artículo, por ofrecer algo a los espectadores que les haga sentirse, por comparación, menos insatisfechos con su vida y sus problemas.

  7. Pascual Serrano says

    Para anónima y multivac. La clave para distinguir una buena intención de un show es saber a quién beneficia: publicidad para la Fundación Girasol y un programa para Cuatro. Ganan todos menos los drogadictos. Por lo menos a corto plazo. Saludos

  8. lucas says

    Vamos que no tiene desperdicio el programa, y como no es en directo el marketing dictará lo que emitir para ganar share. El adicto habrá intentado ser famoso como terapia y cuando el programa termine tendrá salida en las tertulias de los programas tele-basura.
    Sorprendente el negocio de la televisivo, se superan cada día en la mediocridad.

  9. jonathan says

    ¿Límites? ¿Qué límites? Lo triste es que todo esto tenga audiencia. Nos ha amolao el «pueblo soberano».

  10. Icoman says

    Para los nenes de SUPERNANNI recomiendo llevarles a ver el Ratoncito Perez al teatro y un poco de parque, a los NINI´s un cachete a tiempo y si no quieren estudiar optar por que pasen el cepillo en una obra o abran zanjas a mano, para los ADICTOS una terapia adecuada y respeto y a la MILA la jubilación,coño.

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