Kafkiano lucimiento formal

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Cuando actores de la talla de Concha Velasco, Xabier Elorriaga, Iciar Bollaín o Alex Brendemühl arropan a dos jóvenes actores poco conocidos en una película de un director ecuatoriano que sólo ha rodado antes dos, aunque relativamente premiadas (Ratas, ratones y rateros y Crónicas), en la que se han gastado el dinero Telecinco y Guillermo del Toro y sus amigos mejicanos, a través de su productora Tequila Gang, uno por lo menos se pregunta por qué.

Después de verla sigues preguntándote lo mismo. Porque Rabia es ante todo un ejercicio de estilo, un excelente cortometraje de fin de carrera basado en una novela al que se le ha añadido unos cuantos minutos más para convertirlo en un largometraje lleno de virtudes formales y defectos de fondo que cuenta con la colaboración de grandes actores. Eso y nada más.

Rabia es un producto heterogéneo con una narrativa fuera de lo común y un ritmo distinto, lo que en sí mismo ya es una virtud: tiene una fotografía cuidada, una iluminación y un color particulares, alterna planos secuencia con primeros planos y escenas con cámara al hombro y con la cámara fija, y encima se ha rodado casi toda en interiores.

Pero no es suficiente. Nos falta la médula. Porque no nos engañemos, Sebastián Cordero no se llama Buñuel de apellido aunque su película esté trufada de metáforas y algún guiño surrealista que nos recuerde lejanamente a El ángel exterminador o a Viridiana y a La metamorfosis de Kafka.

El problema mayor de Rabia es que desconocemos qué nos quería contar el director: ¿una historia de amor imposible?, ¿un relato de intriga y asesinatos?, ¿un drama costumbrista de la decadencia de una familia?, ¿un drama social sobre la emigración?… No lo sabemos. Sólo sabemos que ha mezclado en dosis irregulares todos estos argumentos en un guión demasiado flojo y los ha subordinado a la forma.

Sebastián Cordero se ha limitado a transcribir desde la novela homónima de Sergio Bizzio una situación extraña y a adornarla con tramas paralelas poco profundas. Desde un arranque prometedor de una relación de amor entre inmigrantes truncada por la rabia nos adentramos en un thriller psicológico y metafórico de alguien atrapado en una casa y en sí mismo que va sufriendo una transformación física (y suponemos que moral) en una especie de rata mientras el resto de personajes se mueve desde la nada hacia ningún sitio por una trama viscosa que no avanza desde el planteamiento.

Desde luego sin el excelente trabajo de la pareja protagonista, Gustavo Sánchez Parra y Martina García, el plantel de secundarios y la llamativa producción de Del Toro, que por cierto acaba de abandonar la dirección de El Hobbit, el relato de Tolkien anterior a El señor de los anillos que estaba preparando hace tiempo, posiblemente esta historia tan claustrofóbica y kafkiana se nos hubiese atragantado del todo.

Rabia es un retrato, una suma de metáforas mezcladas con gran virtuosismo formal pero que no cuentan casi nada más. Un envoltorio excelente de una historia fútil. Una película de difícil digestión no apta para estómagos acostumbrados a la comida rápida. A pesar de haber triunfado en Málaga, Guadalajara de México y Tokio. O quizá por eso.

¿La historia? Un emigrante mata a su patrón y se esconde en el caserón de su novia, también emigrante, que trabaja de asistenta interna con una familia burguesa española venida a menos. Ella se queda embarazada pero no sabe nada de su paradero a pesar de que se encuentra sólo unos pisos más arriba de ella.


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2 Comments
  1. Multivac says

    El cine es un arte, cuyo fin, es generar negocio. Este equilibrio, difícil de sustentar, hace que si por primar el arte, nos alejemos de lo que la gente busca -dándoles la espalda lejos de la taquilla, o parte de ella- al final, no tendrá salida, para mostrarlo. El caso contrario, primar el negocio, ahogando totalmente el arte, aguantará un tiempo, pero tendra siempre fecha de caducidad. Algunas películas, el Director, no tiene en cuenta la mentalidad del espectador…. pudiendo crear una magnifica película, a nivel estético, pero una historia difícil de absorver por el espectador… perdiendo el interes del público.

  2. Uriuri says

    Ese es en mi opinión, el problema de muchísimas películas modernas (hablo como un carca, pero sólo tengo 26 años); que no cuentan nada. Hubo un momento en que se dijo que el cine no sólo era contar historias sino también ‘cómo’ contarlas. El problema es que al final parece que ya no importa si contamos una historia o no la contamos; o a veces, que se parte de una mierda de historia, pero se cuenta desordenada, con originalidad respecto a lo formal, y pasa por obra maestra. Cada vez se desprecia más la importancia del guión.

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