Ventajas de trabajar en equipo

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Campus de la Universidad de Yale

Hace muchos, muchos años, había a un ingeniero que atesoraba, sin esperanza, entre sus papeles, el proyecto de una torre capaz de generar ciclones que proporcionaran energía eléctrica. Era su invento, quizás demasiado prematuro para aquella España de los ochenta, muy entretenida en movidas, pero no  de ese tipo.

Su nombre es José Vicente Zapata, un hombre de aspecto cansado que me mostró sus planos, dibujos, operaciones y me explicó detalladamente en qué consistía el invento. Aún no se hablaba de los molinillos que ahora jalonan nuestros paisajes con mayor o menor fortuna. Hablo de hace treinta años.

Nunca más he vuelto a saber de él y de su trabajo, aunque sí recuerdo que las autoridades españolas no le escucharon y que recibió algún apoyo de científicos alemanes para desarrollar su proyecto que terminó por ensayarse en Santa Cruz de la Zarza, provincia de Toledo, en 1981, aunque sin más noticias. El año pasado, en Italia se lanzó a bombo y platillo un prototipo de torre ciclónica, de parecidas características.

Retengo en la memoria una parábola que Zapata me contó, y que sirve para entender muchas cosas que suceden en España. Harto de las manchas de la estilográfica en sus dedos, un español idea un tubito que llena de tinta y le pone una punta para escribir. Se lo enseña a un amigo. Este le desanima: “va a manchar más; déjalo”. Y lo deja. Al mismo tiempo, la misma escena se produce en Hungría. El amigo del húngaro lo anima a continuar y le propone que ponga una bolita de acero en vez de una pluma en la punta del tubito. Otro sugiere que lo tape con un tapón de plástico. De modo que inventan el bolígrafo. Y lo van perfeccionando. Los americanos se lo apropian ya que al húngaro se le pasó el detalle de registrar el invento. Un francés lo ve y decide comercializarlo. Así nace Bic, contado en breve.

Viene esto a cuento del descubrimiento de un cuadro atribuido a Diego Velázquez en los sótanos de una universidad americana y de su inmediato estudio para dilucidar si realmente pertenece al pintor sevillano.

El afortunado descubridor del cuadro, John Marciari, experto en pintura española e italiana de la Universidad de San Diego, se ha tomado siete años desde que se le encendieron las pestañas al ver el cuadro por vez primera hasta que ha publicado un artículo contando sus sospechas en Ars Magazine. Marciari ha estudiado, trabajado, investigado sobre el asunto y, sobre todo, ha consultado a otros expertos para que le dieran su opinión.

Ahora, con todas las prevenciones por delante, desearía seguir consultando, que lo vieran en el Museo de Bellas Artes de Sevilla o en el Museo del Prado, que entre todos los estudiosos de Velázquez se descubra la autoría.

Pero, ¿quién debería verlo? Y sobre todo, ¿quién va a decidir quién debe verlo? ¿Quizás el director de la primera pinacoteca española, Miguel Zugaza?

Hay en el Museo del Prado especialistas de mucha categoría que no gozan de la estima que merecen dentro de la institución, aunque fuera de ella y de las fronteras españolas sean más que aplaudidos.

Quién no conoce, en su entorno laboral, víctimas de la vieja e indeseable tradición de la envidia que abre márgenes donde apilar a gente valiosa mientras se favorece a reconocidos trepas, algunos de éstos, también buenos en su materia, todo hay que decirlo, pero otros, perfectamente prescindibles, aunque con gran capacidad adulatoria y de guiños cómplices.

Todavía se recuerda el enfado con que Jonathan Brown se juró no volver a tratar con los responsables de El Prado, a propósito de algo que ahora no viene a cuento, harto de la ineficiencia y de la humillación a la que sometieron a quien pasa por ser uno de los mejores hispanistas.

Esperemos que el ejemplo comunicativo del profesor Marciari cunda en España. Mientras tanto, nos mantendremos atentos a la peripecia de ese cuadro maltratado, La educación de la virgen, que quieren atribuir a Velázquez, y que unos pijines de Yale University, los hermanos Townshend, cedieron a los estudiantes de Bellas Artes, allá por los felices 20, para que fueran practicando. ¡Qué nivel!

13 Comments
  1. celine says

    Llegar a la final del Mundial de Fúmbol es otra de las ventajas de trabajar en equipo, desde luego.

  2. estrella says

    Bonito el cuadro. Podria ser de su maestro Pacheco?

    Jonathan Brown es uno de los mejores hispanistas.

  3. vgaspar says

    Hola,

    que gracia ver este post tuyo sobre J.V. Zapata. Mi padre lleva siglos explicándome siempre la misma batallita. Me entusiasmaba tanto su historia que como proyecto para el cole hice una maqueta de la torre de conversión ciclónica. Incluso estoy pensando en montar una de menor escala en el jardín de casa (que es soleado y corre siempre mucho viento).

    Me gustaría saber donde hablaste con Zapata, en que ciudad y eso. Puedes dar mas detalles? Me gustaría hacer una excursión con mi padre para ver la torre (si todavía existe) y hablar con Zapata (si todavía está vivo). No he podido encontrar mucha información sobre él en internet.

    Muchas gracias.
    Un saludo enorme.

  4. Alfredo Avia says

    Comentar que lamentablemente José Vicente Zapata, falleció.
    También que hay un error decir que su proyecto se pudo ensayar en Santa Cruz de la Zarza, provincia de Toledo (Mi pueblo). Efectivamente no encontró el respaldo para llevarlo a cabo.
    Unos años después un grupo integrado en una cooperativa llamada Gedeon S.Coop. Puso en marcha en ese pueblo el primer Aerogenerador conectado a Red Español. Lo recuerdo pues pertenecía a esa Cooperativa.

  5. Adolfo says

    Irónico que este ensayo – las ventajas de trabajar en equipo—haya salido el mismo día que el triunfo del equipo español en Durban. En cuanto al cuadro atribuido a Velázquez, me extraña que el director de El Prado no haya dicho nada al respecto. El año pasado comentó el hallazgo de otro cuadro en los sótanos del Metropolitano.
    http://www.larazon.es/noticia/el-metropolitan-saca-del-sotano-un-nuevo-velazquez

  6. Elvira Huelbes says

    Alfredo Avia, gracias por la información. Me apena que Zapata haya fallecido. De Santa Cruz de la Zarza -un pueblo al que hace mucho que no voy- conocía a Carmen, de la familia de «Los Pajaritos».

  7. Elvira Huelbes says

    VGaspar, me alegra haberte alegrado con la entrada. Reconozco ese tipo de alegrías y me encantan.

  8. vgaspar says

    Hola Alfredo,

    gracias por la información. Ciertamente triste que no siga vivo. Aunque parece ser que su invento si lo sigue y continua dando vueltas por el mundo e ilusionando a gente.

    Un cordial saludo

  9. Rosa Mary de Torres says

    E España con los inventos y sus inventores siempre han ocurrido cosas así.Somos poco prácticos.

  10. Rosa Mary de Torres says

    En España con los inventos y sus inventores siempre han ocurrido cosas así.Somos poco prácticos.

  11. Gloria says

    Transformar la envidia en admiración
    es lo que permite consultar a los expertos y mejorar el trabajo. Parece que esto cuesta

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