El vértigo de tu mirada

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Ofelia de Pablo

El comandante anuncia el aterrizaje. El avión hace un giro perfecto en el aire y la inmensidad de Bangkok se muestra en todo su esplendor. Jim está pletórico. Es su primer viaje a Asia. Tiene ya la cincuentena pero aun no ha pisado Oriente y su sonrisa dibuja la curva de la felicidad cuando escucha el inconfundible sonido del tren de aterrizaje. Pliega el ordenador portátil con los últimos datos que enviar a la oficina y mira por la ventana. Sonríe hacia sus adentros y piensa ¡por fin vacaciones!

Cae el sol en la capital del antiguo reino de Siam. La noche es cálida y las calles del barrio de Patpong, el barrio rojo, son un hervidero. Bailar hasta el amanecer es el deporte nacional y en la calle las mujeres ofrecen sus cuerpos descolgándose de barras en posturas inverosímiles. Grupos de turistas se pelean entre risas y alcohol por las tailandesas más bellas. En el interior del local la música es ensordecedora, hay una parte más oscura donde pequeños bultos de restriegan danzando al son de un ritmo frenético. Un tipo enorme, empapado en sudor aplasta literalmente a una mujer contra la pared, parecen divertirse, él ríe. Se frota y sus blancas y regordetas manos bucean en el pequeño vestido de ella. Ella se deja. Al segundo la mujer sale despedida entre risotadas hacia el otro extremo de la barra, cae al suelo, el tipo y sus amigos se burlan. Ella levanta tímidamente la mirada. Sólo tiene 12 años. La mano regordeta vuela por el aire y suena una bofetada “ven aquí puta” y la niña sumisa vuelve a él. Los amigos vuelven a reír, ellos también están acompañados de menores. Alguien dice “Jim te haces mayor, ya hasta las niñas se te revelan; más mano dura la próxima vez”

En el sudeste asiático más de un millón de niños están obligados a ejercer la prostitución infantil. Sólo en Tailandia las cifras hablan de más de 80.000 menores de trece años. El turismo sexual ha traspasado límites cebándose con los más pequeños y los más indefensos. Un cártel en el aeropuerto exhibe esta frase: “Sin Clientes No Hay Prostitución Infantil”

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