En este momento, en cualquier lugar del mundo

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José García Pastor *

Contrariamente a lo que se suele pensar, el espacio tecnológico-virtual no se
implantó para agilizar la comunicación, generar riqueza, perpetuar la desigualdad o
ampliar al infinito las posibilidades de esparcimiento, aprendizaje o estulticia,
sino para devolver a la narración el lugar que le corresponde en lo más íntimo del corazón humano
…”

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Actas del Primer Congreso del Cibernáculo

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Luz de mi vida, sangre de mis venas, fuego de mis entrañas, no se alarme si irrumpo sin avisar, no quiero ahuyentarla ni aburrirla

a veces me imagino que os hablo a todos desde un promontorio

no la voy a apabullar con las credenciales que suelen manejar los hombres de mi edad —madurez, experiencia, saber vivir—,

alguien ha estado en el nuevo hotspot?

no pretendo hablar de mí, ni le voy a contar lo infeliz que soy con mi esposa (le mentiría) o lo que me enorgullezco de mis hijas

es molón aunque casposillo, el camarero un rijoso

(podría gastar en ello miles de pildoritas lingüísticas), tampoco le hablaré de ilusiones disueltas o de un prestigio arduamente labrado,

me llama el Johny, q le escuche bien y pare un momento el chunda chunda

prefiero rememorar el instante en que la vislumbré entre el vaho condensado en las gafas por el repentino cambio de temperatura,

yo dime lo q quieras q me las sé arreglar para hacer muchas cosas a la vez

no se crea, señorita, no soy de esos que sólo van detrás de sangre fresca, no persigo carnes o almas tiernas por su mera calidad de ternura,

y él que dejara de reírme

no niego los naturales impulsos, entiéndame, lo que le cuento es otra cosa, le decía que cuando la vi con ese ordenador tan pequeñín,

y yo que no puedo, ya me conoces

como hecho a la medida de sus incansables dedos, auriculares diminutos y —prodigio de actividad simultánea— telefonillo en la oreja,

se me puso trágico el colega

sin dejar de reír y hablar con una amiga, rodeada, para mi gran sorpresa, de otros muchos pioneros de la magna empresa,

ke todo lo hago por ti, por ti me van a quedar tres para septiembre

—le confieso que hasta hace poco nada sabía—, uno absorto en un intercambio de puñetazos virtuales controlado a golpe frenético de tecla,

y que al menos tenga la decencia de ser sincera, si no le quería bastaba con decírselo

otro ampliando fotos de una galería, nunca había visto tan lleno el lugar al que acudimos desde antes de que usted naciera

q le dolería pero sabría superarlo

(tertulia, lo llamábamos entonces), hoy sólo quedamos un puñado de cascarrabias que despotrican del mundo y sus nuevos usos

le dejé hablar, subí la música, le pasé el teléfono un rato a la Nati y ya harta le respondí

mientras apuramos tacitas humeantes y copas de aguardiente recio, pero algo debió de verme en la cara Manolo, casi no le reconozco,

lo único que me importa es la vida plena

sin chaqueta de cuello abotonado ni brillantina, empecinado en el despido, pensé, pero se limitó a señalar una pegatina

con quien sea, cómo sea

plantada en un lugar bien visible de la cristalera, le di a entender con un gesto que no sabía lo que simbolizaba la antenita

a solas, en red, agitándome, apalancada

y él me dijo en voz baja que los nuevos dueños pensaban que así salvarían el negocio, mezclando solera con nuevas tendencias,

con futuro o sin él, siempre sin pasado

modernizando un poco el decorado (no es de mi estilo, señorita, pero si a usted le gusta lo daré por bueno), rejuveneciendo los atuendos

aspiro a hacer de mi vida un inmenso desbarajuste de los sentidos

y ampliando la selección y los precios de las bebidas cafeínicas, aparte de que así —me guiñó con picardía— se veía mucho muslamen,

la cabeza a punto de estallar

el muy zafio, pero para entonces yo ya me había acodado en el punto de la barra que me pareció más ventajoso para proceder a la adoración

lejos del cole, de los marrones, de las lecturas obligadas

y, a pesar del sabor dulzón y estrafalario del brebaje que me sirvió un mozo greñudo, quedé transido en el acto de contemplación,

ser yo, ser otra, probar lo nuevo

viéndola apartarse un mechón con la mano, respondiendo con risitas a los comentarios susurrados por su escudera, hablando sin parar,

y en estas se me queda mirando un viejales alelado

supe entonces que tenía que decirle algo y, disculpe si me equivoco, hasta me pareció que me miraban, se decían algo y volvían a reír

me lo dijo Nati, la verdad ni me había fijado

y yo, con sabor a gominola en la saliva y resignado a que no hubiera en todo el local ni una miserable botella del homínido,

del bigote le colgaba la espuma del latte

leí —no encuentro mejor palabra— en su rostro la abolición de mi respetable mediocridad y en un instante me decidí a darlo todo

gafas de culo de vaso, calvorota

por saber algo de ese mundo prístino que usted habitaba, así que, ya suyo, empecé a avanzar hacia el foco que me abrasaba, carraspeé,

mira que se acerca, se ha fijado en ti

y a punto estaba de lanzarme a expresarle todo esto y mucho más en un discurso improvisado que me revelase como ni yo mismo me conocía

mientras el otro panoli con lo de los apuntes que te pasé, el resumen de los libros que no leíste, los auriculares nuevecitos que te regalé

cuando usted —¿lo recuerda?— echó mano a una servilleta, único papel a su alcance, garabateó algo y me la entregó casi sin mirarme,

así será éste de mayor, pensé, empolloncete hoy y baboso de bareto mañana

invitándome a tutearla pese a que yo ni había abierto la boca, aparte de que, como ve, me resulta imposible tomarme libertades con usted,

los dos me daban pena pero aquello no tenía nada que ver conmigo

mudo y absorto me dejó, ni me di cuenta de que desmontaban el tinglado y se evaporaban como si nunca las hubiese tenido en mi presencia,

no me gusta que me agobien, casi les pego un grito a los dos

llegué a pensar que todo había sido alucinación, pero en una mano apretaba la prueba de que usted había estado en mi café de toda la vida,

y entonces a la Nati se le ocurrió algo mejor

guardé junto al corazón el papelito y me pasé los días y las noches desentrañando significados, estudiando los caprichos de su caligrafía,

estate al loro, Johny, pronto conocerás a alguien nuevo

esforzándome por pronunciar una secuencia imposible, sólo vi la luz el día que se me cayó al suelo en medio del desayuno

al otro le anoté el dato (@johny_solo) y le di el papel e instrucciones escuetas

y una de mis hijas me lo devolvió asombrada de verme con tal jeroglífico, yo guardé la compostura y me encogí de hombros

y nos piramos echando leches, la Nati se olía que no sabía de qué iba la cosa

me dijo que la arroba del principio indica nombre de usuario, y entonces empecé a indagar simulando curiosidad desinteresada,

para mí que sí, asistiré callada al diálogo

compré o tomé prestado material, aprendí en unos días lo que hasta entonces había rechazado como aberración de una contemporaneidad inane

a ver si se envían msjs de amor

y me sumergí en el laberinto de voces de donde no saldré hasta encontrarla en forma de respuesta, la haré partícipe de mi desazón

no es para partirse el culo?

sin superar el número de caracteres prescrito, zambulléndome en el medio por usted elegido, errando de tecla y corrigiéndome sin cesar

Fuego soy apartado y espada puesta lejos

(perdóneme, le ruego, los solecismos), pero seguro de que seré capaz de doblegar al infierno de conversaciones entrecortadas

🙂

y nos encontremos donde, apiadada, empezará a mostrar las maravillas de la nueva vida a quien es y siempre será su humilde seguidor.

* José García Pastor (Madrid, 1965) es escritor y traductor. Está orgulloso de su biblioteca, su familia y unas cuantas cosas más.

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