Trabajar cansa

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Portada de 'Los cuentos' (Ed. Lumen)

Un 26 de agosto de hace sesenta años, un hombre joven, un poeta italiano, romántico y obsesionado por el fracaso al que considera acompañante infalible casi desde su tierna infancia, se quitó la vida. Dicen que en la mesilla de noche de la habitación del hotel Roma de Turín, junto a su cadáver, dejó su libro Diálogos con Leucó (1947).

Esos pocos datos fueron suficientes para adentrarme en los escritos de Cesare Pavese, en aquel entonces cuando la vida era más sencilla y las horas, elásticas. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos/ -esta muerte que nos acompaña/ de la mañana a la noche, insomne,/ sorda, como un viejo remordimiento/ o un vicio absurdo-.

Llegué a Pavese, como suele suceder en la tardía adolescencia, por consejo de un amigo, y me aficioné a él por la lectura de sus escritos ensayísticos, El oficio de vivir (1952), La literatura americana y otros ensayos (1951), que en español llegó como El oficio de poeta (1957) y la Correspondencia. Me parecía un escritor muy acertado en los títulos: Lavorare stanca (1936), qué buena idea titular así un libro de poesía.

La editorial Lumen ha sacado los cuentos de Pavese, todos juntos, en una traducción impecable y bellísima de la gran Esther Benítez, desaparecida hace ya nueve años. Son cuentos escritos en su estilo estricto, donde sólo hay lenguaje, como él mismo afirmaba de la literatura buena. La creación de todo un mundo por las palabras, sin trucos, como en la breve descripción de mañana fresca, en la que “una gran luz fría llenaba los cristales”, de Fidelidad, uno de los magníficos cuentos recogidos en este volumen.

Abundan en CP los títulos de una sola palabra, como si no quisiera revelar mas detalles, aunque resulta que son tan acertadas que lo revelan casi todo en un solo golpe: Insomnio, Despertar, Años, Suicidios, Vocación, Amigos

CP había aprendido a escribir leyendo a los grandes de la literatura norteamericana a los que luego tradujo largamente. Sus amados Steinbeck, Faulkner, Hemingway le aclararon el camino del oficio de escribir. Su amistad con Giulio Einaudi y con Leone Ginzburg, que moriría años después, en 1944, a manos de los nazis, fraguó en la fundación de la editorial Einaudi, en 1937, que era más que una editorial.

Si bien es cierto que la misoginia practicada en sus cuentos y novelas me tiró para atrás al principio, pronto me dí cuenta de que se trataba de una treta para defenderse de su soledad, proteger a su desamado corazón, huir de su fátum despiadado. La misoginia de CP es casi un acto de amor que, lejos de ofender, llena de lágrimas los ojos de la lectora atenta y compasiva. Otra cosa es lo que él mismo dice de Dostoievsky, autor en cuyas novelas las mujeres nunca son protagonistas, sino que aparecen vistas por otros. Dejemos esto.

Porque a lo que yo iba es a la prosa de Pavese, la limpia traza de su literatura, que le hace ver una historia precisa en lo que otros –según recuerda Italo Calvino, quien le comentó bien- solamente ven “casas, campos, fábricas y humo de cigarrillos”. Como les pasa a los que son ajenos a las labores diarias del campo, que no ven más que las cestas llenas de fruta o las fiestas del pueblo en agosto. “Solamente un campesino ve en los surcos recién abiertos el trigo del año siguiente”.

Un cortísimo cuento, Trabajar es un placer, el último de los reunidos, escrito en invierno de 1946, retrata su maestría de escritor. Los ojos de un niño que escucha las conversaciones de los mayores y que repite, aunque no a lo loco, las conclusiones que oye. Esto da pie a los adultos no a reírse del pequeño, sino a cavilar otros aspectos de la realidad que viven.

La literatura de Pavese pervive enredada en las dudas de los trabajadores, las soledades de las gentes del campo, los desamores de las mujeres. Tan actual y valiosa como hace sesenta años, cuando decidió cortar por lo sano.

Me complace comprobar que releer a Pavese en un placer y que puedo brindárselo a usted lector que ha llegado, generosamente, hasta aquí.

8 Comments
  1. Mara9 says

    Totalmente de acuerdo en que la misoginia de Pavese llena de lágrimas a la lectora atenta y compasiva. Además, cuando no tiene el poder de hacer daño, la misoginia no deja de ser una especie de deshumanización al alza. En pocas palabras, un homenaje.

  2. Un lector says

    Muy bien, Elvira. Pavese, Turín, la ciudad del diablo. Si ni siquiera el diablo, condenado «ad aeternitas», se compadece de tu sufrimiento, lo mejor es «cortar por lo sano», como tú dices. La mujer (supongo) del núm. 1 es mejor que Lucifer. Veo que sigues en plena forma, Elvira.

  3. Elvira Huelbes says

    No sé, Mara9, si hay misoginia sin «poder de hacer daño»: claro, la de CP parece que hace menos daño que otras misoginias; puede ser. Pero bien sabrá usted que a veces las palabras, más que pronunciadas, son disparadas. Me gusta ver que ama a Pavese.

  4. Elvira Huelbes says

    Gracias, querido lector, quienquiera que seas. Turín bien vale un Lucifer, ¿no es así?

  5. Un lector says

    Sí, claro, merece la pena conocerle cogido de la mano del propio Pavese («El diablo sobre las colinas»), a ser posible en lo que resta de este «bello verano» que tú y otros compañeros de tu periódico, humilde pero muy digno, nos estáis ayudando a paladear. Por cierto, ¿por qué se les calificará a algunos imitadores del «Príncipe de las Tinieblas» con ese despreciativo «es un pobre diablo»?; ¿quienes son, entonces, los «ricos» o «grandes» diablos?

  6. me says

    Un misógino romántico?

    «The great lovers will always be unhappy, because for them love is great and so they ask of their beloved the same intensity of thought that they have for her – otherwise they feel betrayed.» (14.10.1940)

  7. me says

    Perdón, la cita viene de wikipedia en inglés.
    Elvira, has despertado mis ganas de volver a este autor. Gracias.

  8. Elvira Huelbes says

    Me alegra mucho, me. Aunque en italiano sería lo óptimo, pero quién tuviera ese don de lenguas…

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