Robar la tierra de los antepasados

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Ofelia de Pablo

“Soy Mapuche” –dice Aimara- mientras me prepara un café en su modesta casa de la Araucanía, al sur de Chile. “Hay gente que no sabe ni lo que es eso, tanto daño han hecho a mi pueblo que ya ni nuestro nombre se conoce” Nuestras tierras siempre han sido objeto de deseo por parte del gobierno, han tratado por todos los medios de dejarnos sin nada” Estas eran las palabras de Aimara hace unos años cuando la conocí en mi primer viaje al sur de Chile. Ya las cosas no iban bien, los indígenas prácticamente habían sido expulsados de sus tierras, otros habían desaparecido y los que quedaban no vivían en muy buenas condiciones pero a pesar de ello habían construido un hermoso museo para honrar a su pueblo. “Es lo que somos, lo que aun queda de nosotros”-me decía Aimara. Pero todo ha ido a peor. Saltaba a la prensa hace unos días la terrible noticia de la que pocos medios se hacen eco –tal como decía mi amiga “nos hacen desaparecer y a nadie le importa”: El texto reza así:

“Un grupo de los 50 indígenas mapuche presos en Chile cumplió un mes en huelga de hambre el jueves, exigiendo la abolición de una ley antiterrorista bajo la que están siendo juzgados, dijo uno de sus líderes”

Denuncias sobre violación de derechos humanos planean sobre el estado y éste intenta silenciar la voz de los mapuches para que el mundo no sepa lo que pasa en sus tierras –según afirma el líder mapuche Jorge Huanchullan. Hay 50 peñis (hermanos, en lengua mapudungun) detenidos bajo una ley antiterrorista que data de la era Pinochet por la cual se permite el encarcelamiento de sospechosos mientras son juzgados sin un límite de tiempo.

La etnia mapuche exige la devolución de las tierras de sus ancestros ubicadas en el sur de Chile, principalmente en la región de La Araucanía (650 kilómetros al sur de Santiago), que hoy están en manos privadas, lo que ha motivado masivas y violentas protestas en los últimos años. En lugar de analizar el problema y dar a cada quien lo que es suyo la Fiscalía chilena acaba de informar que está investigando posibles vínculos entre una facción radical de activistas mapuche y la guerrilla colombiana de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Quizás algunos crean que desacreditar a un pueblo es la mejor manera de solucionar un conflicto pero tal vez las soluciones pasen por un diálogo siempre y cuando los indígenas sobrevivan para poder dialogar.

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