Un Brueghel en el desván

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La ministra de Cultura observa el cuadro de Brueghel en el Museo del Prado, el miércoles pasado. / Ballesteros (Efe)

Un enorme cuadro de Brueghel el Viejo, El vino en la fiesta de San Martin, ha aparecido entre los trastos heredados por una señora de singular cuna y apellido ilustre, Medinaceli, dicen, en un estado, por cierto, lamentable. La tela, no la señora. Se conoce que el señor padre o quienquiera que fuera el difunto que dejó este mundo el pasado año, no lo tuvo en mucha consideración. Le sobrarían cuadros valiosos o no le gustaría esa gente tosca poniéndose de vino hasta el… En fin.

La pintura representa al pueblo soberano festejando al santo a base de buenos tragos, todos ya un poco cogorzas. Amontonados, luchando en la rebatiña del vino y las viandas, en actitud, digamos que poco elegante. Total, 96 personajes en escena.

El caso es que el cuadro, de los más grandes del pintor que sólo tiene otro cuadro en el Museo del Prado, ha llegado a manos del gabinete de restauración de la Pinacoteca emborronado por un barniz pringoso que lo oscurecía todo, seguramente aplicado en los años 70, según asegura la restauradora, Elisa Mora, en cuyas manos está la cirugía plástica de la obra.

El Museo piensa pagar siete millones de euros por el cuadro, ahora que sabe que es auténtico, como, entre otras cosas, atestigua la firma que ha aparecido una vez sacados los colores como a la Chata Berenguela, aunque con algo más delicado que la gasolina, imagino.

Un pajarito me ha dicho que a esos 7 milloncejos habrá que añadir el sueldo de la restauradora durante un año de trabajo que es lo mínimo que hará falta para devolver al cuadro lo desaparecido por el maltrato, un cincuenta por ciento de la pintura.

Al parecer, la pinacoteca pidió informes también a Bruselas y a Viena, donde, imagino, se encontrarán expertos en este pintor, admirador de El Bosco, como parece evidente ante la simple contemplación del cuadro.

El director del Prado, Miguel Zugaza, está encantado porque asegura que esos siete millones no son nada comparados con los que habría costado de  haberse subastado en el extranjero: hasta 50 millones de euros.

Pero, para salir al extranjero, o mucho han cambiado las cosas, o habría que haberlo sacado de estrangis, nunca mejor dicho, porque, hasta donde sé, que tampoco es que sea mucho, eso constituye un delito como una casa.

La alegría del director no es para menos y se hace extensiva a la jefa del departamento de pintura holandesa, Pilar Silva, quien recibió la joya bruegheliana en el muelle de carga del museo y rápidamente se dio cuenta de que la sarga en que está pintada sufre enormes daños.

El pajarito que me dijo lo que iba a costar, en términos de tiempo y de sueldo, restaurar la sarga, también me habló de cosas técnicas, como que la sarga era una tela basta sobre la que el pintor pintaba sin prepararla químicamente hablando. Quizás esto hizo que se deteriorara más que si hubiera sido un lienzo preparado.

A mí me quedan unas dudas sobre el método de rastreo de obras de arte del Museo del Prado. Parece ser que si no es por una de las agencias de subastas más piratas y famosas, tipo Sotheby’s o Christie’s, el Prado no compra nada. No se fía de particulares. Sistemáticamente salen expertos que ningunean o desprecian las obras que no vienen avaladas por estas compañías subastadoras. A lo mejor es la virtud de la prudencia. A lo mejor es que estos expertos tampoco se fían mucho de sí mismos. A lo mejor es que no hay que fiarse de estos expertos. Pero esta es harina de otro costal que igual podamos abrir otro día.

La otra duda es sobre si compras tan millonarias no deberían ser discutidas por el Parlamento, como hacen en Alemania, un país nada ajeno al arte, por ejemplo. Es posible que a la "joven" democracia española no se le ocurran estas cosas. Pero, al menos, conviene saberlas.

Sea como fuere, quien esto escribe espera con impaciencia el momento de poder contemplar la juerga del Viejo Brueghel limpita y, en la medida de lo humanamente posible, recuperada para el pueblo, que es lo suyo.

4 Comments
  1. Boro says

    Imagino que una restauradora del Museo del Prado tendrá un sueldo anual, en el que se incluirá restaurar lo que se le indique, como parte de su trabajo diario. La sarga esta bastante estropeada como se ve en esta imagen http://www.codart.nl/images/BrueghelTheWineOfSaintMartinsDayPrivateCollectionMadrid.jpg pero tanto como para decir que le falta el 50% me parece exagerar un poquito.
    Me da la impresión que el Prado no rastrea obras en España, al menos entre particulares. busca en subastas, en galerias y cuando alguien le trae un cuadro, lo estudia y si le interesa le pide a la Junta de Valoración del MCU que prohiba su exportación y esta sugiere la compra de la obra. Ahora bien, esta junta mete la pata de vez en cuando y permite exportar obras que después el Prado a comprado en el extranjero y a veces los especialistas del Prado dicen que tal obra es del taller del maestro y luego esa obra se exporta y resulta que el mayor experto de ese maestro dice que es verdadera y el cuadro se vende a un precio diez veces superior al ofrecido al Prado, caso de un cuadro de Guercino.
    Hombre para la compra de obras de arte hay instituciones del Estado encargadas de decidirlas, si el Parlamento tiene que votar todo en España se haría menos de lo que se hace.

  2. ciro says

    No sé quien es el autor de este artículo que he encontrado por casualidad, pero su estilo podría mejorarse cuando escribe de cosas mínimamente serias, a ser posible antes de salir de bares.

  3. estrella says

    Será un placer ver esos colores que, incluso en las presentes condiciones en que se encuentra, son vivos, por lo que se ve en el enlace que nos ha dejado Boro.
    Es difícil apreciar si es el 50% o el 30%. Lo decidirán, con autoridad, los expertos, no? También dudo que la restauradora tenga un sueldo que compense meterse en tal faena! Pero quejarse y llevar la contra es lo que alimenta la infeliz existencia de muchos.

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