Berlanga: ahora sí, se fue el mejor

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Primero fue un chalé en un pueblo de mar, después un Dios, y al final un hombre. Luis García Berlanga empezó siendo solamente el dueño de esa casa cuadrada que colgaba de la montaña en Oropesa del Mar cuando los españoles empezábamos a veranear en la playa mientras el hormigón comenzaba a destruirla y Franco se dejaba morir por fin. Luego resultó que ese señor de gafas era un director de cine, algunas de cuyas películas son las más grandes que se hayan hecho nunca en nuestro país, y hoy lloramos su muerte anunciada.

Son pocos los artistas que consiguen que su obra tenga una identidad tan definida como para penetrar el lenguaje. Quién no ha utilizado nunca la expresión: ¡Esto parece de Berlanga! Nadie duda hoy de lo que es algo “berlanguiano”, como tampoco de lo que es algo “kafkiano” o “buñuelesco” o “picasiano”: la inteligencia, el humor, el sarcasmo, la burla y la sátira.

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Berlanga ha tenido varias etapas en su carrera y a nosotros nos gustan las dos primeras. En los años cincuenta sus películas estuvieron marcadas por el humor más benévolo y sus desencuentros iniciales con la censura. Es la época de su colaboración con Juan Antonio Bardem en títulos como Esa pareja Feliz (1951), su primera película, o Bienvenido Mr. Marshall, quizá la más famosa y con el inolvidable Pepe Isbert en el papel de alcalde, y de títulos inefables como Los jueves, milagro o Calabuch, con la que consiguió poner la primera pica en Venecia mientras aquí todavía se rezaba el ángelus todos los días a las doce y no había televisión.

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En los años sesenta comienza a colaborar con Rafael Azcona y en la primera mitad de la década realiza las obras cumbres de su carrera a nuestro juicio, en las que se acerca al neorrealismo mejor de De Sica y, soslayando el rigor de la censura mediante la sátira y el humor negro, refleja la España doblada por la miseria y la necesidad en Plácido (1961) y El verdugo (1963).

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Después dirigió Vivan los novios y La boutique, dos obras menores y poco vistas pero interesantes, y en 1974 realiza uno de sus mejores y más personales largometrajes en una época de transición artística y temática, Tamaño natural, en la que un excelente Michel Picolí se enamora de un maniquí.

Una vez muerto Franco y sin la oposición de la censura empieza una serie de películas en las que libera de bridas a su humor y pierde toda sutileza, criticando la alta burguesía franquista con interpretaciones inolvidables de Sazatornil o Luis Escobar, es la época del esperpento y la exageración de La escopeta nacional, Nacional III y Patrimonio nacional. Para nosotros una época de búsqueda.

A mediados de los ochenta con La vaquilla, esa brillante y divertida historia sobre la guerra civil, llega el final de su mejor cine e inicia una suave decadencia con títulos menores como Moros y cristianos, y otros demasiado valorados, como Todos a la cárcel, por el que recibió un Goya a la mejor dirección, hasta que cierra su carrera con la desconcertante París-Tumbuctú (1999).

Ahora sí que muero, dicen que fueron las últimas palabras de Luis Buñuel, a su mujer. Y ahora sí, ahora sí que se ha ido el último de los grandes de nuestro cine, la historia viva de nuestra cinematografía, un mes después de Alexandre. Ambos directores de cine españoles estuvieron marcados por la guerra y la división en sus vidas y en sus obras y fueron quienes pusieron el nombre de España en el universo cinematográfico inmortalizando nuestro cine en algunas de las más grandes películas de todos los tiempos; uno desde fuera, el aragonés, otro desde dentro, el valenciano.

Se ha muerto el hombre, y el mito empezó hace tiempo. Ojalá que las nuevas generaciones, esas que van al cine tan sólo a ver qué echan, a tomarse a las seis de la tarde una coca-cola aguada a tres euros y un pozal de palomitas, sepan algún día mirar su obra. Sería una victoria. Descanse en paz, aunque le joda, como dijo con la sorna que le caracterizaba en su última entrevista que publica este domingo ABC, a él y al imperio austrohúngaro.

6 Comments
  1. Guiomar says

    sin perder nla esperanza vemos que aparecen nuevos directivos que , a veces sin tener el ingenio de Berlanga nos proporcionan buenas pe liculas.Sinembargo la huella de Luis y su recuerdo pasarán a la historia
    Mientras ruedan en mi casa un corto,coinciden en que sus temas y forma de narrarlos entraban directamente a nuestros corazones

  2. Guiomar says

    sin perder la esperanza de que nuevos directores/as recojan el testigo del insuperable Berlanga nunca se borrara de nuestra memoria sus peliculas que tuvieron el embrujo de entrar en nuestros corazones,ofreciendonos la posibilidad de revivir todo un caudal de vivencias solo con nombrar los titulos destacando la bondad,solidaridad,colaboración,honradez,…y un largo etc.de valores que nos aportan sus peliculas

  3. Guiomar says

    Sus peliculas nunca ´se olvidarán,tratan de temas tan próximos a nuestras vidas y su formas cinematográficas nos hacen llorar i reir sinperder la sonrisa.Que ya es dificil

  4. MULTIVAC says

    Es cierto que la Escopeta Nacional logró cambiar el lenguaje de la gente, y centrar estereotipos sobre la clase burguesa dirigente. «La vaquilla» es una pelicula de la guerra civil, que logra acercarse a un tema «tan delicado», con brillantez, sencillez, un humor perfecto y que logró, sin que nadie se sienta ofendido, hablar de «rojos» y «fachas», describiendo nuestra España, con sus luces y sus sombras.

  5. hook says

    Es una contradicción pero estoy casi seguro que con la dictadura de Franco y la democracia inmediata se hacia mejor cine.
    Ahora con las ‘Sindes’ y sus colegas la producción es bastante casposa y aburrida.
    Seran cosas de la edad o que la vida sin drogas ya no es lo mismo, sin porros, coca y wisky, solo follar a pelo resulta monotono.

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