¿Lleva razón Gadafi cuando acusa a los EEUU?

Gadafi, durante su discurso de ayer en la televisión estatal. / Efe-Al Arabiya

El coronel Gadafi está en apuros. Tras la breve comparecencia, bajo paraguas blanco, en el interior de un coche, a la prensa, para negar que se hubiera ido a Venezuela, Gadafi ha hablado durante casi una hora por la cadena televisiva de Algeciras o Al Jazeera, si lo prefieren.

Hace tiempo que el Líder está de baja, aunque hasta ahora todos se hacían los longuis para no tener que afrontar la realidad, incluso se pusieron en escena paripés como los de reconocer que el Guía de la Revolución ya se había vuelto bueno y fiable a los ojos occidentales.

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Desconozco si era una táctica de los Estados Unidos en vista de sus fracasos en derrocar al régimen libio ( recordarán el bombardeo del presidente Reagan sobre Trípoli, en que murió una hija de Gadafi), el caso es que el Líder ya ha dejado de serlo. Su figura trágica huele a chamusquina y su estampa, embrutecida por el bótox y la cirugía plástica, ya ni recuerda la de aquel joven golpista, que liberó a su pueblo de los caprichos del rey Idris, en 1969.

Me cuenta el arabista Pedro Martínez Montávez, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, que en más de una ocasión habló en privado con Muammar, y que quedó sorprendido de su erudición en literatura sufí y universal. No era un payaso ignorante; pero de eso hace tiempo. El juguete está ahora estropeado.

Le pregunto al profesor que si no le parece sospechosa la concatenación de algarabías en países árabes y en Irán. Y, “aunque estas sociedades llevan tiempo acumulando frustraciones y ganas de cambiar de vida”, PMM no descarta ingerencia, incitación o como quieran llamarlo.

Es de cajón que, primero por la televisión y luego por la red de redes, los jóvenes de estos países llevan tiempo sospechando que en el mundo desarrollado se vive mejor que en casa. Pero, quién sabe si la Fundación Albert Einstein no ha aportado su granito de arena en estas revueltas musulmanas.

Para PMM “la diplomacia de Estados Unidos nunca juega a una sola carta sino a varias a la vez” de modo que a los observadores ingenuos nos puede parecer contradictorio lo que para los intereses de Washington es muy coherente. Y de lo que ya no cabe dudar es de que hace mucho tiempo que los opositores a los regímenes dictatoriales juegan sus bazas y aprenden sus métodos en escenarios anglosajones: Londres y Washington principalmente.

Pues bien, no en Washington, sino en Boston, en los bajos de la casa del profesor Gene Sharp, es donde se ubica la FAE, de la que les hablo más arriba. Una institución creada por este filósofo de Harvard para promover los cambios de las dictaduras en democracias, sin el uso de la violencia. La biblia que sostiene todo el tinglado es un manual publicado por GS, De la dictadura a la democracia, en los años setenta, que puede descargarse gratuitamente en la red.

Según Thierry Meissan, analista político francés, presidente de la Red Voltaire, la CIA lleva quince años contando con la inestimable ayuda del profesor Sharp (del inglés: fuerte, agudo, intenso, penetrante, profundo…) en sus tareas de desestabilización de dictaduras por el bien de la implantación de la democracia en el mundo, o lo que sea. De Venezuela a Myanmar, donde falló; de la Serbia de Slobodan Milosevic –donde creó una región de  Kosovo muy pro norteamericana- a la Ucrania de Viktor Yanukovich.

Puede que Meissan sea un paranoico perdido –que, por cierto, me contagia con relativa facilidad- pero en su haber cuenta con libros que les recomiendo leer, aunque no salgan en las listas de los más vendidos ni por asomo. El último entre nosotros: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte  Avila editores, 2008).

El único país no árabe que apunta deseos de cambio es Irán. Ahmadineyad no es un tipo para tomarse a broma como ahora puede parecer el patético Gadafi. Según viene informando cuartopoder.es, el régimen iraní está eliminando a sus opositores sin contemplaciones. Pero se dice que desde hace tiempo un nutrido grupo de iraníes elegidos están instruyéndose en este método no violento de acabar con las dictaduras del profesor de Boston. Puede que sean ansias de notoriedad del anciano caballero, pero igual hay que sopesar la posibilidad de que sea cierto.