El perro trufero de Santiago Segura

Ya no llegamos a tiempo y sabemos de nuestra humildad, pero no nos resignamos a no intentar evitar que cualquier incauto se deje un euro más en esta abominable película, un insulto al buen gusto, la inteligencia y hasta al cine español, del que paradójicamente va salvar la cuota de mercado y la estadística anual. En un alarde de cinismo Torrente 4 se subtitula crisis letal. Manda huevos.

Santiago Segura tiene tanta nariz para el dinero como algunos perros para la trufa y desde que se le apareció una noche de inspiración José Luis Torrente, ese personaje casposo, sucio y fascista que representa lo mejor de los españoles, lo saca cada cierto tiempo a pasear en una película, a cuál más infame, para hacer caja.

El fin de semana pasado su productora, Amiguetes Entertainment, en coproducción con Antena 3, ha estrenado la cuarta entrega de la saga Torrente, Torrente 4, lethal crisis –no creo que haga falta traducirlo-. Quien a esta alturas no lo sepa, o es un místico o está muerto, pues ya no nos vale decir lo de que no lee la prensa porque ya no la lee nadie, a pesar de la próxima quijotada de Teodulfo Lagunero, La voz de la calle, a quien deseamos suerte.

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A lo que vamos. Más de un millón de espectadores y 8 millones de euros de recaudación en su primer fin de semana, lo que ha supuesto casi recuperar en dos días la inversión de 10 que costó el engendro y alcanzar el 56% de cuota de mercado español –se ha estrenado en 665 cines y 910 pantallas- en competencia ahora mismo con Cisne negro y Rango. Incluso en su formato 3D supera al estreno de Avatar.

Como somos responsables e intuíamos este nuevo “torrentazo” o -si me lo permiten y de paso les recuerdo que la Warner ha suprimido la distribución en Japón de Más allá de la vida- el tsunami de aguas fecales que iba a inundar las pantallas patrias, después de preparar nuestro espíritu relajándonos en la piscina nos enfundamos el disfraz y acudimos a un multicines para observar de cerca el fenómeno torrente.

El primer despiste vino al ver la programación en un suplemento de ocio. –Vaya, me dije. -Los de Metrópoli este fin de semana se han confundido y han puesto que el sábado hay casi veinte pases de Torrente 4 en el Palacio de Hielo.

Pues no, no se habían equivocado. Casi la mitad de la programación estaba dedicada a Torrente 4, unas salas en proyección tradicional y otras en 3D, y la cola para sacar entradas –las seis colas- llegaba casi hasta el piso de abajo. Cuando después de un cuarto de hora me tocó a mí no iba a dejar pasar la oportunidad de disfrutar del cine en 3D.

-¿Cuánto son dos entradas, señorita?

-¿En 3D o en normal?

-¿Y cuál es la diferencia? (Me quise hacer el gracioso)

-Dos euros por entrada, señor

-No, me refiero a la película

-Pues no sé. Creo que se ve mejor

-Vale, pues deme dos en 3D

-22 Euros

–¡Oiga que no quiero comprar el DVD, sólo quiero verla! Eso lo hago en los manteros, pero no se lo diga a la ministra.

La taquillera no estaba de humor, porque los cuatro euros que le deben de pagar por varias horas vendiendo entradas, y no sabemos si luego limpiando la sala, no incluyen sonreír a gilipolleces como las mías, así que pague mi peaje con resignación y salí de la cola.

Para no desentonar compré un pozal de palomitas y dos cervezas, lo de las cocacolas ya me pareció demasiado, y nos metimos en el cine con unas gafas modelo Wayfarer -las mismas que me dieron en mi primera experiencia tridimensional con Resident Evil 4- junto a una manada de adolescentes, en la que ninguno superaba los 25 añitos, y algún que otro viejuno despistado y pervertido como nosotros. Empezaron los anuncios de unas películas que no conocía ni había oído hablar de ellas y por fin la pantalla empezó a vomitar mierda en 3D.

Porque eso es Torrente 4, lethal crisis, una montaña de basura en tres dimensiones sin guión, sin dirección y sin interpretación que explota una fórmula agotada a base de chistes escatológicos y racistas, apariciones fugaces de famosetes de medio pelo y pelo entero (Belén Esteban, Francisco, Cañita Brava, Buenafuente, Pablo Motos, Florentino Fernández, Sergio Ramos, Higuain, El langui…), actores necesitados de pagar la hipoteca –no entendemos qué hacía Javier Gutiérrez, el mismo que ahora interpreta Woyzeck en el CDN-, y un extraordinario Kiko Rivera, el hijo feo de Paquirri, que hace un papel irreprochable imitándose a sí mismo; sin duda, lo mejor de la película. ¿Adivinan de quién es la canción principal? Sí, de Bisbal. Ah, el 3D de esta españolada sólo nos sirvió para ver de cerca los escupitajos de José Luis Torrente.

A la salida, caras circunspectas, sonrisas de yo no he sido y frases como “desde luego este tío no me la vuelve a colar”. Lo siento pero no nos los creemos, amiguetes. Como diría alguien que conozco, nunca digas que de este agua no beberé y, como añadiría Torrente, ni este cura no es mi padre ni esta p.... no me cabe. Pues eso. Que ya sabemos en qué país vivimos y por dónde va la onda de los gustos del respetable. O casi.

Lo mismo que Santiago Segura y su nariz, claro, o la de su perro. Que hasta la FAPAE le ha felicitado. La primera película de la serie Torrente la vieron tres millones de espectadores y ganó 1.600 millones de pesetas de 1997, Torrente II logró 5,2 millones de espectadores y recaudó 22 millones de euros, y Torrente III en su primer fin de semana fueron a verla un millón de espectadores que se dejaron 7,2 millones de euros. Para que luego digan que las trufas van caras. A nosotros nos sigue gustando más el cine.