IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

El escritor mexicano Jorge Volpi, durante una entrevista concedida a Efe con motivo de la publicación de su nueva novela, 'Días de ira'. / Fernando Alvarado (Efe)

Hace ya mucho que no compro diariamente el periódico. Lo hago únicamente los días en que el periódico en cuestión lleva suplemento cultural. El Culturas de La Vanguardia, los miércoles; El Cultural de El Mundo, los viernes; y los sábados, el ABC Cultural y Babelia. Me doy a mí mismo varias razones para proceder así; entre ellas, el hecho de pertenecer a eso que se llama el “mundillo” editorial y –sobre todo– el de colaborar yo mismo como columnista en uno de esos suplementos. Me digo a mí mismo que hay que estar al día, saber lo que se dice, cómo se dice, lo que se publica, lo que se critica… No, no me faltan argumentos a la hora de justificar el desembolso del euro con veinte céntimos (el doble, los sábados) que me supone esta reminiscencia de los viejos tiempos. Pero la razón verdadera, generalmente inconfesa pero sin duda determinante, es constatar, con renovado asombro y consternación, semana tras semana, el grado de despiste, de papanatismo, de beatería o de bobería pura y simple en que tan a menudo incurren los dichosos suplementos.

Este blog contempla entre sus propósitos dar cuenta, al menos de ocasionalmente, de lo que –apropiándome de una fórmula empleada por Pascual Serrano en una formidable sección mensual que escribe para Rebelión– podríamos llamar “perlas” del periodismo cultural que se practica en los medios hegemónicos de la prensa escrita en España. Y dado que comer y rascar todo es empezar, me he bajado esta mañana al kiosko para ver qué se traían hoy los suplementos sabatinos.

¡Bingo! Ni buscándolo acierto con dos muestras más ejemplares de eso a lo que me he referido: despiste, papanatismo, beatería, etcétera. Vean.

El ABC Cultural ocupa su portada con una gran foto en la que, mirándonos como de soslayo, aparece Jorge Volpi, escritor mexicano que a estas alturas cuenta ya con 42 años cumplidos y que saltó a la fama con En busca de Klingsor (1999), novela con la que obtuvo el Premio Biblioteca Breve, resucitado aquel mismo año. Al pie de la gran foto, se lee, en letras grandes: “Jorge Volpi, el escritor del futuro”. Vaya, se exclama uno reprimiendo a duras penas algunos chistes fáciles. Enseguida busco la explicación de este aserto en las páginas interiores, y allí vuelvo a toparme con otra gran foto el mismo Jorge Volpi, esta vez de cuerpo entero, en posición decúbito supino, extendido sobre una rampa de cemento. ¿Estará muerto? No hay ningún pie de foto que justifique esa postura. ¿Será así como pasarán sus horas los escritores del futuro?

Buscando pistas, me sumerjo en la lectura del texto de la entrevista que Sergi Doria hace a Volpi (http://www.abc.es/20110319/cultura/abci-culturalcoveruno-201103171432.html). El periodista nos informa, con quince años de retraso, que “después de los escritores del boom, llegó la generación del crack, con Jorge Volpi a la cabeza”. Si, vale, pero ¿y después? Nada al respecto, sólo una aseveración, referida al mismo Volpi: “Para muchos [¿quiénes, por favor, quiénes?], el autor que mejor ha sabido reinterpretar la realidad y la literatura iberoamericana del nuevo siglo”.

A continuación, y antes de comenzar con su entrevista, Doria se lanza a una extrañísima disquisición sobre “la media distancia” entendida, al parecer, como una especie de género literario. Deduzco que se refiere a lo que comúnmente se conoce por novela corta. Pero el periodista, haciendo acopio de erudición y poliglotismo, prefiere eludir este nombre y recordar que Unamuno llamó al presunto género nivola; los franceses, nouvelle; los italianos, novella; y Cervantes, vaya por dónde, “recorrió la media distancia al concebir sus Novelas ejemplares…” Hmmm. Me temo que el bueno de Sergi Doria se ha armado un buen lío. Y todo para presentar un libro (Días de ira, Páginas de Espuma) en el que el escritor del futuro, quiero decir Jorge Volpi, reúne tres novelas cortas. Lo admirable es que se trata de novelas ya antiguas, correspondientes dos de ellas a los comienzos de Volpi como escritor, publicadas en 1992 y 1994, la última en 2000.

Perplejidad: ¿será lo propio de los escritores del futuro publicar libros del pasado? Y también: el pretexto para proclamar a Volpi como “el autor que mejor ha sabido reinterpretar la realidad y la literatura iberoamericana del nuevo siglo”, ¿ha de ser precisamente la recuperación de tres novelas del siglo pasado? ¿Es Volpi un visionario? ¿Lo es el periodista? ¿Oyen todos voces?

Vayamos a la reseña de Arturo García Ramos, a ver si encontramos más luz. No se la pierdan. Comienza con una pregunta verdaderamente inquietante: “¿Es Jorge Volpi el escritor del porvenir?”. Para sugerir que sí, que lo es, García Ramos trae a colación un profecía realizada por Alejo Carpentier en los años 70. En ella, al parecer, decía Carpentier que el novelista que debería interpretar la realidad americana en el nuevo siglo tendría la obligación de “saber responder a la transformación impuesta por la ciencia y la tecnología mirando cara a cara a sus ideas y novedades, aprendiéndolas para poder negarlas o defenderlas, previniéndonos de que nuestro futuro no fuese la pesadilla anticipada por Alfonso Reyes: ‘La teocracia de la tecnocracia'” (lo entrecomillado es lo que dice García Ramos, no Carpentier, o al menos no exactamente).

Y el reseñista suelta a continuación su batería: “El futuro ya está aquí, y la profecía de Carpentier parece corroborada y encarnada en este novelista mexicano que”… bla, bla, bla. ¡Y todo a propósito de tres novelitas, dos de ellas publicadas por un principiante hace más de quince años!

De lo que dice García Ramos de las novelitas en cuestión, no se desprende nada que corrobore sus espectaculares afirmaciones. Pero ya puesto en el papel de Juan Bautista del nuevo mesías, el reseñista concluye: “Desde sus primeras ficciones, este escritor mexicano proyectó rebasar los límites del espacio y el tiempo, de la ficción y la realidad, de lo local y lo universal”. Palabras que podrían ser pronunciadas en el tráiler de un serial de ciencia ficción, pero que son pan común del lenguaje que impunemente emplea buena parte de la crítica española, a propósito de lo que sea y de quien sea. De Volpi, por ejemplo.

Borracho de incredulidad, me decido a dejar a un lado el ABC Cultural y echo un vistazo al Babelia. Al parecer, esta semana toca México. En la portada, una gran foto a blanco y negro de Leonora Carrington, la pintora sobre la que versa la novela con que Elena Poniatowska ha obtenido este año el premio Biblioteca Breve (Leonora, Seix Barral). Aunque el suplemento dedica tres páginas, además de la portada, a esta novela y al personaje en que se inspira, los responsables de Babelia han considerado que sería buena idea aprovechar para armar una especie de “dossier” titulado “Pintoras narradas”. Así reza el titular de la portada del suplemento. Y a modo de subtítulo: “Leonora Carrington y La Tintoretta vistas a través de la ficción”.

Así que las “pintoras narradas” son sólo dos. Y una de ellas es nada menos que la hija de Tintoretto, que sirve de pretexto para una desbordante novela histórica de Melania G. Mazzucco (La larga espera del ángel, Anagrama).

Vaya por Dios. Ya son ganas de hilar fino.

Pero siempre se puede meter algún relleno, como el de Ricardo Menéndez Salmón, que dedica un artículo complementario (“Pintar con palabras”) a hacer un caprichoso e incompletísimo recuento de novelas que versan sobre pintura o pintores, o que contienen páginas dedicadas a la materia, desde La tabla de Flandes, de Arturo Pérez Reverte, a Maestros antiguos, de Thomas Bernhard.

Muy pobre ha de ser la producción literaria y editorial española, muy escasa en temas a debatir y en cuestiones más o menos palpitantes sobre las que tratar, muy falta de novedades que merezcan realmente este nombre para que dos de los principales suplementos literarios del país, por cuyos espacio compiten los editores, dediquen portada y cuatro páginas enteras a libros tan esenciales y a asuntos tan concernientes como los aquí anotados.

Ya ni fuerzas quedan, después de tanto despliegue, para adentrarse en el cuerpo de los dos suplementos. Otro día será.

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  • celine

    Qué alivio encontrar tan acertada crítica a los soporíferos -por lo general- suplementos culturales. El “descubrimiento” de Volpi también me dejó a cuadros. Sospecho que ABC quería dar un pelotazo informativo, creando un personaje tuerto en el país de los ciegos. Humm -como escribe usted- : se van notando los suspensos y las notas justitas del bachillerato.

  • estrella

    Me he reído, Don Ignacio, cómo fluye su prosa…pero un pelín cruel con el “joven” Volpi, a quien no he leído. Espero que al menos haya adoptado usted la costumbre del reciclaje; se van acabando los árboles centenarios.

  • Ernesto Escobar Ulloa

    A mí me parece un articulo lamentable. Al respirar por la herida (no ser más un referente o el referente que era) Echevarría da muestras preocupantes de estar convirtiéndose en un periodista malintencionado. 1. por su manera de agraviar al estilo Jiménez Losantos: “el grado de despiste, de papanatismo, de beatería o de bobería pura y simple en que tan a menudo incurren los dichosos suplementos.” 2. por pecar de desinformación: “Doria se lanza a una extrañísima disquisición sobre “la media distancia” entendida, al parecer, como una especie de género literario. Deduzco que se refiere a lo que comúnmente se conoce por novela corta.” No deduce mal, pero Doria resume lo que Volpi escribe en su prólogo, evidentemente Echevarría no ha leído el prólogo porque odia a Volpi (la polémica que este le ganó con creces todavía le escuece). 3. por sancionar lo que no merece sanción: “después de los escritores del boom, llegó la generación del crack, con Jorge Volpi a la cabeza”. Es absolutamente irrefutable que después del boom vino el crack, y también lo es que Volpi mejor que nadie lo encabeza. De hecho antes del crack fue el postboom y casi en paralelo al crack, la generación McOndo, pero qué más da todo eso… el periodista no incurre en ninguna inexactitud… 4. Por rencoroso: “¡Y todo a propósito de tres novelitas, dos de ellas publicadas por un principiante hace más de quince años!” El diminutivo en “novelitas” es para desprestigiar a Volpi, así como el adjetivo “principiante”. Se puede ser un escritor del futuro siendo un principiante, todos los escritores del futuro lo son y lo serán. Cualquiera que lea esas 3 novelitas de ese principiante notará que Volpi es un escritor de un talento innegable, original, con estilo, inteligente. Esto es lo que Echevarría pretende con su crítica, que no se lea a Volpi, que nadie descubra que en cuestión de talento, originalidad e inteligencia, Echevarría no le llega ni al talón. Lo bueno es que cada vez son menos los que le hacen caso, los que pasan por su blog y siguen de largo para leer los blogs de los principiantes que él odia tanto.

  • Jonatan

    EEU, su crítica al autor del blog me ha sonado a puesta en práctica de lo que usted mismo critica. Sí que vamos bien. Esperemos que Volpi acabe siendo ese gran escritor de futuro por el que apuesta ABC, pero por ahora no parece que lo sea.

  • Ernesto Escobar Ulloa

    tienes razón, Jonathan. 1. uso las armas de echeverría, 2. seguramente hasta lo envidio pq sabe más y tiene más talento que yo… Los tiempos de la autoridad intelectual se terminaron, ahora solo hay opiniones, y cada quien valorará. Creo para eso no lo quieren aceptar muchos críticos, aspirantes a críticos y a veces, lamentablemente, lectores, que creen ciegamente lo que tal o cual dice. Hay que discrepar si se cree necesario, con el bloguero o con Echevarría, ambos merecen el mismo tratamiento. esa era mi intención y la razón por la que también firmo. (Y no pido que firmen todos). Y sobre tu comentario, ABC no apuesta a que Volpi sea el escritor del futuro, a lo mejor Doria, y si Doria lo piensa, sus argumentos tendrá… A mí la verdad, tampoco me gustan esos latiguillos de la prensa: “Escritor del futuro”, “genio”, “escritor revelación”, “compañero de viaje”, en fin, son tantos… Saludos. E.

  • Miriam Dauster (poetryandmore)

    Igancio, veo que desde -para mí, tu punto de inflexión: “Trayecto”- sigues tan forma o más! Un placer leerte, como siempre.

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