IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

En la última entrada de este blog comenté la noticia de la celebración en Barcelona, durante los pasados días 24, 25 y 26 de marzo, de la VI edición de Kosmópolis, “fiesta internacional de la literatura”. En la prensa apenas hubo seguimiento de las jornadas, como ocurre con otros festivales de más postín (como algunos de cine, por ejemplo), o más multitudinarios (como el Sònar). Todo lo más, registró caprichosamente algún acto puntual y aprovechó para entrevistar a alguno de los más populares escritores invitados (en particular a Ian McEwan y Alessandro Baricco, los dos con su nueva novela bajo el brazo).

Kosmópolis 2011 concluyó el sábado por la noche, así que esperé a ayer lunes para ver qué decían los medios que habían contribuido a dar difusión al festival. La espera fue en vano, sin embargo. La mayor parte de los periodistas tuvieron bastante con acudir a la rueda de prensa en que se presentó el festival y transmitir las consignas de sus organizadores. Cabría pensar que, quienes se hicieron eco del programa del festival, apresurándose a glosar sus atracciones y sus retos, se sentirían impelidos a hacer algún tipo de balance de los mismos. Con tanto más motivo en cuanto se trataba, decían, de una “fiesta-laboratorio”, con propósitos supuestamente experimentales, de los que podían esperarse resultados imprevistos o reveladores. Pero no. Qué va. La prensa cultural ya había cumplido su cometido: hacer publicidad gratuita del evento, asumiendo obedientemente su retórica y sus presupuestos. Hecho el anuncio del festival, el lector –ya se hallara en Barcelona, en Lérida, en Madrid o en Singapur– era libre de asistir o no. Si por las razones que fuera no lo hizo y se quedó intrigado por el resultado de lo ocurrido estos días en el marco del festival, le corresponde tragarse su curiosidad o arreglárselas como pueda.

Ninguno de los periódicos que juzgó oportuno cubrir la rueda de prensa en la que los organizadores del festival expusieron sus intenciones y su programa se sintió comprometido a evaluarlos de alguna forma, una vez proclamado de antemano su interés y su novedad. En un pequeño apunte, Xavi Ayén, en La Vanguardia del sábado, daba cuenta de la jam de escritura celebrada el día anterior, para concluir que Kosmópolis “es uno de los festivales literarios más interesantes y bien pensados de los que se ofrecen actualmente en el mundo” (!). Una afirmación que ni siquiera su propio medio respaldaba con una cobertura mínimamente consecuente con ella, quizá porque la literatura, por amplificada que sea, no da para tanto.

Lo de menos, llegados aquí, es Kosmópolis y lo que haya podido ocurrir durante su desarrollo. Lo que se viene a destacar hoy, tomando el festival por pretexto, es el comportamiento característico de una prensa cultural que confunde la tarea de informar con la de publicitar, y que se siente mucho más comprometida con los promotores culturales y su agenda que con las expectativas de los lectores, alentadas, al parecer, con el único propósito de movilizarlos. Por no hablar –para qué, a estas alturas– de la crítica, positiva o negativa, entendida, habría que suponer, como un servicio público.

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  • El crítico amable

    Insisto en la pregunta ¿Aparte de ir a la conferencia de prensa o leerse todas las opiniones y críticas que salieron en la prensa, se pasó – o paseó – algún día por el lúdico festival?

  • Clément Cadou

    Hace ya bastante tiempo que la crítica dejó de entenderse como un servicio público. Gracias por este texto. Saludos.

  • me

    No, no es que lo confundan, es que para opinar hay que trabajarselo!

  • Belén Molina Fabregat

    Una de les funcions de la literatura o del crític lector del art és buscar una explicació per a evadirse i aproximarse a un model, ja femení o masculí que li facisna.
    T’ho vas passar bé?

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