Un dilema hamletiano

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Primeras protestas en la capital islandesa, Reikiavik, por las consecuencias de la crisis, a comienzos de 2009. / OddurBen (Wikimedia Commons)

Hace meses comenté el silencio informativo que se cierne sobre lo que ocurre en un pequeño país que se bate contra las consecuencias de la inmensa avaricia destapada por la crisis de Lehman Brothers (el patriarca  responsable de ese apellido debe de estar retorciéndose en la sepultura). Bien, pues ese minipaís de volcanes memorables y nombre helador, Islandia, tiene ahora, el 9 de abril, una segunda cita ante las urnas para decidir, en referendum si paga o no paga los millones de coronas que los tres grandes bancos islandeses deben a las bancas inglesa  y holandesa.

Ya votaron hace más de un año y el resultado fue negativo, pero es que, entretanto, el gobierno de Johana Sigureardottir ha conseguido negociar unas condiciones menos leoninas: las familias islandesas –en total, unas 320.000 almas- tendrán que pagar los casi 4.000 dólares que deben, en 37 años, al 3 por ciento de intereses. Treinta y siete años, uno tras otro, pagando una deuda que para algunos no es propia. Para otros, hay que reconocerlo, sí. Son los buenos islandeses que trocaron su vida de honrados trabajadores por otra de un ritmo un tanto llamativo, adornada con coches de lujo, casas de vacaciones, en fin todo eso que la publicidad de la felicidad vende como las metas que hay que lograr en esta vida para no ser un don nadie, una muerta de hambre.

Dicen que hay 160 imputados en el asunto Icesave, que es como se llama la operación corrupta de marras, y que algunos están detenidos. Incluso el gran preboste que andaban buscando y que han localizado en su mansión de Londres, el expresidente de Kaupthin, Sigurdur Einarsson. Al parecer, no pocos de estos dinámicos financieros están empadronados fuera del país, en un dorado exilio donde han invertido sus millonarias ganancias.

Se hace difícil entender que un pescador de la costa sur de Islandia, que ha seguido viviendo su rutina y esforzándose en su trabajo durante estos años de orgías financieras, tenga que apoquinar una pasta gansa al mes para pagar los desmanes de un millonetis que vive en una mansión de 9 millones de libras esterlinas, pero así parece que está organizado el cotarro.

No todo lo que se ha contado del pueblo islandés, por lo visto, es tan heroico ni envidiable; al fin y al cabo, son humanos y de esta materia hay mucho en común. De aquella asamblea popular constituyente que iba a vigilar los asuntos de gobierno lo que ha quedado es un órgano popular asesor cuyos 25 componentes nombrará el parlamento.

Olafur Grimsson, presidente de Islandia / Wikimedia Commons

Hay quien afirma que los tres bancos que han sustituido a los caídos por avarientos ya están obteniendo ganancias del orden de los 300 millones de dólares y van a más. ¿Hay quien entienda esto? O mejor: ¿alguien que lo explique?

Nadie podrá, sin embargo, racanear a los islandeses el éxito en derrocar un gobierno, como hicieron en 2009, ni que su nivel educativo sea alto, apto para el debate reflexivo y para la protesta a cacerolada limpia. En realidad, Islandia es un patio de vecinos educados, eso sí, en el que todo se sabe y se produce empatía en vez de enfrentamiento, cuando la suerte viene adversa. Aunque al final salga el sí muy ajustado, como se espera, no dejará de parecerles reconfortantes las palabras de su presidente, Olafur Grimsson, de que es injusto que la gente tenga que pagar la factura de la banca sin ser consultada antes. Aunque flaco, siempre es un consuelo.

6 Comments
  1. Piluca says

    A la fecha sigo sin entender porque los países, o sea los ciudadanos tienen que hacerse cargo de las deudas de los bancos, que quiebren! nada de nacionalizarlos. Cuando mucho garantizar los ahorros demostrables, y no las virguerías.

  2. Jonatan says

    Eso me recuerda la ley española que exige a los que han perdido su casa a manos del banco, a seguir pagando la hipoteca hasta el final. Hasta la muerte, añado. Da la impresión de que la lucha obrera no ha progresado tanto y ya la dan por «superada».

  3. inteligibilidad says

    Así funcionan las pseudodemocracias: votamos una, dos, tres y las veces que hagan falta hasta conseguir el resultado que quieren los poderosos…
    Gracias por la noticia, quedo a la espera de los resultados…

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