De aquella revolución de los 60

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Un joven Truman Capote / Wikimedia Commons

Empezaré por aclarar que soy una testigo privilegiada de una ocasión quizá única en la que se reúnen importantes protagonistas de un tiempo y un lugar: los barceloneses años 60, en la calle Recoletos de Madrid, invitados por la Fundación Mapfre. Participo en esos encuentros por la generosidad de sus organizadores que me han visto de alguna utilidad. Explicado esto, me pregunto si es obstáculo para privar a los amables lectores de este blog de la información que vaya saliendo de estas conversaciones. Y la respuesta es que no, aunque lluevan chuzos de punta. Con que aquí me tienen, hablándoles de la primera cita que ha reunido a José María Castellet y a Luis Goytisolo.

Castellet, que desde que se ha jubilado como editor está más activo si cabe, expuso con su estilo habitual, elegante y entretenido, la situación que vivía su Barcelona en los umbrales de los años 50, con participación masiva en el PC, aun cuando casi nadie era comunista, pero la cosa era combatir el franquismo; recordó el Patio de Letras de la universidad barcelonesa, donde se conspiraba a placer. La generación de Castellet, que es la de los Ferrater, Gil de Biedma, Carlos Barral, Antonio de Senillosa y José Agustín Goytisolo, por nombrar a algunos, preparó el camino para que las costumbres –como apuntó Luis Goytisolo- cambiaran radicalmente, a manos ya de los más jóvenes que empujaban con fuerza. “Razonar el azar es muy difícil”, dijo JMC, pero él tenía muy claro de que para escapar de la grisura en la que se encontraban había que hacer dos cosas: o salir fuera o invitar a los de fuera a que vinieran. Other voices, other rooms (1948), como acababa de dejar escrito Truman Capote.

Así se creó una especie de puente aéreo entre intelectuales europeos y españoles que animó el patio y fructificó en hechos tan cruciales como el Premio Internacional y los Encuentros de Formentor, creados por Carlos Barral. Jaime Salinas, recién llegado de Estados Unidos y limpio del polvo y paja de la guerra y la posguerra, porque había vivido toda su vida en el exilio, se incorporó para aportar su conocimiento en materia editorial, como ha contado ya cuartopoder, con motivo de la reciente muerte del editor.

En el ambiente flotaban los virus creativos de Dau al Set: Joan Brossa, Joan Ponç, Modest Cuixart, Antoni Tápies y algunas de las voces recordadas por el propio JMC en su último libro, Seductores, ilustrados y visionarios, (Anagrama, 2010).

Castellet y Goytisolo / MAPFRE

LG recordó que su primer contacto con Castellet fue una visita que le hizo a la mítica revista Laye con la intención de que le publicara su primer cuento, Las monedas, que quedó en lista para el número siguiente, el 25, que ya no llegó a salir,  a causa de la censura férrea de la Iglesia, más que del Régimen. Corría el año 1954. Lástima que el joven autor rompiera el cuento como hacía con todos sus borradores y originales una vez editados, para horror de su agente de toda la vida, Carmen Balcells.

LG atajó la natural modestia de JMC afirmando que lo que leyó de él en Laye le ayudó a buscar el tono de sus novelas, ya que la revista en su corta vida “adelantó una forma de hacer literatura que era nueva entonces”. En ella se pudo leer al Hemingway de los relatos, ejemplo del realismo crítico norteamericano que gustó al autor de Antagonía.

Aunque a JMC le repelía la idea de que estos encuentros se convirtieran en un relato de batallitas nada de eso apunta en este ciclo, que no ha hecho más que empezar y señala buena dirección. Llenazo en la sala, a pesar del encuentro Real Madrid- Tottenham, de grato recuerdo para los merenguillos. Seguiremos informando.

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