Perdidos en un bucle de ‘drivers’ para atrapar al asesino

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La ciencia ficción nos parece un género entretenido y, aunque no somos demasiado aficionados a él, si nos cruzamos con alguna película buena la disfrutamos igualmente. Aparte de los clásicos, que verlos no tiene demasiado mérito, por nombrar algunas, nos gustaron las dos propuestas de Spielberg, Minority Report e Inteligencia Artificial, e incluso la saga Terminator, y también nos interesaron otras más complicadas como Memento o Cube y por supuesto la primera de la saga Matrix.

De esta película nos llamaban la atención dos cosas a priori. Su joven director, Duncan Jones, que es hijo de David Bowie y había debutando hace dos años con una interesantísima Moon, ciencia ficción de corte clásico. Y el protagonista, Jake Gyllenhaall, el vaquero superviviente de la espléndida Brokeback Mountain. Así las cosas, había que verla.

Sin embargo, ni el trabajo del protagonista, demasiado constreñido en unos mismos escenarios claustrofóbicos en los que apenas logra transmitir su angustia interior, ni los brillantes esfuerzos del director y su cámara, son suficientes para levantar un argumento repetitivo y poco sólido, carente de emoción y basado en una premisa argumental de difícil asunción que al final queda vulnerada por la propia narración.

Un soldado es teletransportado bajo la apariencia de otra persona a un tren en marcha para intentar descubrir al terrorista que ha colocado una bomba en su interior y que tiene previsto cometer más atentados en la ciudad de Chicago. Cómo sólo dispone de ocho minutos cada vez será enviado unas cuantas veces. Y hasta aquí podemos leer, como decían los presentadores de Un, dos, tres…

Código fuente es una película demasiado tramposa, en la que los conflictos existenciales y las angustias psicológicas del protagonista, que en manos de otro guionista que no fuese Ben Ripley habrían sido la clave del filme, se diluyen en un argumento de thriller poco trabajado y en cierta manera aburrido que posterga líneas dramáticas mucho más interesantes y que termina de una manera tan ñoña que no nos la creemos ni muertos, valga la expresión.

La presunta historia de amor entre los protagonistas parece quedarse en presunta o en algo peor, y la escasa química entre los actores que los encarnan se evapora por las ventanas del tren tras la primera mirada. Hay algún secundario que hace bien su trabajo, por ejemplo Vera Farmiga, la teniente Goodwin. Pero en general pensamos que esta película es un tropezón en la prometedora carrera del hijo del camaleón y de todos los que han participado en ella, a pesar de la solvencia de algunos trabajos.

Argumentalmente está entre Dèjá vu, Memento y Olvídate de mí, pero carece de la genialidad de las dos últimas. Espacio y tiempo con un poco de informática, física cuántica y cualquier otro concepto metacientífico que se les ocurra, un poco de suspense dosificado en varios momentos repetitivos y un intento baldío de armar una trama interesante, en la que lo mejor de ella es lo que está en segundo plano narrativo y apenas se esboza. Esto es Código fuente.

6 Comments
  1. Eulalio says

    A mí Moon me gustó mucho, no sé si ésta me gustará tanto…

  2. celine says

    Me perdí Memento, pero es que la ciencia ficción, quitando Farenheit y Blade Runner…

  3. MULTIVAC says

    BLADE RUNNER!! BLADE RUNNER!! BLADE RUNNER!!….. La verdad es que para mi este género no lo puedo evitar, siempre lo veo y, la mitad de las veces, es como un piii!! interruptus, y vuelta a intentarlo… no podre evitar ver esta pelicula, aunque visto el artículo solo podrá mejorar mis expectativas

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