Los escritores del Apocalipsis

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Philip Roth. / Wikimedia Commons

Se los agrupa, aunque sus trayectorias sean dispares, en una denominación muy de moda pero algo disparatada. No hay  foro literario español, deudor de cualquier evento que venga del mundillo cultural anglosajón, un mundillo muy parroquiano y algo paleto en ocasiones pero que goza de la ventaja de su tremendo poder de disuasión a través de una lengua perfilada ya como un moderno latín global, en que no te lo espeten sin recato alguno, con ese orgullo resultado las más de las veces de una ignorancia ruidosa, por despistada: la narrativa norteamericana se está decantando hacia una descripción del Apocalipsis, consecuencia todo ello de un imaginario colectivo repleto de argumentos de resonancias bíblicas, ecos de programas de cadenas de televisión temáticas tipo Canal Historia y sus programas sobre el nuevo Armagedón y las profecías de Nostradamus, reiterativos hasta extremos en que no habían caído radionovelas históricas como Ama Rosa o teleseries ya legendarias como Dallas, y la correspondiente avidez de mercado propio de unos escritores que quieren vender. Entonces aparecen los nombres de Cormac McCarthy, Don De Lillo y Philip Roth, falta Thomas Pynchon para completar ya el cuarteto de la excelencia de las letras norteamericanas según opinión del omnipresente Harold Bloom, ¿dónde John Irving?, y ante la cara de extrañeza de uno, extrañeza sobre todo de ver agrupado a estos escritores en un feliz trío sin tensión alguna por parte de quien te lo dice, lo argumentan con una frase casi misteriosa por su contundencia pero que no admite réplica: “Lee sus últimas novelas”. Aquí acaba todo.

Cormac McCarthy. / randomhousemondadori.es

Claro que las he leído, la última de ellos no hace más de una semana, Némesis, de Philip Roth, y antes, mucho antes, las correspondientes de Cormac McCarthy, La carretera, y de Don De Lillo, Punto Omega, y lo cierto es que no encuentro en ninguna de ellas nada que se  parezca  en su temática a algo parecido al Apocalipsis, salvo quizá La carretera, aunque aquí cabría referirse con más justicia a cierta querencia por la moda del After Day, planteamiento muy norteamericano de la supervivencia después de una catástrofe, su lado más tonto e infantiloide cabría establecerlo con El cartero, aquella película protagonizada por Kevin Costner y su aspecto más cínico y comiquero en la serie de Mad Max, y que poco o nada tiene que ver con lo que sea un Apocalipsis, sus rotundidad, su falta de esperanza, su carencia ya de confianza en el hombre, su apreciación por la Caída, en fin…

No hablemos de Punto Omega donde la desesperanza se apunta en otra dirección, mucho más individual, ni de Némesis, donde Philip Roth, en una novela de una enorme intensidad, inteligente y despiadada en sus formas, recala en un planteamiento propio de las tragedias griegas, en especial Edipo bajo la mirada de Sófocles, del Libro de Job y que llega hasta nuestros días con obras tan rotundas como La peste de Albert Camus y que da cuenta de una epidemia de polio en Newark acaecida en los años de la Guerra Mundial donde murieron miles de personas en una suerte de planteamiento metafísico muy poco usual en las letras de aquellas tierras. Pero agrupar a estos escritores con la mención del Apocalipsis nos viene bien como metáfora significativa del estado anímico de aquellos que la han pergeñado y, de paso, de aquellos otros que lo repiten con inconsciencia de aves parlantes: en realidad se habla de Apocalipsis porque somos incapaces de formarnos una idea de éste y no podemos formarnos una idea de éste porque estamos ciegos ante el miedo, ante el verdadero sentir de lo que es el miedo, abrumados por cosas que de continuo nos sobrepasan.

De ahí nuestro estado alarmista, éste si se da y exacerbado hasta la histeria, que nunca se detiene e intenta ver catástrofes globales en las que son con toda evidencia locales, el caso más significativo ha sido el del maremoto sucedido en Japón. Es nuestro continuo estado carencial, aquel por el que medimos nuestros gustos, aquel por el que intentamos, agnósticos que somos, ver surgir lo religioso de cualquier texto literario ya que no podemos ver lo literario en lo religioso porque éste ya no se produce, aquel por el que, nostálgicos de un pasado que no conocimos, describimos estados de ánimo que somos incapaces de sentir y nos los apropiamos en su denominación. Es probable que nos llenemos la boca de la palabra Apocalipsis porque sabemos que no existe pero nos hace falta ante nuestro desasosiego permanente, éste sí, muy de nuestra época.

El Apocalipsis vende, es cierto, pero en el milieu, como se decía otrora, se debería hilar un poco más fino. Sobre todo si se han leído sus obras.

1 Comment
  1. Anbros says

    Según Anbros, sólo hay una manera plausible de leer, entender y dar a conocer el famosísimo Apocalipsis de Juanito, el primo de Jesus. Si alguien está interesado en conocer su parecer al respecto, lo encontrará en la segunda parte del libro de próxima aparición (mayo 2011) on-line titulado «La mentira entronizada» editado por Trafford.

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