Strauss-Kahn y las trampas de los poderosos

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Dominique Strauss Kahn durante su comparecencia ante la Corte Criminal de Manhattan. / Andrew Gombert (Efe)

Los que tejemanejan las corrientes de la opinión pública están sobrados de artimañas para embaucar en masa. Son individuos altamente preparados para triunfar en el engaño, el latrocinio, las laceraciones ajenas y, llegado el caso, el asesinato, sin que se les despeine el flequillo ni se les arrugue la raya del pantalón o la faldita pedolibre de la americana. Para que se haga una idea el lector -no quiero que se desanime en esta línea y abandone la lectura- hablo de los sujetos –de los que sabe muy bien Manel López Torrents- que forman grupos como Lehman y sus Holy Brothers, los JP Morgan a la Caza, el Oso Stearns y otras almas de Dios, cuyas intenciones en este Valle de Lágrimas a casi nadie ya se le escapan.

La carne es débil y la carne de los afamados hombres en los puestos de poder, con unos años ya a las espaldas, con el miedo a la muerte incorporado desde el desayuno, la mirada estragada por la imagen que el espejo, donde se afeitan cada mañana, les devuelve sin compasión y la constatación rutinaria del decaimiento y el derrumbe sin vuelta que van dando los años, esa carne, digo, es todavía más trémula y frágil. De ahí que los forajidos del primer párrafo lo tengan extremadamente fácil cuando tienden trampas colocando una presa apetecible en el camino de estos hombres que, zás, caen de patas en la miel.

Los avances de los tiempos en materia de igualdad de hombres y mujeres -¡ja!- se lo ponen todavía más fácil a los tramperos, ya que ahora, al considerarse a las mujeres personas –incluso la Iglesia  reconoce que tienen alma desde el siglo XIV, nada menos- pues se puede incriminar a los que osan lanzarse en plancha sobre ellas con pretexto amoroso.  La perversión está servida.

Por eso, y por lo que cuenta Manel López en su entrada, no está de más retorcer las apariencias un poco para ver si exprimimos alguna gota oculta que –mire usté por dónde- vaya a revelarnos la verdad oculta. La verdad, y ¿qué es la verdad? La pregunta sigue sin respuesta, como saben los que se han leído la Biblia. Cabría incluir otra pregunta a la no respondida: ¿a quién carajo le importa la verdad, a quién, de verdad, importa?

Tampoco se me ocurre una respuesta convincente, amigos. Pero sí una tangencial: sé que nos debe importar a los que encajamos todos los golpes y sus ribetes en el fondo del calcetín. Los que no tenemos escapatoria, aquellos a los que tarde o temprano vendrán a buscar, como dijo una vez el pastor Martin Niemöller, sobre los comunistas, y todo quisqui se lo atribuye a Brecht. La verdad importa y mucho se ha escrito sobre ello. Recuerdo un libro, On Truth, del profesor de Princeton Harry Frankfurt, que recomiendo. Incluso aquel divulgador científico tan televisivo, Carl Sagan, pero también Nietzsche y Gandhi. Claro, Tomás de Aquino.

Antes era más fácil, ya digo. Los malos eran los comunistas, los nazis, los ladrones de gallinas, las prostitutas. Pero todo se ha complicado desde el invento postmoderno: para que luego digan que el arte y el pensamiento no influyen en la vida diaria. Desde que la verdad es amoldable a los intereses de cada cual, se pueden tomar decisiones como la de atacar Libia y no Siria, ayudar a Irlanda y no a Grecia, entrar a saco en Paquistán y matar al hijo de Laden, discutir con el profesor de fenomenología husserliana porque “usted no va a saber más que yo de eso sólo porque sea su opinión”, como ha contado Fernando Savater, por propia experiencia. Y así.

No siento simpatía por este Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional, y además, soy feminista por convicción y desde el útero materno, cuando no sabía que había feministas. Si me apuran, hasta les digo que no siento compasión, casi, de su imagen desaliñada frente al juez. Pero no puedo evitar que me dé náuseas la facilidad con que la opinión pública es violada constante y masivamente por la intelligentzia financiera, los gángsters, los elegantes mafiosos pisamoquetas, asiduos a las fiestas de la Casa Blanca y del Vaticano. Los invisibles asesinos de millones de personas en el mundo, a los que dejan morir de hambre, de ignominia, de desesperanza.

La protesta en la calle es, quizás, lo único que va quedando. Pero también cabe contratar a ingenieros de la trampa a que compitan con los del enemigo. Acaso sea esto en lo que consiste la Tercera Guerra Mundial. Todo parece indicar que es tarea de héroes la que les toca a las generaciones de jóvenes sin casa ni miedo. Lucha o muerte. Así está la cosa. Que la fuerza nos acompañe.

4 Comments
  1. Eulalio says

    Elvira, que gran artículo. Me ha encantado.
    Yo tengo un amigo que ha visto mucho cine y seguro que piensa que detrás de este oscura y zafia historia podría ser que hubiese un complot de las fuerzas del mal (finanzas), como le sucedió a un director de periódico con una tal Exuperancia. ¿Te imaginas que fuera cierto?
    La prudencia es un arte, ya lo decía Gracián.

  2. Joaquín Mayordomo says

    Como siempre, brillante. Es un placer leerte.

  3. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Gracias a los avances en lo concerniente a las comunicaciones: prensa, radio, televisión, pero, sobre todo, este mundo de internet -qué gran invento, qué gran avance-, sabemos al instante y sin censura ni filtros que hagan de los acontecimientos aquello que se les antoja a unos moralistas de tres al cuarto.
    Desde todos los tiempos, y antes mucho más, hubo pederastas de todo tipo…, existieron los abusadores de las sirvientas en las casas de señores de bien, agredidas por los mismos «señores» -¡qué asco de gentuza!-, a sabiendas de sus «propias»…, muy católicas ellas.
    A estos «socialistas», por sí así llamados, no les duele tanto el presunto desmán cometido, tanto como verse y que los veamos espasados, en espera de acontecimientos.
    Nunca confié en los dioses o líderes a quienes después de seguirseles, se les persigue, es nos dejó dicho el viejo filósofo Séneca. ¡Dá miedo!

  4. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Gracias a los avances en lo concerniente a las comunicaciones: prensa, radio, televisión, pero, sobre todo, a este mundo de internet -qué gran invento, qué gran avance-, sabemos al instante y sin censura ni filtros que hagan de los acontecimientos aquello que se les antoja a unos moralistas de tres al cuarto.
    Desde todos los tiempos, y antes mucho más, hubo pederastas de todo tipo…, existieron los abusadores de las sirvientas en las casas de señores de bien, agredidas por los mismos «señores» -¡qué asco de gentuza!-, a sabiendas de sus «propias»…, muy católicas ellas.
    A estos «socialistas», por sí así llamados, no les duele tanto el presunto desmán cometido, tanto como verse y que los veamos esposados, en espera de acontecimientos.
    Nunca confié en los dioses o líderes a quienes después de seguirseles, se les persigue, esto nos dejó dicho el viejo y sabio filósofo Séneca. ¡Dá miedo!

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