Humo

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Pascual García

La calle estaba desierta y un vapor blanco y denso rezumaba desde las bocas de alcantarillado. Los semáforos adquirían tonos rojos y verdes a capricho, sin orden ni concierto, como en una sinfonía del disparate. Los edificios se alzaban ajenos a uno y otro lado de la calle. Todas las puertas estaban cerradas y las luces de las viviendas, apagadas. Era una calle enorme y yo estaba allí solo, más solo que la hostia, completamente solo. Las bocanadas de humo que robaba a mi Lucky parecían exageradamente placenteras, voluptuosas, desproporcionadas. … Maldito humo de los cojones… Aplasté el cigarrillo con la suela de mi zapato, pero la luz de las farolas seguía reflejando siluetas psicodélicas de vapores densos y blancos que no sabía de dónde venían y que me perseguían como fantasmas. El humo me acosaba y se me pegaba a la cazadora. Me detuve un momento… Aquello era una gilipollez… Tenía que calmarme. Así que saqué otro pitillo, me lo puse en la boca y le di caña al mechero. Una ráfaga de aire se llevó la llama. Lo intenté varias veces con el mismo resultado. Me acerqué a un portal para protegerme del viento y justo cuando volví a activar el encendedor con mi dedo gordo la puerta del inmueble se abrió. Una señorita con la cara muy blanca y los labios muy rojos y un lunar junto a la boca; una señorita envuelta en un abrigo de piel de marta cibelina me miró con espanto desde sus tacones amarillos y se puso a gritar. ¡Qué hermosa era y cómo gritaba la hija de puta! ¡Auxilio! ¡Socorro!, no paraba de vociferar aquel ángel descerebrado por el que habría sido capaz de hacer cualquier cosa en otras circunstancias. Las luces se encendieron de inmediato, las puertas de los portales se abrieron y la calle, en cuestión de segundos, se llenó de gente que me señalaba con el dedo.

-Deposite ese cigarrillo en el suelo despacio, muy despacio, lejos de donde se encuentra la señorita y donde podamos verlo. Hágalo suavemente y no le pasará nada, -me invitó el sonido metálico de un megáfono de la Policía.

- ¿Puedo darle una última calada?,-pregunté por preguntar.

Una ráfaga de ametralladora reventó mis tripas, que quedaron desparramadas por el suelo. Maldita Ley Antitabaco.

2 Comments
  1. antordonez says

    JODER MACHO, NO DEJAS DE SORPRENDERME, ERES GENIAL

  2. Patxitxo says

    Genial, cierto. Pero exagerao…:P

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