Reencuentro con el paraíso

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Ofelia de Pablo

Meditar entre palmeras frente al Golfo de Siam, en el hotel Napasai de la Isla de Ko Samui (Tailandia). / © Ofelia de Pablo

A ambos lados de la pequeña pista de asfalto se desdibujan impasibles cientos de palmeras mientras la atronadora motocicleta surca el húmedo espacio alrededor. Un agradable aroma de lluvia y coco empapan el agua color de jade del Mar de Andamán, es Ko Samui, la isla soñada.

La libertad, la lluvia del monzón en la cara y la expectativa de acantilados de ensueño hacen olvidar el retumbar del motor de este viejo cacharro en los oídos. Por fin aparecen majestuosos los paisajes que una vez Alex Garland imaginó al escribir su famosa novela La Playa: un “paraíso perfecto donde lo importante no es a donde vas, sino cómo te sientes en el momento en que llegas a formar parte de algo. Y si encuentras ese momento, es para siempre”

Chaweng, al noreste, quizá ya no sea un tranquilo remanso de paz pero sí es la más larga de todas sus playas de blanca arena y mar esmeralda. La colman siete kilómetros de eternidad acariciados por palmeras de ensueño donde perderse caminando, pese a la multitud de restaurantes new age y locales con buena música. El aroma de los cocos -hasta hace poco la principal fuente de recursos de Samui- aún impregna el ambiente. Su aceite es ahora, también, parte de la esencia de los spa que han conquistado la isla, forma parte de las sugerentes recetas thai en los restaurantes a la última y por supuesto continúa siendo una refrescante bebida.

La vecina playa de Lamui ofrece un espectáculo completamente diferente. Sus hermosas rocas de granito emergen del mar dibujando extrañas esculturas como las de Him Ta Him Yai, que representan los órganos sexuales masculinos y femeninos. Sus fascinantes formas son lugares de peregrinación para japoneses y chinos ya que, según cuenta la leyenda, las ofrendas que se hacen a sus dioses ayudan a la fertilidad. A poca distancia, un pequeño laberinto pétreo, mucho más tranquilo, hace las delicias de los amantes de los paisajes de ensueño: las rocas desperdigadas hasta el infinito en el mar forman intrigantes callejones que invitan a perderse.

Las dos ruedas enfilan de nuevo la delgada línea de 50 kilómetros de asfalto que contornea la montañosa isla, la empinada cuesta hace sufrir a la pequeña máquina mientras tratamos de sortear los puestos de comida ambulantes y los tuk tuks -motocarros llamados así por el sonido de su motor a dos tiempos- que se cruzan indiscriminadamente por la carretera. Por el camino, el frondoso paisaje verde lo invade todo. El muro vegetal está salpicado de templos dorados habitados por amables monjes con túnicas color azafrán.

Es cierto que la isla ha cambiado. Destino de hippies y mochileros en busca del paraíso perdido desde hace 25 años, ahora se ha convertido en el rincón de exclusivos viajeros que llegan a la isla para alojarse en estupendos hoteles frente al mar. Pero el corazón de Ko Samui permanece intacto.

Una de las mejores excursiones es la que nos lleva al parque marítimo de Ang Thong que con sus 42 islas de exuberante vegetación es la imagen más cercana al paraíso jamás vista. Sus cuevas -como la de Bua Bok-, las playas solitarias de arena blanca, las lagunas azules y sus impresionantes acantilados forman uno de los paisajes más hermosos del sur de Tailandia, además de ser uno de los mejores lugares del mundo para bucear. Una de las rutas más sugerentes es la que asciende hacia Thale Nai en la isla Mae Ko. Su increíble lago esmeralda en lo alto de la montaña nos recordará a las mejores imágenes de la novela de Garland.

Datos prácticos.- Cómo llegar: Vuelos diarios a Bangkok desde 568€ ida y vuelta con www.thaiairways.es. Dónde dormir: Hotel Napasai, con cabañas de lujo en el oasis privado de la playa de Maenam, en la costa norte la isla. www.napasai.com. Habitación doble desde 226€. Información: Oficina de Turismo de Tailandia. www.turismotailandes.com.

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