2036, el terror

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Pascual García

-El sistema de prospección de pálpitos de la nave apenas si detectó picos de vida. Los protocolos de visualización aportaban imágenes grises y polvorientas que no se correspondían con las azules panorámicas captadas unas cuartas antes por nuestras avanzadillas de reconocimiento. El satélite blanco mantenía su posición y su órbita y el planeta azul también, pero ya no era azul, era ceniciento. Los informes previos parecían erróneos: millones de especies, aire, agua, vida, inteligencia, azar, imaginación, arte… El planeta azul se había convertido en el planeta calcinado y nada parecía sobrevivir allí, a pesar de que nuestro sistema de prospección seguía detectando débiles señales de presencias.

-¿Y por eso decidisteis bajar?

-Así es.

-¿Y qué encontrasteis?

-No encontramos nada, solo ceniza. Millones de huesos  convertidos en ceniza.

-¿Y la señal?

-La señal seguía allí, débil, pero constante.

-¿Y fuisteis a buscarla?

-Ya te lo he contado miles de veces.

-¿Pero qué encontrasteis?

-Milagrosamente, un rudimentario sistema electrógeno se debió salvar del desastre nuclear y mantuvo en funcionamiento un contenedor de embriones conservados en hidrógeno líquido.

-¡Vaya!

-Allí había vida… ¡Había vida!

-¿Y qué hicisteis?

-Llevamos los embriones al laboratorio de la nave y creamos primero a cientos, luego a miles y, más tarde, a millones de ellas…

-¿Y alguna vez os habéis arrepentido de habernos salvado?

-La verdad es que no, pequeña. Hasta ahora, nos habeis servido bien.

-¿Apago la luz, papá?

-Haz lo que quieras…, pero no te quites las medias.

1 Comment
  1. LOLA says

    ¿pero dónde se había metido este pedazo de monstruo en los últimos treinta años?

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