El vibrante corazón del dragón

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Ofelia de Pablo

Vista de Shangai desde el hotel más alto del mundo, en la torre SWFC. / © Ofelia de Pablo y Javier Zurita

Vértigo es la palabra que define lo que uno siente cuando se asoma al mirador acristalado del hotel más alto del mundo, la espectacular torre SWFC con forma de abrebotellas en plena avenida de las vanidades arquitectónicas del siglo XXI, en el distrito de Pudong. Sus 421 metros de infarto alojan la escalofriante cifra de 101 pisos y para más inri en el 92 hay un bar de copas: el 100 Century Avenue. Y es que Shanghai es así. Una ciudad que arriesga y asusta pero que al final conquista.

Hace 20 años el suelo donde se asientan los colosos que forman uno de los skylines más famosos del planeta, torre de la TV incluida, eran un simple arrozal. El despliegue económico del gigante asiático ha convertido en tan sólo dos décadas a la que fue conocida como “la perla de oriente” en su mayor exponente de modernidad, glamour y vanguardia. Sólo hay que mirar hacia Pudong para que la vista navegue en un bosque de rascacielos propio de un Manhattan o un Chicago pero sumándoles cientos de metros más. Y sin embargo con solo volvernos la vista desembarcamos en el bello malecón, el Bund, al otro lado del río Huangpu que hace de frontera natural entre los distritos. El paseo del malecón, que gracias a la Expo es ahora peatonal, nos conduce por el mundo del esplendor colonial de otras épocas. Edificios de renombre internacional como el HSBC- Hong Kong and Shanghai Banking Corporation- de 1923, las Mansiones de Broadway o el edificio del Shanghai Club se han mantenido en pie y ahora alojan a los mejores chefs de cocina de fusión, las tiendas de moda más prestigiosas y los elegantes clubs de diseño. Desde las terrazas de los mejores locales como el Bar Rouge se puede observar, cocktail en mano, uno de los mejores espectáculos de la ciudad: la línea de rascacielos iluminada al anochecer.

Nanking Este, la calle comercial más famosa de Asia, comunica el Bund con la Plaza del Pueblo. Un sinfín de comercios de lo más variopinto pueblan esta avenida plagada de neones, abigarrados carteles y millones de seres humanos. Los comercios ya no son las grandes tiendas que un día fueron. Ahora su glamour ha sido desplazado a favor de las boutiques instaladas en el malecón y la zona de tiendas chic de la Concesión Francesa, pero aun así conserva el encanto de la aglomeración a lo shanghainés.

En la Plaza del Pueblo las cosas empezaron a cambiar cuando en el 2005 se inauguró el que fue el primer museo de arte moderno: el MOCA. Hoy, este tranquilo rincón está flanqueado por futuristas torres que se elevan buscando el cielo, como Tomorrow Square, que recuerda una nave espacial, o la fantástica obra de arte del Gran Teatro. Y es que la fisonomía de la ciudad cambia a ojos vista y eso que hace tan solo unos años que propios y extraños se han dado cuenta que no era necesario destruir el antiguo patrimonio arquitectónico -no ha sido cosa fácil- y que bastaba con adaptarlo a los tiempos modernos. El precursor de esta idea fue Benjamín Wood gracias a quien hoy existe el bohemio barrio de Xintiandi donde las marcas de moda de la China más chic se alojan en antiguas joyas arquitectónicas restauradas con las tejas rojas y las paredes de ladrillo, los shikumén

Datos prácticos.- Cómo llegar: Finnair vuela a Shanghai vía Helsinki. Dónde dormir: Grand Meliá Shangai. Más información: Oficina de Turismo de China.

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