Libia: el reparto del botín

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Sarkozy (Cámeron a su derecha) durante su reciente visita a Libia. / Philippe Vojazer (Efe)

Los dirigentes más avispados de Occidente –léase Sarko y Cameron- se han  apresurado a visitar la Libia liberada (sic) horas antes de que lo hiciera el presidente turco, Erdogan, a quien no sé qué mosca le ha picado últimamente que no para de hacer campaña para liderar a los musulmanes modernos. Hay un periódico que titula bien:Un país rico al alcance de Occidente”, eso, eso; a repartirse el pastel.

Da grima leer los titulares de la prensa en los que ésta cuenta la tournée de los mandatarios europeos. Apabulla escuchar en la radio la voz estentórea y anacrónica del turco arengando a los musulmanes demócratas. Huy, qué miedo. Todos de acuerdo en una cosa: la rata de verdad es Gadafi y hay que atraparlo como sea. Lo malo es que el tío no se deja.

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Estas prisas por coger sitio y sacar la mayor tajada de Libia sonroja a las personas que no hayan perdido cierta noción de decencia, esa asignatura sin libros que nos enseñaban de niños en casa de cada cual y que nada tenía que ver con enseñar el culo o no. Abochorna que dos representantes de países tan dignos como Francia y Reino Unido aparezcan en las fotos como dos pillos ocupando las mejores posiciones para el reparto de riqueza ajena, con el pretexto de haber ayudado al pueblo libio a liberarse –ya veremos- y a terminar con el Líder por excelencia –ya veremos.

El hombre de paja que encabeza un gobierno, supongo que provisional, de la “nueva Libia”, Mustafá Yalil, ha dicho, en medio de la multitud entusiasmada, que su gobierno sabrá agradecer los esfuerzos de estos amigos y que ellos tendrán prioridad. Más claro, el agua clara. De modo que ya se están preparando las empresas italiana y española que llevaban tiempo extrayendo su crudo porque en el nuevo estado de cosas verán cómo se les rebatiña a favor de los nuevos amos, ingleses y, sobre todo, franceses.

Visité Libia hace unos años y recuerdo bien que se trataba de un país tranquilo cuyas gentes vivían acomodadamente –los libios estaban prácticamente subvencionados por el régimen, por el mero hecho de ser libios, y los que curraban en la parte dura eran inmigrantes- y con cierta alegría. Familias con sus niños y bebés se iban de merienda a las ruinas romanas más espectaculares que haya podido contemplar nunca, y deambulaban con respeto y tranquilidad por sus piedras. En la medina de Trípoli, a unos pasos de la plaza más fotografiada últimamente, la gente hacía sus cosas y tomaba sus refrescos al aire libre, sin mayor cara de cabreo ni preocupación. Por la noche, se podía visitar una terraza, en un descampado a las afueras de la capital, donde el vino, teóricamente prohibido, se servía en jarras de barro para no enfadar a nadie, pero se servía. Uno de los hijos del presidente perseguido estaba en una mesa cercana. Haciendo lo propio.

Se me objetará que esa impresión superficial no impide que Gadafi fuera un caprichoso e injusto dirigente, y yo no podré estar más de acuerdo. De hecho, sufrí en mis propias carnes sus caprichos cuando nos dio plantón a un equipo televisivo español con el que había ya concertado una entrevista, en su sitio de Sirte, aún –por cierto- en manos de sus partidarios. Lo que quiero decir es que en aquella Libia que conocí -y la pateé bastante, de Tripoli a Bengasi, de Sirte a Gadames, hasta el complejo de Repsol, de grata memoria-  lo que no se veía era miseria, como se ve en Egipto o en Marruecos. Sí, abandono, suciedad y falta de seriedad, pero eso quizá los españoles estamos dispuestos a entenderlo muy bien; por familiaridad.

Lo que quiero decir es que ésta es otra guerra que no entiendo, menos aún en medio de una crisis económica y financiera como la que atravesamos. ¿O a lo mejor es esa circunstancia la que justifica todo esto?

-¿Qué vale conseguir el petróleo libio, el más puro, para paliar la crisis y salir reelegido?

- Unas cuarenta mil vidas humanas, calculo, señor; eso sin contar la destrucción de gaseoductos y centrales de extracción de crudo que nos costaría unos gastos millonarios reconstruir, claro que se amortizarían con las ganancias, después.

-Vale, me compensa. Hecho. Dé la orden.

Así podría ir la película.

Pero siempre hay cabos sueltos fastidiosos y malintencionados. Eso debe de estar temiendo Sarkozy, desde que al principio de este desaguisado, otro de los hijos, Saif Al Islam, amenazara con difundir los detalles del apoyo de Gadafi a la campaña electoral del pequeño faraón francés, apoyo en el que se encuentra mezclado un traficante de armas, Ziad Takkiedine, apresado por la policía francesa, tras regresar de Libia cargando un millón y medio de euros en metálico. Este Takkiedine está, al parecer relacionado con un atentado yihadista en el que murieron 11 ingenieros franceses, en Karachi, 2002.

¿Estará dispuesto Obama a socorrer a su colega francés y repetir con los Gadafi la hazaña de la caza de Bin Laden? ¿Cómo era aquello de que el fin no puede justificar los medios? Ah, no, disculpen; eso era otro cantar, cuando el telón de acero y eso. Es que se me va la olla.

3 Comments
  1. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    ¡Os jodéis, que no os escucho: esto va por el Sarko y el Cameron!…
    ¡A robar, a otra parte!

  2. Eulalio says

    Elvira, lo peor de todo, o lo que a mí más me indignó, fue el apoyo incondicional y acrítico de gran parte de la prensa y sus voceros tertulianos a la invasión de Libia, así como su facilidad para asumir la repentina satrapía de su líder, dirigida evidentemente por quienes promocionan ésta y otras guerras «por la democracia». A ver cómo acaba. En Iraq ya han muerto más de 100.000 personas (http://es.wikipedia.org/wiki/Registros_de_la_Guerra_de_Irak) y sigue cayendo gente cada día. Un precio muy alto para el barril de petróleo.
    Saludos

  3. jvrgarrido says

    Leo este artículo unos meses después, con Gadafi ya cadáver y no deja de maravillarme el carácter premonitorio de su párrafo final. Gracias por la libertad de espíritu, ausente en el quiosco en relación al conflicto libio. Me da mucho miedo todo lo que ha pasado allí, creo que lo vamos a pagar algún día. Gracias por vuestra libertad de espíritu.
    http://twitter.com/#!/jvrgarrido

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