Retablo de la soledad en cuatro actos

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Que hoy día una película coral esté protagonizada por actores de más de cincuenta años en su mayoría es algo extraordinario. Que trate de emociones, sentimientos y afectos de gente corriente, como la que nos rodea o como nosotros mismos, es también extraordinario. Que su director sea un inglés inteligente que ha hecho cosas como Secretos y Mentiras, Todo o Nada o El secreto de Vera Drake es algo que no nos sorprende y de lo cual nos alegramos profundamente.

Mike Leigh retorna en Another Year al género del drama en su sentido literal con la sobriedad a la que nos tiene acostumbrados en sus anteriores trabajos, sin artificios ni trampas y a palo seco, dejando que la historia fluya durante el metraje suavemente ante nosotros y vayamos descubriendo el torrente de sentimientos y contradicciones que esconde cada gesto de los personajes.

En esta ocasión Leigh hace un retablo de la soledad a través de la mirada de los amigos de un matrimonio feliz que ronda los sesenta a lo largo de un año, durante sus cuatro estaciones. Ella es terapeuta en un centro de salud y él topógrafo. Tienen un hijo que supera los treinta que no acaba de encontrar pareja. Son felices con su existencia pacífica. Una compañera de trabajo de ella es amiga desde siempre y casi parte de la familia, pero a pesar de su sonrisa y disposición afectuosa le invade una soledad devastadora. Un amigo de él desde la juventud se acaba de separar y está pasando una mala racha. Su hermano viene a pasar unos días con ellos para recuperar el ánimo después de la muerte de su mujer.

Esta pareja madura, que se conoció en la facultad, ha logrado mantener su cariño sin fisuras a lo largo del tiempo y ha sabido crear un hogar en el que ahora dan refugio involuntario a las soledades de quienes no han tenido la suerte ni la capacidad de ellos en conservar o encontrar el amor. La vida ante nosotros. Desengaños, anhelos, pérdidas, afectos, sufrimiento, tranquilidad, amistad, amor… Las huellas del tiempo. Lo que se fue. Lo que queda. Lo que nunca pudo ser.

Y todo contado con sensibilidad y hondura en un guión con la apariencia de improvisado pero consistente como el hormigón en el que las acciones más intrascendentes esconden una intensa profundidad emocional al estilo de las películas de Cassavetes. Filmado con sutileza y tacto, respetando a los personajes y evitando cualquier concesión efectista. Y sobre todo interpretado con verdadero sentimiento y sabiduría por unos actores ingleses desconocidos para el gran público pero de una calidad indiscutible, entre los que destaca sin ninguna duda Leslye Manville como amiga solitaria.

Una película de personajes, pero sobre todo de actores, sencillamente imprescindible y que a pesar de optar a varios premios en muchos festivales importantes no ha sido reconocida como debiera.

2 Comments
  1. celine says

    Me apunto a verla ipso facto, Pascual. Hace siglos que no voy al cine; celebraré que aún haya calidad en las pantallas acudiendo a verla. Por lo general, los trailers que dan de las pelis me espantan las ganas de comer palomitas a oscuras. Gracias por esta crítica estimulante.

  2. menerali says

    Por favor Celine, esta vez no compres palomitas

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