Centro Oscar Niemeyer: lo que nos incumbe

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La ciudad de Aviés, con el Centro Niemeyer en primer plano. / centroniemeyer.org

Pocas veces se ha dado un caso tan curioso en un complejo cultural como el que entre su inauguración y su cierre, se dice que temporal, mediaran pocos meses. Así ha ocurrido con el Centro Niemeyer que, desde prácticamente el día mismo de su inauguración, ha sufrido el enfrentamiento  entre el Gobierno del Principado, dirigido por Álvarez Cascos, y Natalio Grueso, director del Centro, un enfrentamiento que se produjo cuando el flamante nuevo gobierno asturiano, Foro Asturias, acusó a Grueso de supuestas irregularidades en la gestión del Centro. A partir de ahí, entre dimes y diretes, tiras y aflojas, más bien tiras, la cuestión se fue degradando hasta que esta semana, que se cumplió el plazo de cesión de los edificios del Centro a la Fundación Niemeyer, se ha llegado al extremo de que el Centro cerrara sus puertas, por lo menos como tal Centro, que también la cosa es cuestión de nombre. El jueves, 15 de diciembre, Natalio Grueso entregó las llaves del complejo al Gobierno asturiano. También les regaló el anuncio de una querella por valor de  20 millones de euros, contra el Presidente del Gobierno del Principado, Álvarez Cascos y su consejero de Cultura, Emilio Marcos Vallaure, por daños y perjuicios, por calumnias, por difamación, en fin, por prevaricación y la puesta en marcha de la recogida de 10.000 firmas necesarias para tramitar una iniciativa popular que tenga como consecuencia un cambio legislativo  a favor de que los centros culturales se rijan al margen de los vaivenes políticos.

Como las metáforas no surgen de la nada, esta semana ha sido también la del 104 aniversario del nacimiento del legendario arquitecto brasileño, que ha tomado partido en contra del cierre del Centro y ha puesto como condición para que el mismo siguiera funcionando que fuese Grueso el que se encargase de su dirección. Emilio Marcos Vallaure no quiere cerrar el Centro que ya no puede llamarse así, creo que tiene previsto inaugurar una exposición del pintor Favila, de muy asturiano nombre, que se presentó como cuarto en las listas de Foro Asturias en las elecciones, según informa Borja Hermoso en un artículo escrito para El País. Por su parte la alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, que además es vicepresidenta de la Fundación, no para de llamar por teléfono y hablar con Emilio Marcos Vallaure con vistas a conseguir un compromiso de última hora a pesar de que apenas treinta kilómetros les separan de sus respectivos despachos. Se muestra optimista. Se llegará a un acuerdo tarde o temprano, parece decir. Lo evidente toma carta de augurio de buenas intenciones políticas. Y tan evidente es la cosa que lo que es un pulso político se ha convertido, de hecho, en una guerra mediática de perversos efectos.

En realidad a  nadie le interesa que un Centro que apenas se inauguró en marzo de este año y por donde han pasado figuras como Woody Allen, que parece haberse convertido en un neoyorkino de Oviedo, que ofreció un concierto de jazz el día mismo de la inauguración del complejo, además de gentes como Kevin Spacey, que es actualmente director del Old Vic de Londres, con cuya compañía de teatro tiene el Centro concertada una serie de actividades, Brad Pitt, Sam Mendes, el Premio Nobel Wole Soyinka, Joan Manuel Serrat… pierda la curiosa relevancia internacional que había conseguido en apenas unos cuantos meses, pero lo cierto es que debido a las tensiones políticas, locales, provincianas, llenas de estrecheces de miras, un tanto cerriles, por parte de las autoridades políticas, lo cierto es que el golpe de efecto ya ha sido dado y con ello me atrevo  a decir que casi el de gracia. El caso del Centro Oscar Niemeyer es un caso que, de golpe, nos retrotrae a actitudes que creíamos olvidadas en el imaginario colectivo español, esas actitudes que hicieron decir a gentes como Jaime Gil de Biedma aquello del país de cabreros, y que desde Larra han conformado la imagen de una tierra llena de intereses locales y caciquiles y donde la palabra cultura ni siquiera producía el reflejo de llevarse la mano  a la cartuchera de la pistola porque para esto incluso habría que ser consciente del poder de la misma, para bien o para mal. Y digo que nos retrotrae sin retórica alguna a esos tiempos porque ese imaginario aún funciona y basta que ocurra un evento de este tipo para que los fantasmas que creíamos sepultados en el baúl polvoriento de la Historia vuelvan con su peor cara, la de la caricatura.

Los responsables del Centro Niemeyer, quizá porque esos fantasmas los poseen a flor de piel han vendido la imagen de que el Gobierno del Principado está formado por una especie de provincianos exentos de cualquier sofisticación mental y que, por tanto, esos viejos caciques con caras nuevas no quieren oir ni hablar de centros culturales tan idóneos, modernos y fashion como al que aludimos, capaz de hacerle la competencia al mismísimo Guggemheim de Bilbao. Por su parte, los responsables del Principado, desde el día mismo que tomaron posesión, intoxicaron a la opinión pública contra la Fundación con acusaciones que iban más allá de las irregularidades y llegaron a centrarse en críticas un tanto curiosas sobre si era idóneo lo que se había proyectado de Carlos Saura o sobre el valor estético de  la obra de Cristóbal Gabarrón.

Ha ocurrido lo único que podía suceder en un caso en que todo estaba previsto, me atrevería a decir con meses de anticipación, desde pocos días después de que se inaugurara en Centro. Este no cierra pero, sofisticación del lenguaje empleado en los tiempos que corren, ya no se llamará Niemeyer y la flamante Fundación se disuelve mientras el Principado asume la gestión del complejo. ¿Desaparece, entonces o no desaparece? Sí y no, como corresponde al mundo virtual en que nos movemos. Emilio Marcos Vallaure ha dicho que una sociedad, Recrea, que es la que gestiona la Universidad Laboral de Gijón, se hará cargo del complejo y que la programación no se detendrá y contaremos con un buen programa para la primavera de este año. Según rumores, la exposición de Favila, el número cuatro por las listas de Foro Asturias, está ya prevista, así como la del fotógrafo Nardo Vilaboy, que entraba dentro de los planes de los gestores salientes.

Mientras, el arquitecto, Óscar Niemeyer, cumplió 104 años y los responsables del Centro, el día en que anunciaron el cierre del mismo, proyectaron un video de adhesión y un acto de homenaje al maestro. Lo cierto es que es el único vivo de todo este asunto. El resto huele a podrido.

4 Comments
  1. Ariana says

    Es curioso que por segunda vez -al menos que yo conozca- pasa esto. Niemeyer y la política cultural local se están enfrentado a una situación parecida a la que vivió el artista Richard Serra en los años 80s con gobiernos conservadores. Una lástima que quienes han apoyado la permanencia de este complejo centro artístico no hayan leído antes el valioso texto y manifiesto teórico que Douglas Crimp elaboró: la redefinición de la especificidad espacial. En español hay una traducción de Jesús Carrillo en Blanco et al. (2001) Modos de hacer. Arte público, esfera crítica y acción directa. Salamanca: Universidad de Salamanca. Se puede leer online aquí http://es.scribd.com/doc/18790212/01-FAU-Douglas-Crimpla-Redefinicion-de-La-Especificidad-Espacial

  2. icoman says

    Me parece penoso que una obra que ha supuesto una inversión terrible esté cerrada. Para qué se gastaron la pasta entonces??

  3. ivg56 says

    Cultura, internacionalismo, provincianos… pero nadie aclara la pasta gansa que le cuesta a los ciudadanos la cosa. Sólo para saber si compensa.

  4. ENFABADO says

    icoman,

    la pasta se gasto para que el Señor Areces (que en Asturias sabemos que si tiene que elegir entre una tortilla XL y una excursion al Moma de New York se queda con la tortilla) y sus amigos tuvieran una FUNDACION PRIVADA FINANCIADA CON EL DINERO DE TODOS LOS ASTURIANOS (dinero publico lo llaman)…Y con unos sueldos cojonudos…….

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