De diarios y ladrones: una historia republicana

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Cubierta del libro. / esferalibros.com

Con el ambiente animado por la toma de posesión del nuevo presidente y el nombramiento de ministros -una ocupación estimulante chez les journalistes– la lectura de un libro histórico me traslada las fechas de hoy hacia las de 1936, un año no muy esplendoroso precisamente para España. Por suerte, con una diferencia abismal en los acontecimientos y los protagonistas.

A pesar de haber ocupado la presidencia del gobierno y del Estado durante muchos años, la figura de Niceto Alcalá-Zamora no suele ser la estrella cuando se alude a la Segunda República, que él contribuyó enormemente a conseguir. El puesto sobresaliente en el recuerdo lo suele ocupar su detestado Manuel Azaña –“de una soberbia insoportable”- o alguno de los políticos a los que critica vivamente – el derechista Gil Robles, el socialista Indalecio Prieto– ante lo que él considera posiciones extremistas que iban pidiendo guerra. Una guerra civil, concretamente, que vino a estallar, unos meses después de que Alcalá-Zamora dejara escrito en su diario esa predicción, en enero del 36.

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El caso es que La Esfera de los Libros ha publicado sus diarios como presidente después de que “se perdieran” en manos amigas de lo ajeno durante muchos años; de hecho, ven la luz 74 después y tras peripecias que explica el editor, Jorge Fernández-Coppel en su introducción. Se trata sólo de los diarios del año 1936, ya que los correspondientes a 1931 hasta 1935 han desaparecido de la faz de la tierra, como por arte de magia; negra, por supuesto. La editorial promete otras dos entregas, una con los recuerdos de la victoria republicana y otra, sobre sus memorias como ministro de Alfonso XIII.

Ya no cabe duda de que fue el gobierno resultante del triunfo del Frente Popular de Manuel Azaña, en febrero de 1936, quien mangó los nueve sobres de escritos que el ex presidente de la República había depositado en una caja fuerte del Banco Crédit Lyonnais, antes de salir de vacaciones de verano, en julio de 1936, hacia lo que en realidad fue su exilio. No contentos con los diarios, de paso arramblaron con más libros y papeles, en lo que don Niceto califica de “expurgo y despojo de mi casa”. Y más aún, no le fueron devueltos ni las escrituras de sus fincas, ni los documentos de su carrera administrativa ni los legajos de su contabilidad privada. Supongo que tampoco le dieron pensión de ex presidente alguna ni coche ni nada. Tiempos rudos aquellos.

Mucho se ha escrito sobre el manejo de Alcalá-Zamora de los años decisivos que le tocó vivir, y se puede ser muy crítico con su trabajo político y las maniobras con que terció en los problemas que le presentaban las diferentes fuerzas políticas, pero el robo de esos documentos personales no habla muy a favor de los ladrones, precisamente. Ya se sabe el miedo que produce la libertad de expresión, especialmente si esa expresión parece razonable y verosímil, como pasa con estos diarios. Lástima porque con la red de redes, don Niceto lo habría tenido más fácil.

En el excelente prólogo de Juan Pablo Fusi queda bien establecida la época y sus protagonistas, las amenazas y los desastres cumplidos. A estas alturas, aunque se pueda discrepar de algunos detalles, ya no se ignora lo fundamental, los pasos que llevaron al final del sueño republicano y que tenían que ver con los extremos que buscaban su satisfacción particular al margen de las necesidades del país entero. Para Fusi, “Alcalá-Zamora trató siempre de llevar la República hacia donde él creía que debía estar: hacia la moderación y el orden, hacia el centro político”.

Seguimos los españoles sin aprobar la asignatura pendiente de hablar y discutir de ese tiempo sin acritú ni deseos asesinos por quien defienda una opinión contraria a la propia. La Ley de la Memoria Histórica lo ha destapado: hasta entonces, se habían mantenido más o menos las formas; pero se han escuchado voces tan violentas que casi disparaban a matar, en una y otra tendencia, las dos Españas eternas, al parecer.

El empeño de don Niceto es lo que me trae a estos días de nuevo gobierno. Salven, por favor todas las distancias posibles, no vayamos a perder amistades por esto. Me parece que la postura de Mariano Rajoy en sus intenciones de gobierno es ejemplarmente moderada, ya veremos cómo sale la puesta en escena completa. Como decía el Adriano de Yourcenar, bastante dura es la vida como para endurecerla más nosotros mismos. Cambien vida por situación y tienen la frase actualizada.

De modo que me propongo escuchar y contemplar atentamente el devenir de los días que nos quedan por delante, en la senda tortuosa y larga, invernal incluso en primavera, de estos cuatro años de gobierno. De armar jaleo ya se encargarán los que tienen algo que ganar haciéndolo, pero, si me tienta el griterío, procuraré mantenerme al margen, como una espectadora civilizada aunque sin el cinismo de los que no se mojan.

Confío en que la gente corriente sepa atemperar el malestar que mina a unos más que a otros, según sus historias privadas, y encauce su indignación contra quienes verdaderamente merecen ser los receptores. La lectura de los diarios de Alcalá-Zamora resulta, en este sentido, muy esclarecedora de lo que es mejor no hacer bajo ningún concepto. Felices Pascuas.