Toledo, ay

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Acabo de ver la primera entrega de la serie Toledo que pretende contarnos vicisitudes de la época del buen Alfonso X, el Sabio, en la que las llamadas tres culturas convivían con menos gloria que tensiones y tragedias. Mejor diré que he hecho un esfuerzo sobrehumano por ver este producto televisivo “de alta gama”, según sus responsables, que ha gastado muchos miles de euros –medio millón de vellón por capítulo- en reproducir digitalmente el presunto Toledo del siglo XIII, en imitar los vestidos de actores y actrices, hechos con telas traídas de Italia, Francia, Marruecos y Alemania, y en encargar azulejos a maestros árabes y espadas a maestros armeros de la Fábrica de Armas de la ciudad imperial. Total, ¿para qué?

Para que parezca que estamos en aquel tiempo. Y así podría parecer, aunque sobran detallitos ornamentales, frutas de atrezzo, las inevitables gallinas en medio de la calle, juntitas para que no se pierdan, y otras cosas que puede que no importen mucho.

Pero, a la que aparecen en escena los actores, el invento se va a pique y más recuerda a un baile de disfraces que a una película histórica. Ni siquiera el veterano rey, encarnado por un no menos veterano actor, resulta verosímil. No digamos el arzobispo, una auténtica caricatura de chiste, o el heredero de la corona, que parece un pijo de la jet haciendo gamberradas.

El director de la cosa pretende que la acción histórica remede los problemas globales de la convivencia multicultural para mostrar cómo ya entonces cocían habas. Pero el caos de movimientos de actores y extras, la torpeza de las gesticulaciones, el atropello en la danza de actores, en su interpelación, en su intercambio, acaba con la paciencia del espectador. Y lo peor, lo que parece que nunca pueda mejorar en el cine que se hace en España: la dicción, la vocalización, la articulación y la pronunciación de los actores hacen casi ininteligible el guión –ésa es otra-, lo que obliga a pensar que el director del tinglado no estaba presente en la grabación o no tiene oídos. De la versión que hacen de la musicalidad del idioma también habría que hablar.

El guión. ¡Qué castigo! Pobre rey Alfonso, al que trazan como un padre cabreado porque su niño llega tarde a cenar. Pobre magistrado, cuya autoridad se sustenta en un hablar amenazador todo el rato, al tiempo que sostiene una mirada amedrentada que se vuelve, de pronto furiosa, sin venir a cuento. Varias veces, actores distintos hablaron de que “no es una opción” no sé qué cosa, en un intento –supongo- de que la acción medieval se entendiera en nuestros días. Nadie le ha explicado al guionista que la historia medieval se entiende de maravilla sin necesidad de aplicar coletillas propias de los malos usos del idioma actuales.

Los actores hablan todo el rato como si estuvieran enfadados o a punto de pegar a alguien. O eternamente preocupados, hablan siempre desasosegados, impacientes, sin resuello. Qué aburrimiento.

Y, por supuesto, no se ahorra en escenas de crueldad innecesaria o de sexo -¿cómo decir?- barato y burdo. Cine español, sí señor. Qué envidia me dan los ingleses que cuentan sus pequeñas cosas tan bien, normalmente. Y los americanos que nos han enseñado por activa y pasiva su épica conquistadora del Oeste, la vida moderna de sus ciudades, sus costumbres, de forma prodigiosa.

Al acabar el capítulo, se ofreció una lección de medievalismo y de calles toledanas por las que supimos que en aquel entonces la vida en Toledo era muy injusta y la justicia, también. Como si en Brujas, un poner,  disfrutaran entonces de una situación mejor.

Para saber más del rey Alfonso, ya vale dar un repasito a las Cantigas de Santa María, una vuelta por Villalcázar de Sirga, provincia de Palencia, o leer algún buen libro de historia. O visitar Toledo, ¿por qué no? En cuya escuela de artesanía, diz que antigua escuela de traductores, aprendí a forjar hierro, hace mil años.

 

1 Comment
  1. Eulalio says

    Elvira, siendo tan mala como dices, lo que más siento es que actores como Juan Diego tengan que comulgar con ruedas de molino para ganarse las lentejas. Yo hace tiempo que desconfío de las producciones que repiten fórmula, pues parece que no supieran qué hacer.
    Saludos

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