IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

Saul Bellow, en 1990. / Wikipedia

Herzog, ya saben ustedes, el inolvidable protagonista de la novela de Saul Bellow que lleva su nombre (Herzog, 1965), no para de escribir cartas a diestro y siniestro, desahogando de esta forma el desorden de su mente. Uno de sus destinatarios más recurrentes es el mismísimo presidente de los Estados Unidos, que a la sazón era Lyndon B. Johnson, a quien muy al comienzo de la novela se dirige Herzog en estos términos:

Querido señor presidente: la normativa tributaria nos va a convertir en una nación de contables. La vida de los ciudadanos se está convirtiendo en una empresa comercial. Ésta es, en mi opinión, una de las peores interpretaciones del sentido de la vida humana que se haya dado en la historia. La vida del hombre no es un negocio.

Terminado el párrafo, Moses Herzog se pregunta: “¿Y cómo firmo yo esto? ¿Ciudadano indignado? Pero la indignación es tan agotadora que uno debería reservarla para la principal injusticia”.

¿Y cuál sería esa principal injusticia?, añadimos hoy.  ¿Cabe alguna mayor que la que el mismo Herzog formula, la de la vida humana convertida en una empresa comercial, encima deficitaria, por si fuera poco?

Bellow escribió estas palabras a comienzos de los sesenta. Medio siglo después quizá Herzog no hubiera dudado en firmar así, como “ciudadano indignado”.

Mira por dónde, un compañero.

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