En Angulema se habla español

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Desde el jueves 26 a este pasado domingo se ha celebrado en la espléndida ciudad del departamento de Poitou-Charentes, en Angulema, la 39ª edición del Festival Internacional de Cómic, la Feriadel Tebeo más importante del mundo,  que este año ha contado con España, Suecia y Taiwán como países invitados, es decir, aquellos cuya representatividad en la Feria será mayor y que, en el fondo, significa una sanción importante como reconocimiento de la importancia del  país elegido en la industria del cómic.

La cosa es importante porque ya es sabido que Francia es un país que mueve, y remueve, la industria cultural como pocos, no hay más que fijarse en el modo sutil en que quitó, con la invención del Festival de Cannes, a la Venecia de Mussolini la representatividad del mundo del cine, y España desde hace años es una potencia en el ramo. Tanta que muchos hablan desde hace veinte años de que el talento en nuestro país parece haberse refugiado en el tebeo, en lo que ahora se llama cómic, en lo que nuestros vecinos denominan bande dessinée, BD, en la novela gráfica, en fin, en ese género que parece un híbrido de literatura e imagen y que se acerca a una especie de cine develado por secuencias, y que muchos creen es el género literario genuino del siglo XX.

Y también quizá del que estamos. En Angulema, además de hacerse una idea de lo que se produce en el mundo en lo referente al cómic, en asistir a las mil y una muestras del modo en que se crea una tira cómica, en perderse por sus estantes donde se amontonan miles de obras clásicas, algunas no tienen más de treinta años pero son reverenciadas como para un filólogo una primera edición de El Quijote, se habla del futuro representado por las nuevas tecnologías, y no tanto de la crisis económica.

Motivos tienen para ello: según Le Motif, una publicación francesa del sector, el cómic es la categoría editorial más pirateada en Internet, con una muestra de 40.000 títulos en la Red y más de 10.000 volúmenes de fácil acceso. Eso demuestra que Internet y el cómic parecen estar hechos  el uno para el otro y que si se pone coto a la piratería las bodas están aseguradas. Álvaro Pons, comisario de la muestra “Tebeos. El cómic español”, una exposición extensa e intensa de nuestra industria en la ciudad francesa, se mostró optimista respecto a la misma en los tiempos de la digitalización. Es más, cree que “los nuevos formatos digitales, como las tabletas, son ideales para el género”, y apuntó también “que habría que cambiar ciertos modos de hacer cómic, aunque la transición no será violenta por la propia naturaleza de la historieta, a base de muchos dibujos y textos cortos”. Kim, el dibujante español que junto con Antonio Altarriba se le otorgó por El arte de volar el Premio Nacional del Cómic en 2010, y que bajo su nombre de Joaquin Aubert Puigarnau se nos presenta como editor en esta Feria, propone soluciones más apegadas a la tierra como la creación de “una tarifa plana en las editoriales y adaptar los precios que ofrecemos a la  edición digital”. Kim piensa, además, que “las tabletas parecen pensadas para un género como el nuestro” y pone como ejemplo de lo que debería hacerse en un futuro la labor de Jorge González en Dear Patagonia, que ha hecho una versión para tableta donde añade, además de la obra original, bocetos de la misma, información sobre el modo en que se hizo la obra y música de la que se hace referencia en la misma.

Cubierta de 'Crónicas de Jerusalén', de Guy Delisle, Premio al Mejor Álbum en el Festival de Angulema (Francia).

Desde luego, el ejemplo lo ha dado antes que nadie el mismísimo presidente de la Feria este año, el estadounidense Art Spiegelman, creador del ya legendario Maus, aquel ratón metido en la ratonera horrible del Holocausto. El autor se basó en los recuerdos de su padre en un campo de concentración,  y que le valió a Spiegelman el Premio Pulitzer en 1992, autor también del bello cartel que preside por todas partes la ciudad y que en realidad es un homenaje muy en su línea de la historia del cómic desde su creación en el siglo XIX, que ha creado una versión digitalizada de los avatares de su ratón y parece ser que le va muy bien. Este hombre, alabado por Benoît  Mouchard, director artístico del Festival, a  la categoría de artista universal, por “haber creado con una singular capacidad artística y con una significación entendida por todos con un tema tan delicado y doloroso como el genocidio judío “, ha sido, junto con Robert Crumb, que lo ganó en 1999, el único estadounidense galardonado con el Gran Premio del Festival, el Nobel del género, es una rareza en el mundo del cómic porque es de los pocos capaces de asumir el drama del dolor con un intimismo lacerante y reflejarlo en imágenes. En este sentido fue un pionero largamente recompensado, pero hay otros, como Joe Sacco, autor de Gaza 1956, que compite oficialmente por el galardón este año, y Guy Delisle, que con Crónicas en Jerusalén cuenta sus experiencias durante un año pasado en Israel, que mantienen esa línea con resultados admirables.

España, ya lo apuntamos, cuenta con una representación muy digna, veinte autores entre los que se encuentran Max, Paco Roca, Felipe Hernández Cava, Kim, Antonio Altarriba, Bartolomé Seguí, Sonia Pulido, Miguel Gallardo, Juanjo Guarnido, Santiago Valenzuela… dentro de una exposición propia que junto con Europa dibuja ofrece un panorama exhaustivo de lo que se produce en el Viejo Continente. Una exposición que viene  consagrar a un país, el nuestro, que se sabe ya una potencia en el sector auque desde un punto de vista económico la cosa deje aún mucho que desear. No es poco en un mar sin apenas puntos de apoyo como es este Festival de Angulema, donde en el transcurso de cuatro días en una apacible ciudad de unos pocos miles de habitantes se transforma en una bulliciosa urbe de casi un cuarto de millón de visitantes venidos sobre todo a partir del viernes desde París. Un guirigay donde apenas se ofrece sitio para el descanso, para digerir lo que uno ha visto y escuchado en un magro fin de semana. Luego, por suerte, quedan, por cierto tiempo, los espléndidos restos del naufragio: este año, sin ir más lejos, aparte de la gran retrospectiva dedicada a Spieldeman por ser Presidente de la Feria y que viajará próximamente al Centro Pompidou parisino, la exposición que hasta mayo dedica la Cité International de la Bande Dessinée et de l´ Image a un siglo y medio de la historia del cómic a través de unos autores escogidos por el propio Spieldelman y que viene a constituir una especie de testamento deudor del artista.

El Gran Premio del Festival ha recaído este año en Jean Claude Denis  y el Galardón al mejor álbum en Guy Delisle por Crónica de Jerusalén. Unos premios que sancionan la excelente labor de dos de los grandes autores de cómic del momento.

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