IGNACIO ECHEVARRíA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:50

Intelectuales, artistas y miembros de la Plataforma 'Solidarios con Garzón', en la tribuna desde la que algunos de ellos se dirigieron a los participantes en la manifestación de apoyo al juez celebrada el domingo. / J. C. Hidalgo (Efe)

Todas mis simpatías hacia quienes el pasado domingo se movilizaron en Madrid en apoyo al juez Garzón. Pero, la verdad, a quienes comparecen en calidad de intelectuales o de artistas, como es el caso de varios de quienes asistieron a la concentración de Madrid, habría que exigirles un pequeño esfuerzo por estar a la altura.

A la altura de esa condición, quiero decir: la de artista o intelectual. Y a la altura de los tiempos presentes, por muy negros que éstos sean.

No puede ser que, hoy como hace treinta o sesenta años, sigamos recitando una y otra vez, en toda ocasión que se presta, a Machado, a Lorca, a Alberti y a Miguel Hernández, cualquiera sea la devoción y el respeto (muy grandes, sin duda) que guardemos hacia estos poetas.

¿Es que nadie más ha escrito poesía detrás de ellos? ¿No hay en España, desde tiempos de la República, poetas a los que acudir en busca de versos de solidaridad, de aliento, de denuncia? ¿Poetas nuevos, poetas jóvenes, poetas –acaso– que se estén pronunciado sobre los concretos desmanes y las injusticias que hoy nos acosan?

¿De verdad que no hay ninguno? ¿O es que los actores españoles no leen otra cosa? ¿Estamos condenados a repetir en toda ocasión la misma coreografía? ¿No hay modo de introducir cambios en el guión, siquiera sea para hacerse oír más estentóreamente, sin dar la impresión de estar interpretando siempre el mismo repertorio, así se trate de Garzón o de cualquier otro asunto susceptible de movilizar a quienes en definitiva –y benditos sean por ello– se movilizan?

En la concentración del domingo, en Madrid, Luis García Montero leyó un poema escrito para la ocasión. “Farsa”, se titulaba, y comenzaba así:

Son malos tiempos para la justicia.

Vengan a ver la farsa,
el decorado roto, la peluca mal puesta,
palabras de cartón y pantomima.

Son malos siglos para la justicia.

No existe majestad en la casa del rey.

Nadie busque su voto

en la tribuna de los parlamentos.

Son malos años para la justicia…

Etcétera. Lo pueden leer completo aquí.

Después de los consabidos recitados de los consabidos José Sacristán, Juan Diego Botto y Aitana Sánchez Gijón, que recitaron consabidos versos de los consabidos poetas ya mencionados, es muy de agradecer la iniciativa de García Montero de insuflar un hálito de actualidad a la convocatoria. Pero, con todo el respeto, se agradecería un poco más de rigor. Y de esmero. Como Machado, Lorca, Alberti y Hernández demuestran, la política no está necesariamente reñida con la poesía, así revienten los que pretenden lo contrario. No es extraño, leyendo “Farsa”, que terminemos siempre por recurrir a los mismos de siempre.

¡Por favor!

Sí, son malos tiempos para la justicia, es verdad. Pero no por eso han de ser también malos tiempos para la lírica, por mucho que dijera Brecht.

“¿Para qué poetas en tiempos de miseria?”, preguntaba mucho antes Hölderlin en una de sus elegías.

Pues precisamente para combatirlos. A los tiempos. A la miseria.

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