Pompeya en ruinas (pero viene de antiguo)

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(Actualización de las 17:45 horas con fotos cedidas por el  Institut Valencià de Conservació i Restauració de Béns Culturals)
Miembros del equipo de Carmen Pérez realizan trabajos de restauración en uno de los departamentos de La casa de ARiadna, en Pompeya. / Institut Valencià de Conservació i Restauració de Béns Culturals

Parece que las ruinas de Pompeya, atractivo turístico de primer orden en Italia, se vienen abajo poco a poco según informaciones que van apareciendo en los medios. Es tradicional que cuando faltan noticias –ese objeto de deseo para titulares vendibles y discusiones que impliquen a los políticos- las redacciones echen mano de cosas de cultura. “Oye, los de cultura, ¿tenéis algo que merezca la pena para portada?”, grita el director, un poco molesto, desde la otra punta de la redacción.

Suele ocurrir por Navidad y en agosto, aunque, desde los años 90, los agostos han sido meses de mucha tribulación y movimiento mediático, recuerden el golpe de Yeltsin en 1993, aquel simpático borrachín que mandó en la Santa Rusia, terror de políticas y secretarias; o la primera guerra del Golfo, allá por 1990. También en agosto murió el  rey Sebastián de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, a manos de Abdelmalik, pero eso fue hace ya mucho tiempo, en1578. A lo que íbamos.

Aunque sea con un descuento del 30 por ciento en los gastos, el ministro español de cultura José Ignacio Wert, no renuncia al patrocinio de la conservación de las ruinas de Pompeya donde un par de equipos españoles trabajan junto con otros venidos de todas partes del mundo. Uno de estos equipos lo forman miembros del Instituto Valenciano de Conservación junto con arqueólogos del Ayuntamiento de Valencia y la Universidad Politécnica, cuya cabeza visible es Carmen Pérez, que lleva más de cuatro años recuperando el lustre de la casa de Ariadna o “dei Capitelli Colorati”,  una de las más grandes y hermosas de Pompeya  que, como el resto, ha sufrido un progresivo deterioro desde su exhumación a mediados del siglo XIX.

Desde 2007 han hecho termografías para detectar los focos de humedad de los muros, han instalado analizadores de partículas contaminantes, han consolidado pinturas que han ido descubriendo, han llevado a cabo un estudio fotográfico de reflectografía, ultravioleta y rasante/nocturna, han recogido datos para completar el estudio colorimétrico, han tomado muestras de mortero y, en fin, todas esas operaciones de nombres tan pintorescos como eficaces en sus resultados. Entre otros éxitos, el descubrimiento de una fábrica de perfumes del siglo II antes de Cristo, cuyos restos de ungüentos y cacharritos se parecen a los de excavaciones hechas en Valencia, lo que hace suponer que los perfumes llegaban a Hispania desde la Campania italiana. A mí es que todo esto me produce mucha envidia.

Un técnico del equipo instala chips para el control ambiental en las ruinas de Pompeya. / ICVR

En estrecha colaboración con la arquitecta Paola Rispoli, de la Soprintendenza Archeologica de Pompei, los chicos de Carmen Pérez han logrado una cubierta nueva para tres estancias donde se encuentran delicadas pinturas que hay que proteger de las inclemencias del tiempo. Premio a su incansable preocupación y entusiasmo. El ambiente que se crea en las épocas en que coinciden los equipos internacionales es –cuenta Carmen Pérez- inmejorable: expertos del Institut National du Patrimoine francés, norteamericanos que suelen acudir en julio, varios alemanes, portugueses y también ingleses. Un miembro del equipo inglés está especializado en coprolitos, lo que suele animar a cierta guasa por parte de sus colegas cuando se les presenta entusiasmado con alguna muestra de su último hallazgo.

Que sí, que los barros cocidos y pilastras de algunas columnas pompeyanos –por cierto, sepultados por el Vesubio un mes de agosto- aguantaron el tipo heroicamente hasta que los fuertes vientos de octubre de 2011 tumbaron un pilar de la casa de Loreio Tiburtinus , agravando la situación que las lluvias torrenciales de 2010 habían provocado al llevarse por delante algunos trozos de muro de la llamada Escuela de Gladiadores. La broma le costó el puesto al anterior ministro de Cultura, Sandro Bondi. Pero debemos saber que hay gente muy preparada que, ajenos a los aspavientos mediáticos, trabajan en proteger Pompeya. ¿Hay para tanta alarma?

Las ruinas se llaman así porque su destino es ser rastro para el recuerdo de lo que hubo en un tiempo que ya se ha ido. La buena arquitectura es la que deja una ruina bella, dicen que dijo un nazi muy culto cuyo nombre no recuerdo, y en ese sentido Pompeya es una ruina hermosa. Pero todo apunta a que se está cuidando. Tampoco es cuestión de cubrir todo con paredes y techos de poliuretano transparente para que las furias de la tierra no le afecten.

Otras ruinas de las que nadie habla se encuentran en peor situación: las fabulosas ruinas de Leptis Magna y Sabratha, en Libia. ¿Cómo estarán ahora que el  país entero ha sido arruinado a propósito por los intereses comerciales de los poderosos? La ruina humana es allí más urgente de reparar. Y eso tomará más tiempo aún.

 

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